Las sospechas sobre Pakistán

El gobierno paquistaní dijo que no participó en la operación militar contra Bin Laden.

El asesinato de Osama bin Laden luego de una operación militar de Estados Unidos en Pakistán, casi a la vista de una ciudad de tamaño medio que alberga numerosas fuerzas pakistaníes, traerá tensiones entre ambos países y plantea importantes interrogantes sobre si los efectivos de la agencia de espionaje local conocían el paradero del líder de Al Qaeda. La presencia de Bin Laden en el país asiático, algo que los oficiales pakistaníes negaron durante años, apunta directo al corazón de la falta de confianza que Washington ha sentido en los últimos diez años con su aliado, el Ejército de Pakistán y su poderoso socio de espionaje, la Dirección de Inteligencia Inter-Services (ISI).

Con la muerte de Bin Laden, la razón fundamental de una alianza forjada en las cenizas de los atentados del 9/11 ha sido eliminada en un momento en que las relaciones entre los dos países se encuentran en uno de los puntos más bajos, debido a que sus intereses estratégicos divergen sobre la idea de un Afganistán posguerra.

Por casi una década, Estados Unidos le ha pagado a Pakistán más de US$1 millón cada año por sus operaciones de lucha antiterrorista, cuyo principal objetivo era la captura del líder yihadista, que se escabulló desde Afganistán al país vecino después de la invasión estadounidense. Las circunstancias de la muerte de Bin Laden no sólo pondrán en peligro esa ayuda, también profundizarán las sospechas de que Pakistán estaba jugando a dos bandas e incluso habría albergado conscientemente al líder de Al Qaeda.

Bin Laden no fue asesinado en las remotas y relativamente sin ley regiones tribales, donde Estados Unidos estaba llevando a cabo una campaña impulsado por la presunción de que era allí donde se refugiaba y donde además el acceso del gobierno pakistaní es limitado. Por el contrario, fue asesinado en la ciudad de Abbottabad, de aproximadamente 500.000 habitantes, en un amplio y seguro recinto que, según un residente de la zona, está ubicado virtualmente al lado de una de las academias militares más importantes del país.

La ciudad alberga un sinnúmero de fuerzas pakistaníes, tres regimientos y una unidad del Cuerpo Médico del Ejército. De acuerdo con algunos reportes, la guarida y sus elaborados muros junto a su puerta de seguridad habrían sido construidos específicamente para el líder de Al Qaeda en 2005, una misión oscura realizada en una parte de la ciudad que los propios residentes describen como de alta seguridad. Umar Patek, un miembro operativo de Al Qaeda implicado en los ataques de Bali en 2002, fue capturado en una casa de Abbottabad, en febrero pasado, donde era protegido por un mensajero de la organización que trabajaba en la oficina de correo de la ciudad.

Es demasiado temprano para asegurar que la presencia de Bin Laden en Abbottabad refleja una complicidad o incompetencia de las autoridades locales. La captura de otros altos miembros de Al Qaeda, como Khalid Shaikh Mohammed y Abu Zubaydah, en los años inmediatos al 9/11 dejó claro que Pakistán, un vasto país con una población relativamente simpatizante de Al Qaeda, es un territorio en el que es fácil esconderse, a pesar de las desmentidas oficiales.

Desde el 9/11, el gobierno de Pakistán y los militares han actuado sobre la base del equilibrio entre quienes a veces tratan de apoyar abiertamente a Estados Unidos en sus metas de desmantelar a Al Qaeda y el sentimiento local pakistaní que parece tolerar las milicias. Una encuesta realizada a principios de 2010 muestra que sólo el 3% de su población cree que Al Qaeda sea una amenaza y el 68% tiene una opinión negativa de Estados Unidos.

Después de que en enero el contratista de la CIA, Raymond A. Davis, disparó y mató a dos civiles pakistaníes a plena luz del día en la ciudad de Lahore, las declaraciones y actitudes pakistaníes movieron la balanza en contra de Estados Unidos. Como consecuencia del tiroteo, el general Kayani le pidió al Ejército norteamericano llamar a todo el contingente de operaciones especiales así como sacar a los contratistas de la CIA y al personal que operaba las campañas de aviones no tripulados desde la base aérea de Baluchistan de Pakistán, afirmó un oficial estadounidense, aunque esta operación continuó.

Otro importante factor de irritación fue el fracaso de los militares paquistaníes en aplastar a la red Haqqani, vinculada a Al Qaeda en Waziristán del Norte. Hace dos semanas, minutos antes de reunirse con el general Ashfaq Parvez Kayani en Islamabad, el presidente del Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen, arremetió contra el Ejército de Pakistán por permitir el libre paso de los terroristas a través de la frontera entre Pakistán y Afganistán y matar soldados estadounidenses y de la OTAN.

Bin Laden también fue un factor de irritación. Durante la última década, algunos funcionarios estadounidenses especularon sobre la posibilidad de que algunos oficiales de la agencia de espionaje pakistaní supieran el paradero de Osama bin Laden. Al ser preguntados, muchos miembros de la ISI siempre daban la misma respuesta: Bin Laden ha muerto.

EE.UU. no informó

Estados Unidos no informó a Pakistán de la operación contra el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, porque podía poner en riesgo la misión, afirmó el director de la CIA, Leon Panetta, en una entrevista con la revista ‘Time’. Según el director del organismo de inteligencia, los estadounidenses paquistaníes hubieran podido “alertar a los objetivos”, aseveró Panetta en la primera entrevista después de la operación en la que murió el jefe de Al Qaeda. Estados Unidos consideró varios planes, entre ellos un bombardeo o un ataque con misiles, pero todo se descartó, así como “cualquier esfuerzo de trabajar con los paquistaníes”, enfatizó Panetta.

Pakistán no sabía

El gobierno paquistaní negó tajantemente haber autorizado o disponer de información previa sobre la operación lanzada por Fuerzas Especiales de EE.UU. en su territorio contra el líder de Al Qaeda Osama bin Laden. En un comunicado, el Ministerio paquistaní de Exteriores expresó reservas por “la forma en la que el gobierno de Estados Unidos llevó a cabo la operación” que puso fin a la vida del cabecilla de Al Qaeda. Por otra parte, los servicios secretos del país emitieron una declaración en la que reconocen “sentir vergüenza” por no haber detectado que el terrorista más buscado del mundo se escondió durante años en su país.

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