Los vecinos de los Bin Laden

Habitantes del lugar en donde se escondía el terrorista, nunca sospecharon de quienes vivían en la casa con muros.

Abbotabad no es un lugar discreto. De hecho es una ciudad grande, con más de un medio millón de habitantes, y parada obligada de cientos de turistas que hacen cada año la ruta de la seda. Las colinas que la rodean albergan modestas casas de verano, la mayoría propiedad de militares retirados. Sólo una casa en el barrio Bilal Town contrasta con la arquitectura del lugar: la que ocupó durante casi seis años, Osama Bin Laden, el terrorista más buscado del mundo.

Aunque parecía una fortaleza: tenía muros de entre 3,6 y 5,5 metros de altura coronados con alambre de púas, contaba con pocas ventanas hacia el exterior, tenía cámaras de seguridad, sus habitantes quemaban la basura en el patio y poco salían, los vecinos jamás sospecharon de ellos. Cuando conocieron el nombre de su inquilino la sorpresa de los vecinos fue mayúscula, pues imaginaban al enemigo número uno del mundo escondido en una cueva alejada de la civilización.

Según relató a la AFP Abdulah, el dueño de una panadería cerca a la casa de los Bin Laden, el supuesto hijo del terrorista, se hacía llamar Tariq y salía dos veces al día a comprar seis o siete panes redondos. El panadero también recuerda a otro hombre: Arshad Jan, que también vivía en la casa. “Siempre creí que eran pashtunes paquistaníes, pero ahora que lo pienso, hay cosas que no cuadran”, dice, aludiendo a su “piel más blanca, y a su carácter más reservado que los pashtunes”, relata Abdulah.

“Nos dijeron que venían de Peshawar, la principal ciudad del noroeste y que trabajaban en el cambio de divisas”, afirma.

Vecinos y curiosos que rodean la “casa con muros” como la llamaban, hablan en voz baja —por temor a represalias— de Tariq. Según el vecino de la casa del frente: “Se parecía a Bin Laden, así que podía ser uno de sus hijos”, murmura.

Un niño, entrevistado por Reuters, fue talvez el único que logró entrar a la casa de los Bin Laden en los últimos años. Según relató el pequeño, visitaba con alguna frecuencia el lugar y jugaba con los tres hijos pequeños del terrorista. “Eran dos chicos y una chica como entre 10 y 13 años, ellos me regalaron dos conejos”, recuerda el niño de 12 años, quien aseguró que Bin Laden además tenía dos esposas, una árabe y otra  urdú, y que tenían cámaras de vigilancia para controlar los accesos.

Shinaz Bibi, un campesino que habita a 150 metros de las altas murallas, dice que eran demasiado discretos: “Nunca salían y cuando los hombres de la casa lo hacían, usaban carros viejos”, recuerda.

Abdulah se acuerda que nunca quisieron dar sus teléfonos celulares y tampoco los visitaban los médicos, “a pesar de que Bin Laden estaba enfermo”.

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