Las cenizas de Otraparte

En estos días Medellín recuerda el nacimiento de Fernando González Ochoa un 28 de abril, la muerte de su hijo Fernando, ocurrida el 10 de abril de 2001, y la creación de la Fundación Otraparte.

Hay dos razones por las cuales recordar el 10 de abril. La primera —que sirve de homenaje— es por la muerte de Fernando González Restrepo, hijo del Brujo de Otraparte: Fernando González Ochoa. La segunda, porque esta fecha se escogió para fundar la Corporación Fernando González-Otraparte.

La idea de crear una entidad que preservara el legado del Filósofo de Otraparte —como también se le conocía—, vino luego de un viaje a Chile, donde se preocupaban por mantener viva la memoria de Gabriela Mistral. El entusiasmo por replicar la iniciativa se vio desvanecida por una enfermedad que aquejó a Fernando hijo y lo llevó a la muerte en 2001.

“Sabemos que vino una tristeza grande al espíritu en aquel instante, pero nada de los matices sutiles, del nacer y crecer lento de esa tristeza” había escrito el Brujo de Otraparte. Como respuesta a esa tristeza, un año más tarde, justo en la misma fecha, Simón González Restrepo, su hermano, junto con 57 miembros fundadores, creaban un lugar para preservar y difundir la vida y obra de su padre.

Fernando hijo fue uno de los abanderados en cuidar de la obra de su padre: recogía fotografías, guardaba cuanto recorte había, buscaba objetos que hablaran o le recordaran la historia familiar, cuadernos, hojas sueltas, libros: “Mis libros sí tienen una finalidad: el que se impregne de ellos dirá al final: ¡qué más da!”. Todo lo conservaba. González Restrepo nació en 1930 y al igual que su padre, en la ciudad de Envigado. Estudió en España, donde se graduó como abogado.

En los años sesenta ocupó el cargo de director para Antioquia del Icetex. Fue un acompañante en los momentos difíciles de su padre, quien decía en El payaso interior: “Ha llegado para mí la necesidad imprescindible de salir a recorrer tierras nuevas. En esta ciudad ya comencé a cosechar amarguras y es necesario olvidarlas”.

Se le recuerda como un gran conversador, franco, penetrante, un viejo que desde joven cultivaba la soledad, como su padre. “No pienso yo que González se haga el viejo o finja haber envejecido, ni tampoco que esto último le haya pasado en realidad: lo que me parece es que muy sinceramente se cree él llegado a interior vejez prematura a causa de amargores que el ejercicio demasiado temprano de ciertas facultades del espíritu le ha puesto más que en el corazón, en el cerebro”, escribió Fidel Cano en el prólogo de Pensamientos de un viejo.

Un homenaje a las muertes, a las tumbas, a las intranquilas palabras de estos pensadores, cenizas que levantaron instituciones. En sus últimos años Fernando González Restrepo escribiría —como el profeta de su padre—: “¿Hasta dónde el final embota y entorpece? ¿Quién es uno al final? Caduco y maloliente se le ofrece a la bella muerte, y ella lo repele, pues lo quiere listo para ella y parece no conceder términos medios. Uno se ofrece, pero ella repele y atormenta (lo madura a uno a su modo, para su bello gusto). Mosca en la red de la telaraña, ella nos elabora y teje. Estaremos listos cuando ella decida y... ¡nos dé el visto bueno!”.

Todo abril es una primavera de recuerdos en Otraparte, allí, además de las fechas mencionadas, se celebrará el nacimiento de Fernando González Ochoa el próximo 24 de abril. Esta es la vía para honrar el presente y, como lo dice en don Mirócletes, “acuérdate que el placer pasado es doloso, y que todo es pasado, o va a pasar ya, ya. Todo pasa, todo pasa…”.

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