Los secretos de Fernando Arévalo

El arquitecto cundinamarqués participa en la novela 'A mano limpia' y en la obra 'Amores que matan'.

¿Qué tan distinto es el Woody Allen del cine al del teatro?

Se puede decir que es el mismo. Es un autor que siempre aborda con humor mordaz los conflictos del ser humano.

¿Cuál es la película que más le gusta de este director?

Muchas, pero podría destacar Hannah y sus hermanas, Annie Hall y Match Point.

¿Qué le gusta del montaje de ‘Amores que matan’?

El resultado. Es muy gratificante llegar a trabajar y ver que la sala está llena.

¿Ha muerto un poco por amor?

Creo que a todos nos ha pasado y no sólo poco, sino mucho.

¿Cuántas veces se ha enamorado?

Trescientas veintiséis.

¿Cuál consideraría la principal razón para que muera un amor?

Descubrir que las expectativas que se tenían frente a la pareja eran equivocadas.

El mejor remedio para un despecho…

Tres cubos de hielo, un trago de whiskey y un clavo (un clavo saca otro).

Un recuerdo de ‘Cuando quiero llorar no lloro’...

Me acuerdo mucho del terror que me producía la cámara. Pienso que eso le pasa a todo el mundo las primeras veces.

¿Qué diferencia hay entre la televisión de ‘Los Victorinos’ y la actual?

Es evidente que la televisión colombiana ha avanzado a pasos agigantados. Hoy tenemos una televisión que se ha posicionado muy bien en el mundo, desplazando países que antes eran líderes en el mercado. Ojalá no sigamos dando pasos atrás, haciendo productos como los que hacían esos países cuando perdieron su primacía.

¿Cómo le ha ido con su personaje en ‘A mano limpia’?

Mi personaje está muy bien concebido por los escritores y los directores, parece que lo estoy haciendo bien, porque la gente me dice muchas cosas en la calle.

¿Hay cosas en la vida que se consiguen a mano limpia?

Indudablemente: el prestigio y un buen reconocimiento en el trabajo.

¿Alguna vez tuvo problema con algún tendero del barrio?

Me imagino que ellos fueron los que tuvieron problemas conmigo.

¿Fernando sí fía?

Sí, pero llevo rato esperando a que me paguen.

¿Qué le gusta de esta novela juvenil?

Eso... compartir el set con jóvenes muy talentosos, que tienen buen sentido del humor y que escuchan los consejos que uno les pueda dar es maravilloso.

¿Qué le heredó a la arquitectura?

La posibilidad de saber llevar a cabo un proyecto interdisciplinario.

¿A quién le pintaría una casa en el aire?

A mi hijo Federico. Pero le pondría escalera para que lo visiten todos sus amigos, hagan buenas rumbas y me inviten.

¿Qué disfruta de ser un papá soltero?

Tener a mi hijo como mejor amigo.

¿Regresó algún día a Ubaté, qué disfruta de su tierra?

Ojalá Ubaté fuera mi tierra, porque allá es carísima. Voy muy poco, pero cuando lo hago llego directo a la plaza de mercado, donde La Mona, allí Tránsito cocina la mejor gallina del mundo.

¿Qué le gusta del cine colombiano?

La variedad de sus historias y el gran tesón de la gente que trabaja en él.

¿Qué le disgusta?

La escasez de recursos económicos.

¿De qué escribe usted para teatro?

De todo, pero actualmente estoy escribiendo un proyecto para niños, algo que no hacía desde La Clepsidra.

Durante su carrera, ¿cuál es el personaje que más ha disfrutado?

En este momento me gozo a Don Álvaro en la novela, y a Howard en la obra.

¿En qué le cambió la vida la actuación?

Actúo desde los 13 años, la actuación ha sido un proceso que he vivido desde entonces. No puedo decir que cambió mi vida, sino que ha ido desarrollándose a lo largo de ella.

¿Qué le falta a la televisión colombiana?

Teresa Gutiérrez.

¿Qué opina de la ley Fanny Mikey?

Colombia es el único país que no reconoce las regalías a los actores. Esto resulta absurdo si tenemos en cuenta que somos uno de los principales exportadores de televisión en el continente. La ley Fanny Mikey propugna por terminar con esa injusticia. En esa medida todos debemos apoyarla.

¿Qué lo conmueve?

En este país, muchas cosas, pero ver a un anciano desamparado es algo que me conmueve mucho.

¿Tiene amuletos?

Siempre tengo en mi camerino un portarretrato con la foto de Federico, que no es un amuleto, sino una motivación.

¿Sintió alguna responsabilidad con los espectadores al interpretar a Iván Urdinola en ‘El cartel de los sapos’?

Frente a los espectadores, todos los personajes generan un gran compromiso. Éste lo asumí con la misma responsabilidad que cualquiera de otras producciones.

¿Entiende el problema del narcotráfico de manera diferente después de hacer este personaje (Julio Trujillo)?

Es más bien al contrario: para entender al personaje y enfrentar su creación tuve que investigar su contexto.

¿Actuará el resto de la vida?

Eso espero.

¿Qué música le gusta?

En general toda, pero no me gusta la música de carrilera ni esa que llaman popular o de despecho.

¿A qué dedica el tiempo libre?

A nada.

¿Qué quería ser de niño?

Torero.

 

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