Lo siento, Gaby

Siempre llega, antes de que mi padre se vaya por un tiempo largo, en esa chatarra roja que suena tan diferente a las olas que se mezclan en la arena.

Siempre llega, antes de que mi padre se vaya por un tiempo largo, en esa chatarra roja que suena tan diferente a las olas que se mezclan en la arena. El sonido del carro me desgasta a mí, quizá también a Gaby, aún no se lo he preguntado. Papá se ha parado inmediatamente de la silla, nos ha dado un beso a cada uno en la sien y ha dicho que cuidemos de mamá, que regresará pronto, pero pronto siempre es tarde. No alcanzó a salir cuando ya estaba el otro adentro, el que viene con cadenas de oro y dientes malgastados, el barbudo pasado de peso, según mamá, el dueño de la casa en la que vivimos, a ratos, felices. Nos ha tocado la cabeza a cada uno y cómo lo he odiado, ha preguntado ¿Está todo bien por acá?, ¿Necesitan algo?, sí, que te largues, pero no, no puedo decírselo, mamá me reprendería. Se ha quedado a desayunar el poco de pan y leche que tenemos, pero qué importa, mañana la nevera rebozará y ella estará reluciente, peinada, perfumada, como una mujer, una mujer de verdad, la que creo hubiera sido si no nos hubiera tenido a nosotros porque ella nos cuenta que cuando era joven quería una casa, la mejor de ellas, que los hombres la acechaban, que era la más popular del barrio, no de éste, a éste sólo llega una que otra gaviota custodiando el horizonte, y después le dice a Gaby, casi que la reprende, que no vaya a cometer el mismo error, que no se aferre al agua salada, que la arena puede resultar divertida para armar castillos, pero que no se la meta a la boca, que no se atreva a probarla. Por la ventana que mira hacia fuera de la casa he llegado para ver a papá marchar, lo he visto pasarse sus dos manos por sus ojos y con el pie ha pateado el piso, Gaby dice que está triste, todos lo estamos, pero yo creo que no, que él está feliz, que ahorita, cuando arroje sus redes al mar, las cosas estarán mejor, quizás, quizás. Se ha parado de la silla el hombre del carro rojo, le ha sobado el pelo a mamá y empieza a ir más abajo, ahora está en el cuello, en el pecho. Trato de taparme los ojos, pero es imposible no ver, a Gaby sí se los he tapado y no se ha quejado, ella es un himno de paz, al menos eso aparenta, ahora ya sé que a mamá se le ha olvidado que estamos acá, ha empezado a desvestirse, ocho minutos después ha entrado al “cuchitril” que es su cuarto, como ella suele llamarle. Empieza a hacer los sonidos más extraños que jamás hayamos escuchado, es tan diferente ese suave ronroneo del mar, tan más tranquilo, tan menos doloroso. ¿Cuántos días faltan para que papá vuelva?, le pregunto a Gaby, ¡Contéstame niña idiota!, ¿Cuántos más faltan?, ¿No piensas contestar?, Gaby ha empezado a llorar, lo siento hermanita, lo siento, pero es lo que debe suceder, lo que está sucediendo, ¡Niña estúpida! ¿Crecerás para ser como ella? ¡Debes crecer para ser como ella!, lo siento Gaby, lo siento, pero debo pegarte, porque yo debo crecer para ser como papá y ya sé que él no te pegaría, pero debo pagar el precio de los dos, vengarme por los dos, tú serás un retrato más de la desdicha, lo siento Gaby, lo siento, es lo que debe suceder.

[email protected]

Temas relacionados
últimas noticias

Todo es cuestión de perspectiva