Lenguazaque no aguanta otro aguacero

El municipio cundinamarqués permanece bajo el agua y a punto de quedar incomunicado. Pérdidas incalculables.

La parte norte de Cucunubá y Ubaté, completamente anegada; asimismo la sábana de Guachetá y Simijaca; el noroccidente del municipio de Lenguazaque, también. Así es el paisaje al norte del departamento de Cundinamarca, donde más de tres mil hectáreas se encuentran bajo el agua. Lenguazaque es el municipio más afectado de la zona.

Mediante un esfuerzo comunitario e interinstitucional, el Ejército Nacional, la Policía Nacional, los ganaderos afectados, la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca y la Alcaldía municipal realizaron un titánico esfuerzo por restablecer el boquete de 25 metros y evitar el desbordamiento por el cual, según afirmó el ingeniero Cristóbal Olimeros de la CAR, el río Lenguazaque estaba cambiando su cauce, entrándose al municipio y amenazando con dejarlo bajo el agua.

Sin embargo, más de 1.500 hectáreas, en su mayoría pertenecientes a fincas ganaderas, continúan inundadas. Además, en cinco vías que conectan a Lenguazaque con otros municipios se presentan inundaciones y deslizamientos que lo dejan en riesgo de quedar incomunicado.

El ingeniero explicó que la causa del desbordamiento es la misma por la cual se originó la creciente del río Bogotá que ha llegado a la capital en los últimos días: los históricos aguaceros de 62 milímetros (el promedio de un fuerte  aguacero es 30 milímetros) que se presentaron en la zona del Páramo de Guacheneque, donde nace el río Bogotá, y del Páramo de Rabanal, donde nace el río Lenguazaque.

 Tras el rompimiento del boquete entraron cuatro metros cúbicos de agua por segundo y pronto se inundaron cuatro veredas de la parte baja del municipio. Alrededor de cien familias quedaron afectadas. Las aguas corrieron hasta anegar las vías Lenguazaque-Ubaté, Capellanía–Guachetá y Cucunubá–Ubaté. Además, las vías Lenguazaque-Villapinzón y Carmen de Corupa-Ubaté están bloqueadas por deslizamientos provocados por las lluvias. Las tractomulas y camionetas apenas logran pasar lentamente por todas estas vías, y el paso para vehículos particulares está restringido. Muchos habitantes caminan durante horas por entre las aguas para alcanzar sus destinos.

De presentarse un incremento en el nivel de las aguas, el municipio quedaría prácticamente incomunicado y se agravaría la crisis existente en los sectores ganadero y minero, que ya presentan pérdidas incalculables.  Las fincas que producían 1 millón 200 mil litros de leche diarios, ahora producen menos de 50 mil.

 Ingenieros y trabajadores se entusiasman al ver el jarillón restablecido, pero saben que esto no garantiza que no ocurrirán futuras tragedias. Funcionarios de la CAR aseguran que si en esta zona se presentara  un aguacero de magnitudes similares al anterior, la creciente del río no sólo acabaría con el jarillón que se ha restablecido sino con muchos otros, y las inundaciones llegarían a proporciones extremas, poniendo en riesgo a los 11 mil habitantes que viven en el casco urbano y las 21 veredas del municipio.

Está declarada la urgencia manifiesta en el territorio, en Lenguazaque se han invertido más de 700 millones en mitigación de riesgos y la población está optimista aunque con el agua hasta las rodillas. Pero si cae otro fuerte aguacero...

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