Laurent Gbagbo, de demócrata a dictador

Doctorado en París y activista socialista, terminó aferrado al poder. Su terquedad causó miles de muertos.

Doctorado en Historia por la Universidad de Paris-Diderot, según su biografía oficial, profesor y preso en varias ocasiones por su oposición al régimen conservador y paternalista de Félix Houphouët-Boigny durante dos décadas, Laurent Gbagbo, de 65 años, fulminó su trayectoria de activista demócrata poco después de llegar al poder en 2000 y este lunes terminó detenido.


Nacido en una familia católica cerca de Gagnoa, en la región productora de cacao del centro-oeste del país, se forjó políticamente en el movimiento sindical como profesor universitario, y se labró una reputación como principal opositor a Houphouet-Boigny. Con el partido que fundó en la clandestinidad en 1982, el socialista y democrático Frente Popular Marfileño (FPI), ganó las elecciones de 2000, aunque el general Robert Guéi (que había tomado el poder en 1999 con un golpe de Estado) se proclamó también vencedor y hubo enfrentamientos sangrientos entre los defensores de ambos.


Gbago pasó de unas posturas iniciales en la izquierda política a una deriva fuertemente nacionalista, incluso xenófoba. De hecho, se le acusa de unirse a la ola xenófoba que impulsó el presidente Henri Konan Bédié durante su mandato, entre 1993 y 1999, cuando introdujo el concepto de "costamarfileño" para impedir que su rival ahora, Alassane Ouattara, un musulmán del norte con ascendencia de Burkina Fasso, pudiera concurrir a las elecciones. Gbagbo siempre negó las acusaciones de oportunismo.


Tras su elección, en 2000, Gbagbo dijo que acabaría con el culto a la personalidad de mandatarios anteriores, como la obligación de colgar retratos del presidente en edificios públicos, o de mencionar sus actividades en los informativos.


Gbagbo logró resistir un intento de golpe de Estado en 2002. Después de 2005, cuando por ley había acabado su mandato, permaneció en el poder y retrasó hasta seis veces la convocatoria de elecciones, hasta noviembre de 2010. No reconoce la victoria de su rival Alassane Ouattara, a quien la ONU considera el presidente legítimo.


El conflicto desatado por su resistencia en el cargo ha causado 1.500 muertos y decenas de miles de desplazados. La ONU ha congelado sus cuentas en el exterior. Los soldados que le son leales son acusados de asesinar a civiles.