LeBron James, rey sin corona

No había debutado como profesional y ya lo habían consagrado como el mejor de la liga.

Sin tener sangre azul se hizo rey cuando apenas tenía 18 años. Todavía jugaba en el equipo de la secundaria St. Vincent-St. Mary y firmó un contrato por 90 millones de dólares con la firma Nike, que lo eligió como el sucesor del legendario basquetbolista Michael Jordan.

Talento tenía de sobra, así como carisma y temperamento para asumir el éxito y la fama. Por eso, sin pasar por la universidad, fue la primera elección en el draft de la NBA de 2003. A la liga de baloncesto de los Estados Unidos llegó entonces un nuevo mesías.

Los medios lo consagraron sin haber pisado una cancha como profesional. Era el mejor a pesar de que no había anotado su primera cesta. Así sus números en los torneos escolares fueran sorprendentes, cargaba sobre su espalda una responsabilidad que superaba todas las expectativas.

Y aunque ha brillado individualmente, hasta ahora LeBron James no ha tenido el liderazgo suficiente para llevar a un equipo al título de la liga.

En los Cavaliers de Cleveland, con los que jugó hasta el año pasado alcanzando la final de 2007, se utilizó la mediocridad de sus compañeros como excusa para justificar su incapacidad para brillar en los momentos definitivos.

Ahora, sin embargo, tiene su gran oportunidad, pues en los Heat de Miami está rodeado por un grupo compacto y equilibrado que fue capaz de dejar en el camino a los Celtics de Boston y en el que James delega algo de protagonismo a Dwayne Wade y Chris Bosh.

LeBron necesita conquistar un anillo de campeón para demostrar que puede estar a la altura de las estrellas con las que suelen compararlo, ya sea por sus estadísticas, por su estilo de juego o por su físico privilegiado.

Lo han puesto al nivel de Bill Russell, quien consiguió 11 anillos de campeón; de Michael Jordan y Karim Abdul Jabbar, quienes tienen seis; o de Magic Johnson y Kobe Bryant, que suman cinco. Ellos se hicieron inmortales a punta de campeonatos y con mucha menos atención mediática.

Según la revista Forbes, James es uno de los deportistas más ricos del planeta, con ingresos anuales superiores a los 100 millones de dólares. Es, además, uno de los personajes más influyentes de los Estados Unidos.

“Sé que estoy cerca y no voy a dejar escapar esta posibilidad”, dijo LeBron luego del segundo partido de la final de la Conferencia Este, en el que su equipo venció a los Bulls de Chicago e igualó a una victoria la serie al mejor de siete enfrentamientos. Hoy, en Miami, será el tercer juego.

En su carrera en la NBA, James ha jugado 627 partidos, 626 de ellos como titular, y tiene un promedio de 27,7 puntos, 7 asistencias y 7,1 rebotes por juego. Ha sido el jugador más joven en llegar a los 15.000 puntos y de seguir así podría convertirse en el máximo anotador de la historia.

Fue el Jugador Más Valioso de la temporada regular en 2008-2009 y 2009-2010. Ha participado en siete versiones del Juego de las Estrellas y ha recibido decenas de distinciones individuales.

Con la selección de los Estados Unidos logró las medallas de bronce en los Olímpicos de Atenas 2004 y el Mundial de Japón 2006, así como el oro en Pekín 2008.

LeBron nació el 30 de diciembre de 1984 en Akron, Ohio, en donde creció bajo el cuidado de su madre Gloria, quien lo tuvo cuando apenas había cumplido 18 años. Su padre, Anthony McClelland, nunca respondió por él.

Aunque en la escuela era la gran figura de los equipos de baloncesto y fútbol americano, su entrenador Frankie Walker fue quien le aconsejó que se decidiera por el deporte de la pelota naranja, en el que siempre ha tenido como ídolos a Penny Hardaway y Jason Kidd.

Después llegó a la preparatoria y conformó, al lado de Sian Cotton, Dru Joyce III, Willie McGee y Romeo Travis, uno de los mejores equipos colegiales de la historia, aunque él era diferente y se destacaba, no solamente por sus 2,03 metros de estatura y 113 kilos de peso, sino por la combinación que tenía de fortaleza, habilidad, velocidad y espíritu.

Por eso desde chico lo consagraron como rey, un rey que aún no tiene corona, pero que en las finales de la NBA va por ella.

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