'Las gallinas' al borde del potrero

El histórico equipo millonario se juega, en el Monumental, su permanencia en la primera división del fútbol argentino.

Parece una historia surrealista, de ciencia ficción, pero es la más cruda realidad. River Plate, el club más ganador del fútbol argentino, un coloso del continente, está al borde del descenso a la Primera B Nacional, la Segunda División de este país. Este domingo, a la una de la tarde  (3:00 p.m. en Argentina), se jugará toda una vida de éxitos ante Belgrano, que le ganó 2 a 0 en el partido de ida, disputado el miércoles en Córdoba, a 703 kilómetros de Núñez, escenario del duelo más trascendental de sus 110 años de existencia. Para no perder la categoría, tendrá que vencer a su rival por igual o mayor resultado, ya que los millonarios cuentan con ventaja deportiva.

Pero ¿cómo es posible que ese equipo en el que dejaron su huella Mario Yepes, Juan Pablo Ángel y Radamel Falcao García, entre otros ilustres colombianos, haya pasado de la gloria a la peor de las crisis futbolísticas? ¿Cómo puede ser que una institución que capturó 33 títulos nacionales esté a un paso del abismo? Hay un presente deportivo como argumento. River cosechó uno de los peores promedios de puntos en las últimas tres temporadas. Y aunque terminó en la sexta ubicación en la tabla general, no pudo evitar jugar la promoción, el repechaje reglamentario para revalidar su permanencia en la A. Con 15 goles en 20 partidos, la más negra racha de eficacia en toda su historia, y ocho encuentros sin ganar, necesita pegar dos gritos en el mismo partido cuando apenas lo hizo dos veces en el campeonato, contra el descendido Huracán y el colero Newell’s Old Boys.

El técnico Juan José López, exjugador del club en sus tiempos felices, saltó de las inferiores cuando el presidente Daniel Passarella, también futbolista y entrenador en buenas épocas, lo confirmó en el cargo el año pasado. Y a pesar de un comienzo prometedor, se fue descascarando hasta derrumbarse en el desenlace del torneo. Hasta Juan Pablo Carrizo, arquero de la selección Argentina, tuvo fallas garrafales. Con la bandera de Matías Almeyda, un mediocampista de 37 años que volvió al fútbol después de un retiro de cuatro años, y algunos jóvenes talentosos, tal cual es el caso de Erik Lamela, un exquisito enganche que Barcelona quiso llevarse cuando era un niño de 12 años, el equipo millonario ha afrontado muchos problemas para afirmar una identidad acorde al linaje de un club que siempre se destacó por tener buenos equipos, sostenidos en el brillo individual y colectivo de sus futbolistas, que también nutrieron al seleccionado celeste y blanco: Alfredo Di Stéfano,  Amadeo Carrizo, Norberto Alonso, el uruguayo Enzo Francescoli y una lista extensa, como para escribir una enciclopedia.

Claro que esta debacle deportiva viene acompañada de la mano de una conducción gerencial nefasta, atribulada y sospechosa por sus manejos poco claros y sus decisiones erróneas a la hora de elegir jugadores y entrenadores. José María Aguilar, un abogado que fue presidente de River desde 2001 a 2009, es señalado como el principal responsable de vaciar al club. De hecho, al final de su gestión, el pasivo rondaba los 140 millones de pesos argentinos (unos 33 millones de dólares). En la madrugada del jueves, después de la derrota de River en Córdoba, un grupo de hinchas atentó contra su domicilio. No hubo heridos. Hay un grupo de Facebook, “Odio a Aguilar”, que ya tiene casi 10 mil seguidores. Y las amenazas en los foros de internet de las páginas partidarias son tan contundentes que el exmandamás tendría pensado irse del país, al menos hasta que se disuelva la bronca de la gente. Difícil si el equipo desciende.

Passarella tomó el mando caliente en unas elecciones polémicas que pusieron al excapitán de River y la selección Argentina, campeón del mundo en el Mundial del 78, al frente de una institución devastada. ‘El Káiser’ intentó bajar los números rojos y recurrió a una frase para justificar su postura en desmedro de un equipo que, a la vista de cualquier entendido, necesitaba refuerzos. “Hay que ganar el campeonato económico”, dijo el exzaguero central. Despidió a Leonardo Astrada, ahora técnico de Cerro Porteño, a Angel Cappa, a quien rescató por su ideología del juego, coincidente con la historia de River, y se inclinó por Jota Jota. Sin embargo, no gastó un peso en incorporaciones. Sólo llegó Fabián Bordagaray, delantero de San Lorenzo, que jugó más partidos en la Reserva que minutos en la Primera. Y el entrenador, cómplice por omisión, dijo ser un “soldado” de su presidente. “Con lo que tengo, yo me las voy a arreglar”, aseguró durante la pretemporada, desarrollada en Mar del Plata. Le faltó, sin dudas, ojo de buen cubero.

