México, un país herido por la violencia

Desde 2006, cerca de 40.000 mexicanos han muerto en la guerra contra el narcotráfico. La mayoría de crímenes está en la impunidad.

Con el grito “estamos hasta la madre” cerca de 500 mexicanos demostraron el cansancio extremo en el que están por cuenta de la violencia desatada por la guerra contra los carteles del narcotráfico. La marcha la convocó el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo de 24 años fue asesinado y torturado el 27 de marzo junto con cuatro amigos. Desde ese día, Sicilia renunció a la poesía y se convirtió en el símbolo de la tragedia mexicana. “No puedo escribir más poesía. La poesía ya no existe para mí”, escribió en una carta en la que además anunció su firme decisión de defender hasta las últimas consecuencias la honra y la memoria de su hijo.

La primera marcha, la más grande hasta ahora en México, la convocó el pasado 4 de mayo. Miles de personas, muchas de ellas víctimas invisibles, marcharon en Cuernavaca (capital del estado Morelos) y así se gestó un movimiento social en el que se señala a los criminales como responsables principales de la tragedia diaria, pero, a la vez, se acusa a las autoridades de complicidad e ineptitud.

Desde 2006, México ha registrado cerca de 40.000 muertes violentas. De este número 9.000 están aún por identificar y 5.000 continúan desaparecidos. Según datos del diario  Reforma, cada 40 minutos un mexicano pierde la vida y lo más grave es que el 98% de los casos están en la impunidad. De los 32 estados del país, los más violentos son Chihuahua, Sinaloa y Guerrero, al norte. En 2011 el número de muertes ha crecido. La aparición de varias fosas clandestinas, en donde se encontraron 279 cadáveres, elevó la cifra.

Por eso los mexicanos gritan “no más” en la marcha que partió ayer de Cuernavaca y aspira llegar el próximo domingo al Zócalo, en la capital mexicana. La idea es que todos los ciudadanos afectados de alguna u otra forma por la violencia muestren su inconformidad. Junto con Sicilia, encabezan la marcha el obispo Raúl Vera, activistas de Ciudad Juárez y Julián Le Baron, un líder menonita de Chihuahua con un hermano entre las víctimas del crimen organizado. Cuernavaca, una ciudad célebre por sus casas de descanso, es escenario desde finales de 2009 de una guerra entre líderes de carteles de las drogas que se disputan el control de la zona tras la muerte del capo Arturo Beltrán Leyva y la captura del sicario Édgar Valdez Villarreal.

La idea de este movimiento no es sólo protestar por el asesinato del hijo de Sicilia, sino ponerle cara a tanto dolor acumulado mediante un pacto nacional para hallar una solución a la violencia generada por la guerra entre los narcotraficantes y de éstos contra las fuerzas federales. Así lo expresan varias pancartas que se pasean por las carreteras de los 28 estados en donde también habrá manifestaciones. “Algunos padres son poetas. Todos los hijos son poesía”.

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