Luis Suárez: "Aquí nadie se cree más que otro"

El goleador uruguayo dice que la clave del éxito de su selección, finalista de la Copa América, es que luchan por llevar adelante el equipo.

"Cuando todos corren y van al frente, las cosas tienen que salir bien".

El goleador de América, ese que conmueve a un país pequeño desde su superficie territorial y gigante a partir del sueño que construyó con la mística de los viejos tiempos, tiene una historia cargada de sufrimiento. Entonces, ahora que toca el cielo con las manos, se debe estar acordando de todo lo que vivió en una infancia de ausencia paterna y una adolescencia marcada por alguno que otro exceso. Hasta que sentó cabeza cuando un entrenador de Salto, su ciudad natal en el interior de Uruguay, le exigió que se pusiera “serio”. Luis Suárez entendió el mensaje. Y, con el tiempo, se transformó en un extraordinario delantero. Lo dejó claro en Nacional de Montevideo, el club que le brindó fama y dinero a cambio de goles; Ajax de Holanda y Liverpool de Inglaterra, su nuevo desafío desde esta temporada. Lo ratificó en la semifinal ante Perú, ese rival con el que no pudo Colombia en los cuartos, con un doblete que depositó a la celeste en la final de la Copa América, que se jugará el domingo en el estadio Monumental de Núñez.

Suárez, que apenas tiene 24 años, juega como un veterano en el área. Le dicen el Pistolero porque es rápido para definir. Y, sin lugar a dudas, tiene un futuro por delante que le permitirá convertirse en el máximo artillero de la selección charrúa. Con los dos goles que hizo la noche del martes, llegó a la marca de 20 y está a sólo nueve gritos de Héctor Mago Scarone, el jugador que más goles marcó en la historia de la celeste. Ya dejó atrás a Enzo Francescoli, al otro Scarone, Carlos y va por Severino Varela, aquel artillero que jugaba con la boina en la cabeza en la década del 30, y Fernando Morena, ícono de los 70.

Hizo dos goles, Uruguay está en la final, más no puede pedir...

A la hora de ayudar al equipo, la tarea de los que jugamos en ofensiva, es fundamental. Y para nosotros, los delanteros, es importante convertir. Y yo estoy contento porque hice dos goles en una semifinal de la Copa América y sirvieron para clasificarnos a la final. Pero quedó demostrado que lo importante no era quién hacía el gol, sino pasar a la siguiente fase.

¿Seguro que no le importaba hacer los goles a usted?

No, no importaba si lo hacía Fernando Muslera o Lugano. El objetivo era hacerlos y clasificar.

Pero hay que felicitarlo por ser el goleador del equipo.


Mejor, felicítenme por estar en la final.

Tardó un poco en llegar el gol, ¿no se puso ansioso?

Uno no tiene que obsesionarse con el gol porque puede llegar a ser perjudicial para el equipo. En ese sentido, hay que aplaudir a Forlán, que nos está dando una mano grande con su juego, volcándose atrás.

¿Pensó que iba a ser tan difícil ganarle a Perú?

Desde un primer momento teníamos claro que los peruanos iban a salir a jugar como lo hicieron y que nos iban a plantear un partido difícil, algo cerrado, especialmente por el estado del campo. Perú es un equipo que juega con dos líneas de cuatro, que es más defensivo que otros rivales, que pocas veces se desordena y por eso no se le crean tantas situaciones. Sabíamos que teníamos que ser eficaces. Tuvimos dos jugadas y las pudimos concretar. Fuimos contundentes y le dimos un golpe tan duro a Perú que no se pudo volver a levantar.

Habló del campo de juego. ¿Se hacía imposible trasladar el balón con precisión?

Sí, la cancha estaba blanda, estaba feo el campo, había muchos pozos. Pero no era una excusa para jugar mal, porque los dos equipos iban a afrontar el partido en las mismas condiciones. Así y todo, no nos quejamos, y buscamos jugar al fútbol.

¿Por eso le pegó suave en el segundo gol? Le puso suspenso a la definición.


Claro. No entraba más, ¿no? Decidí no pegarle fuerte porque una de las posibilidades era que la pelota picara y se fuera desviada. Entonces, resolví asegurarla. Y por suerte, entró mansita.

Como dicen aquí, en Argentina, a Perú lo tiene de hijo. Ya le había convertido en la fase de grupos…


Se ve que me motiva. Son cosas que se dan. Le hice un gol en el partido que jugamos por el grupo y ahora dos más, pero lo importante es ser protagonista del partido del domingo.

Se le vio mejor en el segundo tiempo que en el primero. ¿Por qué estaba tan fastidioso en el comienzo?

Uno entra muy nervioso, con esa adrenalina, protesta y pierde de vista lo que está jugando. Por suerte, uno es inteligente, reflexiona. Sabía que tenía amarilla y que tenía que calmarme un poco para no dejar a mis compañeros con uno menos. La tarjeta me bajó a tierra y pude serenarme.

¿Cuál es el secreto de este equipo?


Que ningún jugador se cree más que otro, todos somos iguales y luchamos por llevar adelante al equipo. Tuvimos al mejor jugador en el Mundial y él (Forlán) no se creyó superior. Y en la Copa América pasa lo mismo.

¿Por esas razones está en la final de la Copa América?

Estamos por el grupo y porque fuimos de menos a más. A medida que pasaron los partidos, nos fuimos dando cuenta de que teníamos posibilidades, de que el equipo está fuerte y unido. Y cuando una selección está así, cuando todos corren parejo y van al frente, las cosas tienen que salir bien.

¿Cómo se hace para frenar la ilusión de la gente, para poner los pies en la tierra?

La ilusión la teníamos desde que empezamos a jugar la Copa. Sabíamos que iba a ser complicado llegar a esta instancia y que para hacerlo teníamos que sacar adelante partidos contra rivales importantes. Y lo hicimos con rebeldía, fútbol y las ganas que esta selección le pone a todo lo que juega.

¿Se puede comparar esta selección con aquella en la que jugaban Rubén Sosa, Antonio Alzamendi, y fue campeona, también aquí en 1987?

Esos eran unos monstruos. Pero este es otro fútbol. En esa época había mucho favoritismo para Argentina, Brasil y Uruguay, pero esta es una Copa diferente, muy pareja y quedó demostrado por los cuatro semifinalistas.

¿Se acuerda de esa final?


La verdad, no. Yo era muy chico, tenía 3 años. Y no me han contado mucho. Lo único que tengo claro es que queremos repetir aquella historia.

¿Y cómo se afronta este partido decisivo?

Es una final y se tiene que jugar con el cuchillo entre los dientes. No hay otra manera de hacerlo.

¿Se ve campeón?

Dimos un gran paso, estamos para grandes cosas, pero no podemos confiarnos.

¿Es un sueño cumplido estar en esta instancia?

Cuando uno es chico siempre se ilusiona con jugar una final del Mundial o de la Copa América. Se me cumplió uno de ellos. Ahora, espero que se me dé otro, ser campeón de América. Sería el premio más grande de mi carrera.