Manzanas buenas y manzanas podridas

Hace 40 años, el psicólogo norteamericano Phil Zimbardo condujo uno de los experimentos sobre el origen del mal más polémicos de la ciencia. Ahora apuesta por un proyecto educativo para fomentar el heroísmo.

El psicólogo norteamericano Phil Zimbardo no se creyó la tesis de “unas cuantas manzanas podridas” con la que los altos mandos del Ejército norteamericano intentaron explicar los vejámenes y crueldades en la prisión de Abu Graib en Irak. Aunque ahora se dedique a promover el heroísmo a través de lo que ha llamado el “Heroic Imagination Proyect”, él, mejor que nadie, entiende que el mal tiene otro origen.

En 1971, a Zimbardo se le ocurrió convertir su laboratorio en la distinguida Universidad de Stanford en una prisión temporal. Por medio de un aviso en el periódico invitó a jóvenes sanos a participar en un experimento que con el tiempo se conocería como Stanford Prison Experiment . Una vez seleccionados, los 24 candidatos fueron divididos al azar entre guardias y prisioneros.

Utilizando uniformes, normas y otros símbolos de estatus, los guardias fueron poco a poco acoplándose a su rol. Algunos rituales, como un falso operativo policial para capturarlos, vendas en los ojos, entre otras estrategias, sirvieron para remarcar la condición de inferioridad entre los prisioneros.

El proyecto debía durar dos semanas, pero las cosas se salieron de control antes de lo previsto. Al sexto día, y por sugerencia de una colega pues el propio Zimbardo había perdido la perspectiva de lo que hacía, fue necesario abortar el experimento. Cinco prisioneros presentaban síntomas de estrés emocional y la crueldad ejercida por los guardias estaba tomando ribetes peligrosos.

“Lo ocurrido nos sorprendió a todos”, diría años más tarde Zimbardo, “la fantasía se hizo realidad. El límite entre el personaje y la verdadera identidad se perdió. Jóvenes encantadores se convirtieron en guardias brutales”. Zimbardo arrastraría durante muchos años la vergüenza de lo que había desencadenado durante esos seis días en su laboratorio.

Pero el fracaso le dejó algunas enseñanzas. Zimbardo pudo observar con sus propios ojos que el bien está a un paso del mal. Que al deshumanizar al otro, se abre la puerta de la crueldad. Que actuar con obediencia ciega a una autoridad es un ingrediente explosivo. Que el anonimato es una mala compañía. Que en circunstancias de maldad, los individuos suelen diluir la responsabilidad en el grupo.

El origen del bien

En 2007, mientras preparaba su último libro, titulado El efecto Lucifer: entendiendo cómo las buenas personas se hacen malas, Zimbardo pensó que los mecanismos psicológicos que median en los comportamientos malvados han sido de lejos mejor estudiados que aquellos que explican los “buenos” comportamientos.

Así nació la idea del “Heroic Imagination Proyect”. Con una pequeña oficina en el distrito penitenciario de San Francisco (EE.UU.) y una página de internet, se puso en marcha la iniciativa que pretende usar las lecciones aprendidas por la psicología social para promover las acciones heroicas.

Zimbardo está empeñado en “democratizar el concepto de heroísmo” y borrar de nuestras cabezas la idea de que los héroes “son personas extraordinarias”.

Los jóvenes que participan en los programas del proyecto aprenden algunos principios básicos de psicología social. Estudian las lecciones de experimentos como los de la Prisión de Stanford. Y se les enseña cómo a veces las situaciones imponen su poder sobre los individuos y cómo éstos pueden vencerlas con actos heroicos.

“El objetivo final es que exista el mayor número posible de personas en cada ciudad, cada estado, cada nación, que se ajusten a nuestra definición de héroes”, es el nuevo sueño de Zimbardo. Bien valdría la pena que este experimento sí se saliera de control.

Más información en: http://heroicimagination.org/. Vea también una conferencia de Phil Zimbardo sobre el origen del bien y el mal en www.ted.com.