La voz del pueblo

Hace 12 años la monja mexicana Cecilia Sierra llegó a Sudán, donde fundó la emisora Radio Bakhita, una de las más escuchadas y clave en el éxito del referendo separatista.

Son las 6 de la mañana y como de costumbre el reloj despertador suena con precisión. “Al que madruga Dios lo ayuda”, piensa la hermana Cecilia mientras la luz del alba empieza a aclarar su habitación. Cocina, reza, desayuna y a la calle. Diez minutos la separan de Radio Bakhita, la emisora que dirige.

Una leve llovizna cae sobre Juba (Sudán del Sur), pero a pesar del mal clima se respira un ambiente festivo. No es para menos, hoy la ciudad se despertó del coma inducido en el que estaba desde hacía cincuenta años. Juba amaneció siendo la capital del recién constituido Sudán del Sur.

Mientras camina, la hermana Cecilia observa lo que dejó la celebración de la víspera. Unos pocos borrachos con botellas en mano de la popular cerveza White Bull (‘Toro Blanco’) deambulan por las calles y en todos los rincones de la ciudad hay basura acumulada. Sin embargo, hay algo diferente en el paisaje, jardines espléndidos que comienzan a florecer. Juba está verde por primera vez desde que ella llegó hace 12 años. “Eso es señal de que algo está cambiando. En tiempo de guerra sólo se ve destrucción. Cuando un pueblo empieza a plantar flores es que comienza a ver la paz cercana. Hay esperanza en un mejor mañana”, reflexiona.

A pesar de que el constante conflicto étnico entre el norte árabe y el sur católico empezó 44 años antes de su llegada al país, el 5 de julio de 1999, la hermana Cecilia Sierra Salcido siente en carne propia lo que tuvo que padecer la población. Es mexicana, desde hace 20 años misionera comboniana (comunidad católica africana) y periodista de la Universidad de La Salle en Filadelfia (EE.UU.). Llegó a Sudán a petición de su comunidad, luego de estudiar árabe durante dos años en Egipto. Trabajó haciendo talleres de periodismo con una pequeña comunidad de la frontera con Uganda; luego en Jartum, capital de Sudán, donde fue nombrada directora de la oficina diocesana de comunicaciones y, finalmente, desde hace cinco años, en Juba. La hermana Cecilia notó que más allá de las secuelas de la guerra, los sudaneses temían hablar ante una posible retaliación del régimen musulmán.

“Yo siempre he pensado que si Dios estuviera vivo, hubiera sido periodista porque es la manera más eficaz de tocar a la gente. Por eso cuando llegué aquí me sorprendí de que el pueblo no tuviera voz. Si alguien hablaba, inmediatamente era detenido o desaparecido. Cualquier expresión religiosa diferente a la del gobierno del norte era negada”, recuerda la hermana Cecilia en diálogo con El Espectador desde Sudán del Sur.

Ese estado de opresión fue el que la impulsó a crear Radio Bakhita, la primera radio católica del país y una de las más influyentes de la región. El nombre se lo debe a la única santa que ha dado Sudán: Josefina Bakhita, una esclava negra originaria de Darfur que después de ser vendida varias veces fue llevada a Italia, donde se convirtió al cristianismo y luego en religiosa.

Pero posicionar la emisora no ha sido fácil debido a las extremas condiciones en las que subsiste el país africano. Más allá del calor, las privaciones, las enfermedades endémicas y la inseguridad, tuvo que salir adelante en medio del aislamiento, típico de los Estados en guerra. Cuando fundó Radio Bakhita, en 2006, era imposible conseguir un tornillo. Todos los materiales para la construcción de la casa desde donde transmite debían ser pedidos a cualquier país limítrofe. La comida y el agua eran traídas de Uganda, los hospitales no contaban con el personal idóneo ni con los insumos necesarios.

Sin embargo, lo más difícil fue cambiar la forma de pensar de millones de ciudadanos, que debido al duro conflicto interno, que dejó dos millones de muertos y cuatro millones de desplazados, han desarrollado todo tipo de traumas. “Uno habla con cualquier persona y cuenta historias terroríficas, que hacen pensar cómo es que no son esquizofrénicos o están completamente fuera de sí. Las situaciones que han padecido son tremendas. Todo esto ha influido en la poca responsabilidad que adoptan, es muy difícil que se comprometan con algo”, señala.

Las constantes zancadillas por parte del gobierno del presidente de Sudán, Omar Hasan Ahmad al Bashir —quien tiene a sus espaldas una orden de detención de la Corte Penal Internacional que lo acusa de crímenes de guerra y de lesa humanidad en la región de Darfur, donde desde 2003 hay un conflicto étnico entre negros y árabes—, han sido otro obstáculo. La última vez que el gobierno consideró que la hermana Cecilia había traspasado la línea fue hace un par de meses, cuando Radio Bakhita informó sobre la demolición de una zona residencial pobre de Juba, donde vivía uno de sus vigilantes. Una vez más las autoridades amenazaron con el cierre.

El secreto para el crecimiento que ha tenido la radio consiste en haber empezado a realizar talleres de capacitación. En la actualidad transmiten en siete lenguas diferentes (inglés, árabe y español entre ellas) con la intención de informar y educar a una población que en su mayoría es analfabeta. “La guerra acabó con la televisión y las carreteras, el único medio que existe es la radio y transmitir en idiomas locales es lo que nos ha permitido llegar primero al referendo separatista, en enero, y ahora la independencia”, sostiene sor Cecilia.

En agosto del año pasado la radio impulsó la campaña “101 días de oración por la paz”, que buscó concientizar a la población de la importancia de votar el referendo separatista de enero de este año. Católicos, musulmanes, hombres y mujeres se movilizaron y el 98,83% votó por la separación. Un resultado histórico, impensado. “Muchísimos periodistas vinieron con sus cámaras para ver muertos porque decían que Sudán no podía llevar a cabo el referendo sin sangre. Hasta Hillary Clinton pensó que seríamos incapaces de culminar un proceso democrático. Todos se llevaron una sorpresa. Incluso a Al Bashir no le quedó otra cosa más que aceptar la decisión”.

Sin embargo, es consciente de que si bien la separación le da al pueblo la posibilidad de tener en sus manos su propio futuro, los problemas no se acaban con la constitución del nuevo Estado. La mayoría de la gente vive con menos de un dólar y la esperanza de un recién nacido no sobrepasa los cinco años. “Hace falta un compromiso político”, reconoce la religiosa, y desde ya denuncia el primer problema que se avecina: “Los nuevos líderes están haciendo una Constitución a la medida del presidente Salva Kiir. Eso es grave. Más allá de que hasta el momento haya demostrado ser una persona transparente, la historia africana nos ha demostrado que la mayoría de los gobiernos que han nacido como liberales con el paso del tiempo se convierten en regímenes más totalitarios”.