Las razones del Magdalena

Mientras su nivel del desbordamiento es de 9, 25 m, en Calamar las aguas ya rozan los 8,55 m. Debido a las fuertes lluvias en la región Andina, el río está creciendo 7 cm diarios en su parte baja.

Las venas de nuestro país siguen abiertas. Desde abril del 2010, empezaron las lluvias desmesuradas y sin precedentes que terminaron con el rompimiento del Canal del Dique en el Atlántico. Aún hoy, el sur de este departamento intenta reponerse de las inundaciones del año pasado, que superaron a la tan mencionada inundación de 1984. A los habitantes de su capital, Barranquilla, el fenómeno de La Niña les ha enseñado que ese río, siempre silencioso y generoso, sabe hablar. Y habla cuando tiene que explicar los errores del pasado. El Instituto de Estudios Hidráulicos y Ambientales, IDEHA, liderado por el ingeniero Manuel Alvarado desde la Universidad del Norte, ha enfocado sus esfuerzos en dar a conocer estas razones, que son más difíciles de entender para los citadinos, quienes aun teniendo el río a unos pasos no hablan su mismo idioma.

El  sur del Atlántico se encuentra en medio de una zona cenagosa. Esas ciénagas fueron secadas artificialmente entre 1968-1970 para crear un distrito de riego y drenaje que hoy sigue vigente, pero como lo explica   Alvarado, están siendo usadas sólo para el pancoger, y teniendo en cuenta que es la ganadería su principal explotación, se pregunta el ingeniero si tiene sentido un distrito de riego. A raíz de la falsa seguridad que brindaban los diques, la mitad del pueblo de Manatí fue construido sobre una ciénaga: la Ciénaga de los Manatíes. “Es que esa zona es así”, explica Alvarado juntando las manos como formando una cuenca. La propuesta que quieren valorar con la gente, el gobierno local y departamental es extender esa mitad del pueblo para el lado de arriba, donde no volverían a inundarse.

Otro antecedente es la mala ubicación de los diques de protección contra las inundaciones en todo el país, por lo que, en vez de proteger, se aumenta el riesgo de inundación. Por derecha, tenemos otra enseñanza: los ríos son seres vivos y tenemos que dejarlos respirar. Necesitan espacio.

También hay errores que señalar en cuanto al Canal del Dique. Se encontraron tubos y mangueras en el cuerpo del dique, que los habitantes mismos conectaron de forma ilegal y que ahora aumentan el riesgo de inundación. Entonces es alto el riesgo de que exista otra inundación sobre la que ya tuvimos. Hay dos factores que lo determinan: por un lado, la amenaza, que tiene que ver con los niveles del río y, por el otro, la vulnerabilidad, relacionada con el estado de los diques. El resultado es una medida de riesgo alta.

Mientras que en Santa Lucía, por dar un ejemplo, afectada por el Canal del Dique, sus líderes insisten en que la solución es el dragado, el IDEHA cree que los dragados sólo son pertinentes en situaciones específicas, ya que no funcionan como medidas para evitar las inundaciones. Oscar Riquet, quien trabajó en un sector del Canal de Dique, cree que con los dragados se ganaría profundidad y no se desbordarían las aguas. Por otro lado, Alvarado explica que en el caso del río Bogotá tiene sentido limpiar el río para evacuar basuras y escombros que interrumpen el flujo, pero no tendría sentido el dragado de ampliación y profundización del cauce, porque podría causar problemas ambientales.

El Magdalena tiene hoy un nivel de 8,55 m en Calamar, cerca del municipio de Suan, que entre otras cosas es uno de los que más riesgo corre ahora, aun cuando fue el único que resistió  la inundación del 2010. El nivel de desbordamiento es de 9,25 m y el temor de los pobladores es que la tendencia del nivel de la creciente en días pasados era de 7 cm diarios. Sin embargo, los investigadores esperan que desde junio el nivel del agua se estabilice y que el fenómeno de La Niña cambie por el del Niño, en el cual las lluvias bajan su intensidad. En ese caso, las aguas permanecerían arriba por unos meses y empezarían a bajar gradualmente, pero aún permaneciendo medio altas.

La propuesta de los ingenieros es plantear soluciones de fondo que eviten cualquier riesgo de inundaciones futuras: un plan regional y nacional que tenga en cuenta el desarrollo territorial y el análisis del riesgo de inundación de la mano, insisten, del Estado y la población. Además, el ingeniero explica que debido al riesgo y amenazas que tiene Barranquilla por el mar (huracanes, tsunamis),  debe pensarse en una posible evacuación de la ciudad y en ese caso deben construirse carreteras amplias hacia el sur, pero lejos del río. Un proyecto macro que necesita usar los términos y hablar en el idioma del río y del mar.