Los retos del nuevo ministro de Trabajo

A finales de la semana pasada, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) reveló los principales indicadores del mercado laboral colombiano correspondientes al mes de junio de 2011.

Las noticias son en general buenas. Auspiciosas incluso. La tasa de desempleo nacional fue de 10,9%: había sido de 11,6% en el mismo mes del año pasado. La tasa de desempleo correspondiente a las trece principales áreas metropolitanas (un indicador más confiable) fue de 11,8%, frente a una tasa de 12,8% en junio de 2010. El presidente Santos celebró estos resultados con optimismo. “Estamos a un escalón para llegar a un dígito en el desempleo, la meta a cuatro años”, sostuvo el viernes pasado.

Los resultados muestran que el desempleo regresó a los niveles observados en el año 2007, antes de la crisis financiera internacional y antes del deterioro ocurrido durante los años 2009 y 2010. Actualmente la tasa de desempleo es en términos generales igual a la reportada cuatro años atrás, en junio de 2007. La mejoría en los indicadores laborales ha sido impulsada por la recuperación de la economía y, en particular, por la dinámica del comercio, la industria y la construcción. Bogotá sigue siendo el epicentro de la generación de empleo en Colombia. Más de la mitad de los nuevos empleos se han generado en la capital del país.

La mejoría de los indicadores laborales no debería dar paso a la complacencia. La tasa de desempleo de Colombia sigue siendo muy alta en el contexto regional. Peor aún, según las mismas cifras del DANE, los desempleados y los informales representan 58% de la fuerza de trabajo residente en las 13 principales ciudades del país; esto es, más de la mitad de la población económicamente activa no tiene trabajo o tiene un trabajo precario, probablemente mal remunerado y sin protección legal. El empleo formal ha venido creciendo de manera dinámica, pero claramente insuficiente. A pesar de las declaraciones de algunos miembros del Gobierno, los efectos de las leyes de formalización y primer empleo están todavía por verse. Para la inmensa mayoría de los trabajadores sin educación universitaria, la informalidad sigue siendo la única alternativa laboral.

En fin, los retos para el nuevo ministro de Trabajo, cuyo nombre se conocerá esta semana, son inmensos.  La recuperación de la economía va a facilitar su tarea, pero no la va a reemplazar. Los problemas del mercado de trabajo en Colombia son estructurales, van más allá de la coyuntura económica o las vicisitudes de la macroeconomía. Las medidas tomadas hasta ahora son tímidas, modestas en comparación con la complejidad del desafío. ¿Abogará el nuevo ministro por una reducción de los impuestos al trabajo? ¿Impulsará nuevos mecanismos de financiamiento, diferentes a los impuestos a la nómina, para la seguridad social? ¿Apoyará el desmonte de la Ley 789 de 2002, que amplió la jornada diurna de trabajo hasta las 10 de la noche? ¿Promoverá una ampliación de la cobertura de pensiones, que apenas alcanza actualmente el 25%? ¿Trabajará para los sindicatos o por el bienestar de los colombianos en general? Ojalá estas preguntas tengan una respuesta rápida y concreta.

La agenda del nuevo ministro tiene que ir más allá de la diplomacia sindical. Las relaciones con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son importantes. También lo es el seguimiento a los acuerdos suscritos para facilitar la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. Pero los problemas de desempleo e informalidad son el principal reto del nuevo ministro. Su labor será medida por lo que pase adentro, no por los aplausos o las protestas que vengan de afuera.

 

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