Mamás de corazón

Desde hace más de una década abrieron sus propias fundaciones para tratar de sanar las cicatrices físicas y espirituales de los niños víctimas del abuso y el maltrato. Con sus programas les han devuelto la posibilidad de soñar a más de mil menores colombianos.

Convencidas de que solamente se necesita de voluntad, Paola Franceschi y Gloria Luz Gutiérrez emprendieron una noble tarea que ha transformado el futuro de cientos de niños que parecían condenados a la infelicidad, el dolor y el abandono. Desde distintos lugares de Bogotá, estas dos profesionales, una psicóloga y otra pedagoga, trabajan incansablemente por garantizarles a estos pequeños un futuro.

Paola Franceschi reconoce que aunque no sabe si los 317 menores que pertenecen a Niños por un Nuevo Planeta van a salvarse, por lo menos evitó que se convirtieran en delincuentes. Todos ellos, los que hoy viven en las cuatro casas de la fundación y los que se benefician del programa solo durante el día, vienen de la zona L, a la que anteriormente se le conocía como la calle El Cartucho. Muchos de ellos llegaron a sus brazos sin ganas de seguir viviendo, completamente desencantados del mundo, con problemas de drogas y acusados de haber cometido robos y asaltos.

Otros, en cambio, no perdieron la capacidad de sonreír, quieren estudiar y recuperar la inocencia que les fue robada, en la mayoría de los casos por sus padres o tíos. Incluso, algunos de los primeros que llegaron cuando nació la fundación, hace 11 años, ya son profesionales y donan parte de su sueldo al lugar que durante varios años fue su hogar. Mensualmente Paola Franceschi y el grupo de voluntarios que decidió unirse a su causa tienen que conseguir el dinero necesario para poder garantizar que a todos los beneficiarios de Niños por un Nuevo Planeta no les falte la alimentación, el vestuario, los útiles y uniformes para estudiar. “Mi sueño es que algún día podamos dejar de preocuparnos por conseguir dinero y nos dediquemos únicamente a sacarlos adelante”.

Aunque Gloria Luz Gutiérrez también trabaja con menores abusados, en la Fundación Social Servimos son acogidas adolescentes de escasos recursos y madres cabeza de familia. Desde niña esta pedagoga sentía una especial inclinación por el trabajo social. “Es mi polo a tierra, lo que le da equilibrio a mi vida”. En su labor ha vinculado a sus hijos, quienes se han apasionado tanto con el tema que lograron que sus compañeros del Anglo Colombiano conformaran una especie de club de lectura con los niños y jóvenes de la Fundación. Además, creó una escuela deportiva gracias a la cual todas las tardes estos menores disfrutan de unas horas de ejercicio.

Al comienzo, las familias de estas dos mujeres, que se la pasan corriendo para poder cumplir con sus responsabilidades en la fundación, como esposas y madres, se impactaron por su determinación de ayudar a la primera infancia. Los padres de Paola Franceschi no podían estar tranquilos cada vez que ella, recién egresada de la Universidad de Los Andes, se iba a El Cartucho a rescatar niños en condiciones lamentables. Hoy, al igual que su esposo, son los principales admiradores de su labor. Lo mismo le sucedió a Gloria Luz Gutiérrez, quien en varias ocasiones estuvo a punto de ser agredida en medio de las ollas a las que se metía para tratar de ayudar.

La valentía de estas dos profesionales ha sido reconocida por el Premio Cafam a la Mujer. Paola Franceschi, además, recibió una distinción de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito. Y a pesar de que su extraordinaria obra no ocupa las páginas de los medios de comunicación tanto como debería, la satisfacción de haberle brindado una nueva oportunidad de soñar a tantos niños colombianos es lo que las llena de energía para seguir adelante y no desfallecer.

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