Los pros y contras de la ley de inteligencia

La iniciativa ya recibió el visto bueno de la Cámara de Representantes y pasa ahora al Senado, en medio de críticas de la oposición.

El miércoles de la semana pasada, en Plenaria de la Cámara de Representantes, fue aprobado uno de los proyectos impulsados por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos que más polémica ha despertado en la opinión pública: la ley de inteligencia y contrainteligencia. Una iniciativa que pretende, según la exposición de motivos,  “fortalecer el marco jurídico” de las actividades de inteligencia y contrainteligencia por parte del Estado, de autoría del Ministerio de Defensa. Ahora, el proyecto pasa al Senado, corporación que  tendrá en sus manos la decisión de aprobarlo definitivamente y dejarlo para sanción presidencial, o hundirlo, como sucedió con una iniciativa similar durante el mandato del expresidente Álvaro Uribe.

Mucha fue la oposición que despertó este proyecto cuando se supo que existía un artículo que proponía sanciones penales a los medios de comunicación y periodistas que publicaran información de carácter reservado. Sin embargo, el artículo fue retirado. Para el representante del Partido Conservador Humphrey Roa, es una iniciativa “muy interesante” puesto que reglamenta la inteligencia en nuestro país. “Afortunadamente, se mantuvo la posición de permitirle a los periodistas mantener la reserva de sus fuentes periodísticas”, agregó.

En este mismo sentido, pero con un sabor agridulce, el representante del Polo Democrático y ponente de la iniciativa, Germán Navas Talero, manifestó que es un logró que se haya retirado el artículo que pretendía coartar  la libertad de prensa: “Lastimosamente no se logró lo mismo para las ONG de derechos humanos que  revelen información clasificada. Y no se aceptó con el argumento de que hay ONG que no son confiables. Con ese mismo argumento uno estaría en el derecho de desconfiar de los militares. Parece que hay mucho temor de que la gente sepa lo que se hace debajo de cuerda”, sentenció Navas.

Uno de los mayores detractores de la iniciativa ha sido el Representante por Bogotá Iván Cepeda, también del Polo, quien afirma que su partido tiene una visión negativa del proyecto porque no ofrece garantías sobre el manejo de la información de inteligencia: “Ya tenemos un ejemplo con lo que pasó con las chuzadas”, dijo, refiriéndose a los seguimientos ilegales hechos por el DAS en el gobierno pasado a periodistas, magistrados y políticos de la oposición, incluido él mismo.

Según Cepeda, el proyecto contiene algunas disposiciones que permiten impunidad en relación con la consecución de información conseguida ilegalmente. “Deja la puerta abierta para que sea utilizada con fines oscuros”, sostuvo el representante.

Sin embargo, Cepeda, a quien le fue aceptada una proposición para reducir el tiempo de la reserva de la fuente, admite que ese fue un triunfo. “Logramos reducir en  10 años la protección de la reserva, es decir, quedó en 25 años a partir de la fecha de ocurrencia de los hechos. Lo que implica que si se aprueba en el Senado podríamos acceder a la información sobre eventos ocurridos en la década de los 80, los cuales deben ser descalificados”, concluyó.

Uno de los temas que más ha despertado posiciones encontradas es el que tiene que ver con la creación de una ‘Comisión de Control de Inteligencia’, que a los ojos de Cepeda carece de controles ya que, según el representante, “está no va a tener acceso al Plan Nacional de Inteligencia, lo cual limita muy seriamente la capacidad de control real que pueda tener la comisión”.

Pero para Roa, el problema es otro. Según advierte el representante conservador, durante el debate se dio un duro pulso por el  examen de credibilidad y confiabilidad que se les aplicaría a  quienes integren esa dichosa Comisión. Los que estaban a favor de la propuesta fueron derrotados. “Cuando no hay ese examen de confiabilidad se pierde lo que busca la iniciativa,  que es la protección de los datos”, apunta Roa.

La próxima semana, la ley de inteligencia y contrainteligencia iniciará su trámite en el Senado, en donde se espera que la coalición de la Unidad Nacional imponga sus mayorías y se logre la aprobación. El debate sigue y, de todas maneras, toca esperar a ver cómo se resuelve el articulado y qué proposiciones se plantean porque, como dice el adagio popular, “todavía hay mucha tela de donde cortar”.

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