Las damas de la droga

En los últimos tres años, la participación de mujeres en las operaciones del narcotráfico en México ha aumentado en 400%. Aunque sus cargos pasan por roles operativos, las "jefas" comienzan a aparecer.

A Nadia Teresa de Jesús, Perla y María del Carmen Cervantes, tres falsificadoras que trabajaban para los carteles de la droga en México, no les tembló la mano ni la voz para contar cómo le cobraron a su socio, Sergio Espinoza Flores, alias Tantán, su traición. El hombre, un macho mexicano de esos que creen que las mujeres sólo sirven para la cama y la cocina, cobró un cheque de US$7.000 de uno de sus clientes y les ocultó el dinero. Pensó que ellas nunca notarían la pérdida de la plata y si lo descubrían, lo perdonarían. Después de todo, eran mujeres.

Algunas partes del cuerpo de Tantán fueron descubiertas por las autoridades en el basurero de Tijuana. Lo habían asesinado tres mujeres que después contarían con lujo de detalles a los investigadores cómo lo mutilaron con una sierra eléctrica. “Empezamos por la cabeza, que guardamos para hacerle rezos a la Santa Muerte, y seguimos con varias partes de su cuerpo que tiramos en el basurero municipal. Era una basura”.

Esta declaración no sorprendió a las autoridades, que han visto cómo desde los años 70, cuando surgió el narcotráfico en el triángulo de Durango, Sinaloa y Chihuahua, al norte del país, las mujeres aumentaron su participación en el negocio. Y, dicen, son más violentas que los hombres. Sólo en Tijuana los números indican que por cada cuatro hombres que cometen un delito, también participan tres mujeres. Antes, la relación era de 4 a 1. Inicialmente comenzaron trabajando como “mulas”, intentando ingresar cantidades menores de droga a Estados Unidos; luego incursionaron en el campo del narcomenudeo y hoy se disputan el liderazgo de varias organizaciones criminales. La mayoría llega al narcotráfico luego de la muerte o el encarcelamiento de los grandes capos, sicarios o vendedores, pues terminan sustituyendo a sus parejas en el negocio.

Para Arturo Santamaría, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, este fenómeno es coherente con las dinámicas mundiales del empoderamiento femenino: “Todo esto tiene que ver con que la mujer ha pasado de ser un ente pasivo, tradicional, acompañante, a ser un agente activo de la sociedad”.

De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de las Mujeres, publicado a mediados de 2010, en los últimos tres años el número de mujeres detenidas por participar en actividades ligadas al tráfico de drogas aumentó en 400%. El número de víctimas también ha crecido: de las 40.000 que ha dejado la guerra desde 2006, el 30% son mujeres, según el diario Reforma.

Hasta ahora, los nombres que más se destacan en el narco mexicano son los de Enedina Arellano Félix, actual jefa del cartel de Tijuana; Sandra Ávila, alias La Reina del Pacífico, y Blanca Margarita Cázares, alias La Emperatriz, lavadoras de dinero del cartel de Sinaloa, y María Antonieta Rodríguez Mata, alias La Tony, principal operadora del cartel del Golfo. Todas provenientes de diferentes estados del norte. Santamaría lo explica muy bien: “La mujer de esa zona del país es menos tradicional, más independiente y decidida que la del sur”.

Basta recordar a ‘Las Adelitas’, esas mujeres soldados que participaron en la Revolución Mexicana como activas enfermeras y cocineras. ‘Las Adelitas’ de hoy se salieron de la cocina y hoy son las protagonistas de una guerra que desangra a México.

Colombianas en la mafia internacional


En los archivos judiciales mexicanos aparecen varios nombres de mujeres paisas y caleñas que han terminado enredadas en las redes de capos mexicanos. Juliana Sosa Toro, una modelo colombiana, resultó ser la pareja sentimental de José Jorge Balderas Garza, alias El JJ, acusado de atentar contra el futbolista paraguayo Salvador Cabañas en enero de 2010.

El nombre de Angie Sanclemente, exreina del Café y modelo, también saltó a la fama internacional cuando fue detenida en Argentina acusada de reclutar a jóvenes “bonitas y discretas”, dispuestas a viajar con varios kilos de cocaína en su equipaje a España, vía Cancún, México. Ofrecía US$5.000.

A la modelo también se le abrió una investigación por formar parte de una banda de traficantes de cocaína, razón por la que además se le dictó un embargo de 3,2 millones de dólares sobre sus bienes.

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