La visión de la belleza

'Quieto pelo' y 'Afro-Souvenirs': dos proyectos artísticos que suscitan reflexión sobre la raza negra en Colombia serán expuestos hasta el 29 de julio en Valenzuela Klenner Galería.

Una mujer negra, manipulada, posa de tres maneras diferentes con un artefacto incrustado en su labio. En la serie de fotografías Objetos para deformar (1999) Liliana Angulo se interesa por el cuerpo como materia maleable, las técnicas del body modification, pero también por las ideas de belleza y por las representaciones de la población afrodescendiente que denotan exotismo y singularidad de raza.

La performance es la manera que escoge para reflexionar sobre los prejuicios y roles asignados a la población negra. En Negro Utópico (2001) pinta su cara reafirmando su color e identidad, ejecuta acciones domésticas y se autorretrata vestida de amarillo, del mismo estampado de la tela de mantel que comparten el fondo de la foto y los objetos. Por sus expresiones y su gestualidad pareciera que evocara distintos estereotipos.

Con Negra Menta (2000), según Angulo, “revisa el ícono de la caricatura de la Negra Nieves a partir del trabajo con una adolescente tumaqueña que trabaja como empleada doméstica en una casa de Bogotá. La obra se refiere a las niñas migrantes que llegan a las ciudades y se ven sometidas a los imaginarios de servicio doméstico que pesan sobre la población afrodescendiente”.

Alborozada, cálida, evocadora, se paraliza ante la cámara mostrando distintos momentos. En Mambo Negrita (2006) posa, junto a dos modelos, con un cuchillo, unas maracas y una sartén. La artista revisa las ideas sobre la servidumbre, la docilidad, la sensualidad y la alegría que se asocian a las mujeres negras, embrolladas entre su eficacia de servidumbre y de objeto de consumo.

El poder del pelo

La artista ha referenciado en su trabajo la afirmación de la negritud en los años sesenta, cuando la identidad se convirtió en una forma de resistencia política y los integrantes del movimiento Black Power emprendieron una ideología guiada a fomentar sus valores, a resguardar su autonomía.

Angulo, a través de la relectura de la imagen y las características físicas de los afrodescendientes, critica los imaginarios negativos sobre el cuerpo, entre otros, revisa la visión estereotipada que los medios de comunicación difundieron del pelo del Black Power. En la serie de obras que forman parte del proyecto Un negro es un negro (1997-2002), se incluye Pelucas Porteadores, una serie de pelucas de esponjilla de gran tamaño que remite a los estándares asociados al cabello que son usados para manifestar rechazo a la negritud, con lo que a manera de prejuicio o antojo se define el pelo de la gente negra como el “cabello malo”.

Pero este no es su único trabajo con esa imbricación capilar. Desde 2008, la artista, graduada de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional, empezó a trabajar en un proyecto con la pretensión de registrar la tradición oral y las prácticas asociadas al peinado y cuidado del cabello de las mujeres afrodescendientes: Quieto pelo.

Para eso realizó un registro fotográfico y audiovisual de peinados, entrevistas y relatos que recopiló entré Quibdó, Buenaventura, Medellín, San Andrés y Cuba.

Esta exposición no sólo habla del pelo. Las confesiones mujeriles expresan, a través del video, sus luchas, sus logros, sus sufrimientos, sus condiciones como ciudadanas, como habitantes de Colombia, como estrategas de la inclemente subsistencia en el país.

Recuerdos afro

En Valenzuela Klenner Galería también se podrá encontrar expuesta Afro-Souvenirs, fotografías de una colección personal de la artista que reúne objetos referentes a su relación con la comunidad y a la representación de las personas afrodescendientes.

“Cada objeto fotografiado es funcional y guarda un significado”, dice Angulo. Todos han ido a parar a sus manos y albergan sustratos de mitos, significantes raciales e ideologías. Allí nada es arbitrario.

Parte de esos recuerdos son las iconografías que representan a la comunidad afro. Reposa, por ejemplo, Barack Obama, convertido en un héroe, desde su posesión; aparece la idea gringa del superhéroe representada en varios personajes y además, como curiosidad, Angulo muestra algunas imágenes de símbolos sexuales, como la de una modelo afrocolombiana que una revista masculina llevó hasta Brasil para fotografiarla. La rareza reside en que no posó en ninguna playa. Le tomaron las fotos en una cocina.

Su recorrido artístico y el mensaje de su obra pueden hacer creer que Liliana Angulo es seguidora de la ideología del artista afronorteamericano David Hammons, quien sentía que su obligación moral como artista negro era tratar de documentar gráficamente lo que sentía socialmente. Y esa labor se aplaude.

 

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