La voz de 'La novia'

Es uno de los símbolos de la música popular latinoamericana. Será sepultado en Viña del Mar, donde vivió sus últimos años.

Cuando apenas se iniciaban los años 60, Antonio Prieto era una especie de leyenda en un mundo que sólo de vez en cuando transmitía imágenes de quienes escribían la historia. Los chilenos sabían de él por los diarios, y sobre todo, por la radio, donde comenzó a hacerse popular en el año de 1949, luego de haber ganado un concurso en La feria de los deseos de la emisora Minería. Tiempo atrás, Lucho Gatica, su amigo de siempre y su eterno rival también, había obtenido el mismo premio. La vida los unía y los enfrentaba. Pasado un tiempo, los dos, cada uno a su manera, cantarían El reloj, Reloj no marques las horas, de Roberto Cantoral, Cuando calienta el sol, y se presentarían en los Festivales de Viña del Mar mirándose de reojo.

En el 61, y por un tiempo, la balanza de los favoritismos empezó a inclinarse hacia el lado de Prieto por una canción, La novia, que sería su salvación y su condena.

Blanca y radiante va la novia
le sigue atrás un novio amante
y que al unir sus corazones
harán morir mis ilusiones.
Ante el altar está llorando
todos dirán que de alegría
dentro su alma está gritando
Ave María.


Nunca más después de aquella canción, número uno en España y en América incluso por encima de Elvis Presley y Paul Anka, Prieto volvió a los primeros lugares de las listas. Pasados unos años, él mismo diría que “en el extranjero soy artista y totalmente vigente, pero en Chile soy un heladero”. Ya para entonces, años 80, había grabado más de mil canciones, había sabido que para Julio Iglesias su voz era una de las voces más impactantes de América y España, y su nombre y su imagen habían aparecido en diversas películas al lado de Brigitte Bardot y Clint Eastwood, por ejemplo, bajo la dirección de Sergio Leone, Carlos Saura y Roger Vadim.

En Chile apenas era un gran heladero. Un hombre más del pasado que del futuro. Una reliquia que, decían, no supo amoldarse a la psicodelia, las guitarras eléctricas y los ritmos y modas de los 60 y 70. ¿No supo o no quiso?, se preguntaba de cuando en cuando Lucho Gatica, a quien las vanguardias también lo tuvieron sin cuidado. Antonio Prieto fue fiel a sí mismo. A sus raíces, a sus ancestros, a su ciudad de Iquique, donde nació el 26 de mayo de 1926, a la cadencia del Pacífico y a los boleros. A Agustín Lara, Rafael Hernández, María Greever y Ernesto Lecuona. A Gatica. A su público, que la última vez que lo vio, nueve años atrás en Viña del Mar, tarareó sus más conocidas melodías y que aún hoy, después de tantas décadas, canta sus canciones sobre viejos discos de acetato.