Los pensamientos del gobierno Uribe sobre Chávez

Después de que el entonces presidente Álvaro Uribe pusiera fin a la colaboración del presidente venezolano en los diálogos con las Farc, lo comparó en la Embajada americana con el dictador alemán Adolfo Hitler.

El 21 de noviembre de 2007, en una declaración pública, el entonces presidente Álvaro Uribe puso fin al papel como mediador para la liberación de secuestrados de las Farc que había otorgado al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Esa misma semana trascendió que la razón fue una llamada telefónica que Chávez hizo a un oficial del Ejército. Este incidente, preludio de las tempestuosas relaciones entre los dos mandatarios, quedó retratado en tres cables que la Embajada de Estados Unidos en Colombia envió a Washington.

En el primer cable, fechado el 30 de noviembre de 2007, el entonces comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, le explicó al entonces embajador, William Brownfield, que la suspensión de Chávez como facilitador entre las Farc y el gobierno se había dado porque Chávez había violado, una vez más, las reglas de juego establecidas por Uribe. Y, aunque dejó claro que el gobierno colombiano no estaba buscando problemas políticos, dijo que el presidente venezolano, al llamar de forma directa al comandante del Ejército, Mario Montoya, se había entrometido en la jerarquía institucional colombiana.

Restrepo, sin embargo, fue más allá y manifestó que la entonces senadora Piedad Córdoba y el presidente Hugo Chávez estaban intentando, por medio de las intervenciones con las Farc, crear un gobierno alternativo o transicional contrapuesto al modelo colombiano. Además dijo que el gobierno estaba intentando moldear la opinión doméstica y regional para suspender los esfuerzos del presidente venezolano como facilitador del proceso de paz.

En la reunión con Brownfield a Restrepo le surgió otra preocupación. Éste le dijo al embajador que si las Farc entregaban a Chávez o Córdoba pruebas de supervivencia de alguno de los secuestrados, varios congresistas estadounidenses podrían viajar a Venezuela para respaldarlo. Una posibilidad que, según el comisionado, ensalzaría al presidente venezolano y le abriría las puertas para buscar un nuevo rol dentro del acuerdo humanitario.

 Sin embargo, más contundentes aún fueron las declaraciones que hizo el mismo presidente Álvaro Uribe en una reunión con una delegación del Congreso de Estados Unidos el 28 de noviembre de 2007 y que quedaron plasmadas en un segundo cable. Según el funcionario, Chávez, además de tener un supuesto plan expansionista para su modelo de nuevo socialismo, podía ser comparado como una amenaza para los países latinoamericanos tal y como lo fue en su momento el dictador Adolfo Hitler para Europa.

 El mandatario también añadió que había buscado, sin respuesta positiva, el apoyo de varios presidentes latinoamericanos por la exclusión que hizo a Chávez en los diálogos con las Farc; las respuestas no fueron positivas. No obstante, Uribe mencionó que tenía la sensación de que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quería alejarse del extremo radicalismo del gobierno venezolano.

Uribe también manifestó que siempre había tenido el presentimiento de que incluir a Chávez en el acuerdo humanitario iba a constituir riesgo político, pero que lo había hecho por petición de las familias de los secuestrados. Además, agregó que no sólo fue la llamada que hizo a Montoya el detonante de su suspensión, sino también las declaraciones públicas que hizo sobre el supuesto permiso que le había otorgado Uribe para reunirse con el fallecido jefe guerrillero Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda.

Entonces concluyó que Chávez estaba intentando crear un imperio personal que violaba los valores democráticos sobre los que estaba fundado su gobierno y manifestó que, en relación con un viaje que tenía que hacer a Ecuador al día siguiente para la ceremonia de la nueva asamblea constituyente de Correa, no iba a dejar que Chávez se robara el escenario político. Así describió el viaje como difícil pero necesario.

Finalmente, en el tercer y último cable, fechado el 7 de diciembre de ese mismo año, fue el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria el que tomó la palabra. Gaviria le dijo al entonces embajador estadounidense que el gobierno colombiano estaba dispuesto a apoyar la propuesta que les hizo la Iglesia Católica para crear una zona de encuentro con las Farc, pero que por ningún motivo permitiría a Chávez de regreso en las conversaciones.

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