Las guerras de Sarkozy

La presencia del ejército francés en dos frentes de guerra resucita el espíritu napoleónico del actual gobierno.

Sacudido aún por los escándalos que protagonizó la diplomacia francesa durante las revueltas de Túnez y Egipto, el presidente Nicolás Sarkozy se lanzó en cosa de un mes a la guerra. Muy pronto olvidó sus palabras del 14 de julio de 2010 ante los mandatarios de varias excolonias francesas, invitadas al desfile de las tropas de Francia en los Campos Elíseos; “Ni un solo soldado francés disparando contra un africano”, sentenció entonces.

Apenas ocho meses después, las tropas francesas se ubican como las más comprometidas con la operación militar contra el régimen libio de Muamar Gadafi y en Costa de Marfil, en donde fueron la punta de lanza de una intervención que esta semana hizo caer al saliente mandatario Laurent Gbagbo en beneficio del presidente electo el 10 de noviembre de 2010, Alassan Ouattara. En los dos casos, el gobierno francés presionó por conseguir el aval del Consejo de Seguridad de la ONU a una salida militar.

“Se trata de un cálculo político evidente”, opina el experto francés en geopolítica Gérard Chaliand. “Cálculos en términos de gasto bélico, el presupuesto de 2011 para operaciones militares en el exterior se evalúa en millones de euros. Algunos datos de la aeronáutica francesa: la hora de vuelo de cada avión mirage que despega de Córcega vale un promedio de 12.000 euros, cifra que debe multiplicarse por los cientos de horas de vuelo desde que comenzaron las operaciones contra Libia y Costa de Marfil. Cada bomba de las seis que transportan los aviones rafal vale 350.000 euros”, explica.

No faltan las razones de tipo íntimo en “las guerras de Sarkozy” (“Sarkozy’s War”), como la Casa Blanca llama a las operaciones militares francesas en suelo libio. Sarkozy asumió el ataque a Gadafi como un combate de hombre a hombre, escribe el periodista alemán Thorsten Knuf, quien recuerda que hace unos meses el mandatario francés quería venderle armas nucleares a Trípoli.

“Si Sarkozy no se hubiera sentido traicionado por su amigo libio, que le había prometido importantes contratos, no se hubiera abanderado de esta causa”, asegura el especialista en África Antoine Glaser. La actitud guerrerista del gobierno francés se acentuó después de que el hijo del líder libio, Saif El Islam, tratara a Sarkozy de payaso y le exigiera la devolución del dinero con el que Libia había financiado su campaña electoral en Francia. 

Costa de Marfil

La intervención en Costa de Marfil tiene otros intereses. Para el diario inglés The Independent, la posición de Francia es un gesto de neocolonialismo decidido antes de la resolución de la ONU con la intención de que la comunidad internacional respaldara a Alassane Ouattara. “Se trata de una reconquista colonial, las tropas Unicornio (Lucarne, en francés) ocuparon la ciudad y el puerto de Abiyan, cercaron los barrios y atacaron la sede presidencial como si el país fuera  un departamento francés. Con esto Francia se convierte de nuevo en el gendarme de África”, declaró Tiussain Alain, portavoz de Laurent Gbagbo.

Francia tomó abierto partido por su rival Ouattara, “amigo de larga data” de Nicolás Sarkozy, como el mismo presidente marfileño ha dicho. La historia de esta amistad comienza en 1990, cuando Ouattara privatizó los servicios de agua y la electricidad de su país y otorgó la concesión a Martin Bouygues, hombre de negocios francés y amigo íntimo de Sarkozy. Según varios medios senegaleses y franceses, los pro Ouattara se habrían beneficiado del apoyo militar directo de Nigeria, Burkina Faso y, de Francia, que les enviaron armas.

La estabilidad de Costa de Marfil con un gobierno “amigo” a la cabeza es una jugada estratégica de Francia, opina el director del Grupo de Asuntos Africanos en la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Álvarez Cobelas. “Costa de Marfil, país decisivo en el Golfo de Guinea, exporta el 40% de semillas de cacao del planeta. Con la nueva situación política los intereses de la industria del cacao franceses se verán muy favorecidos. El 25% del crudo que consume Europa viene de esta región y en Costa de Marfil, específicamente, la petrolera francesa Total tiene presencia”, advierte Álvarez, para quien lo más inteligente que hizo Francia fue intervenir amparada por la ONU.

La prensa extranjera aduce que a las intervenciones militares de Francia subyacen los intereses electorales de Nicolás Sarkozy de cara a las presidenciales de 2012 y teniendo en cuenta que la reputación de su diplomacia en el ámbito interno estaba de capa caída. Es cierto que las acciones militares no han tenido un papel importante en el electorado francés, como lo advierte Frédéric Encel, maestro de conferencias en Sciences-Po Paris, “pero no hay que descuidar las cifras de una encuesta realizada por Ipsos entre el 5 y el 7 de abril, según las cuales el 63% de encuestados está a favor de las intervenciones de Francia en el exterior”.

La OTAN bombardea Trípoli

Luego de que  una lluvia de misiles de la OTAN cayera sobre Trípoli, el coronel Muamar Gadafi apareció paseando a bordo de un vehículo todoterreno descapotado por las calles de la ciudad, según imágenes de televisión. El líder libio saludó a los ciudadanos e insistió en que no se irá del país a pesar de los ataques. Horas antes, la Organización del Tratado Atlántico Norte les pidió a sus miembros enviar más aviones para proteger a la población civil y dotarla de recursos, al tiempo que rechazó la petición de Francia y Reino Unido para aumentar su participación militar. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, insistió en que es necesaria la salida de Gadafi para la paz del país.