Los malos resultados trajeron una marea de cuestionamientos que inundó de preocupación el estadio Monumental y sus adyacencias. Y el partido de esta tarde se ha transformado en una “cuestión de Estado”. A tal punto que hubo que pedirle permiso a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, para que la revancha con Belgrano pudiera jugarse con público. Un despropósito si se tiene en cuenta que San Lorenzo–Vélez Sársfield y los partidos de Huracán y Vélez Sarsfield tuvieron que disputarse a puertas cerradas, sin hinchas en las tribunas, por los incidentes que los seguidores del Ciclón y el Globo generaron en otros encuentros. River, en cambio, podrá albergar a su gente en las tribunas a pesar de que el miércoles, en Córdoba, seis barrabravas irrumpieron en el campo de juego tras romper el alambrado para increpar a sus jugadores. Un apriete que no pareció casual y que fue ordenado desde las entrañas de una hinchada que tuvo y tiene relación con la dirigencia.

Los Borrachos del Tablón tienen una historia pesada que, por citar un caso, está manchada con sangre. En el mismo instante en el que River se juega su permanencia en Primera División, en los tribunales se define la situación de siete barras acusados de asesinar a Gonzalo Acro, integrante de una facción disidente. Y mientras sus caudillos están en el banquillo de los acusados, los actuales jerarcas gozan de una protección que sólo así explica por qué no hubo detenidos en Córdoba a pesar de haber sido grabados. Fuerza de choque de políticos y aliados de las fuerzas de seguridad, parecen y se muestran inimputables ante todo.

“Veo los rostros de los hinchas como uno: llorando, desesperadas, y me duele. Hace dos meses vengo vaticinando este momento. Todavía no estamos muertos. Para ganar o revertir el resultado está la gente”, asegura ‘el Beto’ Alonso, campeón de las Copas Libertadores e Intercontinental en 1986. “Les pido encarecidamente a los muchachos que pongan todo lo que tienen para salir de este momento. La familia riverplatense está angustiada”, dice Amadeo Carrizo, legendario cancerbero, el jugador con mayor presencia en el arco millonario.

Nadie habla en la Argentina de la Copa América, que empieza el viernes. El morbo se apoderó de River. A excepción de los hinchas millonarios, todos quieren ver su cadáver. Y muchos le apuntan a Julio Grondona como principal responsable. Aseguran que es una venganza producto del cruce que tuvo hace dos meses en la Asociación del Fútbol Argentino con Passarella. El presidente rojiblanco le pidió la renuncia a su par de la AFA después del superclásico, furioso por el polémico arbitraje de Patricio Loustau. Desde el jueves, Passarella se encuentra concentrado con el plantel en Don Torcuato, lejos de ese Monumental que será una explosión de tensión.

Lo cierto es que, independientemente de aquel duelo con Boca, River está en crisis por el flojísimo desempeño de su equipo, ése que lo condujo a una situación impensada y que llena de dolor a esos hinchas que agotaron las entradas en un puñado de minutos. ¿Podrán dar vuelta a esta historia que viene torcida justo en el 15º aniversario de la obtención de la última Copa Libertadores, ante América de Cali, la noche de los goles de Hernán Crespo? Por las dudas, los organismos de seguridad dispusieron 2.200 agentes de la Policía Federal y Gendarmería que no sólo custodiarán el estadio; también, los alrededores de la ciudad. Una urbe, a fin de cuentas, revolucionada por lo que pueda pasar con el futuro de River que, se vaya a la B o se quede en Primera, asoma tan oscuro como este presente.

"Espero que le puedan dar vuelta"

Mientras se prepara para la Copa América, Radamel Falcao García sigue de cerca lo que ocurre con River Plate en su serie ante Belgrano. El delantero samario estuvo en el club millonario entre 2001 y 2009, por lo que se considera “una gallina más”.

“No es lógico que un equipo con semejante historia e hinchada esté en esta situación. Siempre lo sigo y estoy pendiente de sus resultados. Espero que los muchachos le puedan dar vuelta al duelo y mantengan la categoría el domingo”, le digo el artillero del Porto portugués a los medios de comunicación ayer, después del partido ante Senegal, en Medellín, el último antes de viajar este domingo a Argentina, en donde se enfrentará a Costa Rica el 2 de julio.

Otros grandes que han descendido

Juventus y Milan

A mediados de 2006 el club de Turín perdió la categoría como castigo por su vinculación al escándalo de corrupción y arreglo de partidos en las temporadas previas. Eso mismo le pasó al Milan en 1980. Ambos regresaron rápido a la A.

Racing, en 1983

Después de haber sido campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental en los años 60, el Racing de Avellaneda perdió la categoría y de la peor manera: cayó 2-0 ante su archirrival Independiente, que se coronó campeón.

Corinthians

“Una nación está de luto”, publicaron los diarios de São Paulo en diciembre de 2007, cuando el club más popular de esa ciudad descendió, justo dos años después de haber sido campeón. Al año siguiente, hasta el presidente Lula celebró su retorno.

Atlético de Madrid

El club colchonero descendió a la B después de 66 años en primera división. Fue el 7 de mayo de 2000, cuando empató 2-2 con el Oviedo. En ese torneo quedó 19 entre 20 equipos. A mediados de 2002 regresó a la A.

Palmeiras

A finales de mayo el Mónaco, siete veces campeón de Francia, perdió la categoría y jugará desde septiembre en la Liga 2. El club del principado llevaba 35 años en primera y en 2004 jugó la final de la Champions League ante el Porto de Mourinho.