Marimbero de los 100 años

Un grupo de músicos y productores documentó el día en que el músico guapireño Guillermo Ríos cumplió cien años. El disco estará todas la disco tiendas del país a partir de Junio.

La calle principal de Guapi, Cauca, va paralela al río. Es el centro del pueblo y la única zona realmente segura. Desde que llegó el equipo del interior a grabar un documental sobre el marimbero más viejo del país, los habitantes del pueblo se han asegurado de advertirles que ese lugar no es lo que era antes. “No caminen muy tarde por las calles, por favor. Cuiden sus cámaras y micrófonos”, suenan los avisos de precaución. Los del interior no iban pensando en peligros. Ellos estaban ahí para documentar y grabar a uno de los más antiguos testimonios vivos de la magia marimbera, el maestro Guillermo Ríos. Él, marimbero, constructor y profesor, cumplía 100 años de vida el 28 de febrero.

Y no es poco. Son más de ocho décadas de perfeccionar una técnica. Guillermo Ríos dice haber aprendido a tocar la marimba cuando niño. En esa época se acostaba debajo de sus tubos (resonadores hechos de cañas huecas) y escuchaba los golpes de las baquetas (palos con un extremo recubierto de caucho) sobre las “teclas” (pequeñas lajas hechas de la madera del chontaduro). Así fue memorizando el sonido y comenzó a armar marimbas con botellas y láminas de aluminio que encontraba por ahí.

Luego de varios meses de tocar en marimbas improvisadas, el padre de Guillermo percibió el interés de su hijo y le compró una real. De ahí en adelante su vida giraría en torno a este instrumento. Porque siempre fue marimbero, a pesar de dedicar la mayor parte de su tiempo al arte de la pesca marina y de río para subsistir.

‘Don Guille’ se comporta como todo un ‘mareño’ (palabra usada para designar a los pescadores de esas aguas): callado y sereno. Responde con la memoria de un quinceañero, pero sólo cuando le preguntan. Está sentado con sus piernas puestas en una silla al lado de la ventana. Mira hacia afuera mientras se abanica, en tanto más de cien personas celebran que sigue vivo.

Su vida de marinero lo llevó a viajar por los ríos y las costas del Pacífico sur. “Iba mucho a Buenaventura, allá sí que había buenos marimberos”, recuerda el maestro. Y en sus viajes, después del trabajo, se reunía con los músicos de cada zona y dirigía la fiesta. Luego, cuando dejó las aguas para siempre, se dedicó a trabajar la tierra. Como tantos habitantes del Pacífico, don Guillermo Ríos, alabado marimbero, también fue campesino. Nunca grabó un disco y apenas en su cumpleaños número cien se documentaron por primera vez para el mundo entero los sones de su marimba.

Es difícil entender cómo sigue existiendo la música de hombres como Guillermo en lugares pobres, aislados y en conflicto como Guapi. Y sin embargo, la historia cuenta con numerosos relatos de músicos que han creado en las situaciones más precarias, ¿o el jazz no nació de la segregación racial norteamericana? Pero las cosas han cambiado. Desde hace algunos años el Estado ha puesto sus ojos en la preservación de los patrimonios culturales que están en riesgo de desaparecer.

Jorge Franco, coordinador del Programa de Música Tradicional del Ministerio de Cultura, asegura que estas músicas, con todos sus componentes (instrumentos, ritmos, músicos), construyen el paisaje sonoro de un territorio. “Hemos trabajado en la salvaguarda de la música de marimba a partir de un proyecto establecido mucho antes de que ésta se declarara patrimonio material de la humanidad: ‘La ruta de la marimba’”.

Esta iniciativa comenzó en 2007 y ha evolucionado hasta ahora, que lleva el nombre de “Territorios de la marimba” y busca concentrarse en la relación entre la música y su territorio, sus gentes e historia. El programa llega a 14 municipios del sur del Pacífico, 10 de Nariño, tres del Cauca y uno del Valle. Uno de ellos es Guapi.

Para Franco es importante fomentar y salvaguardar los aires de marimba, dándole más importancia a la función social de esta expresión cultural que al contenido mismo de la música. Es decir, ellos no están ahí para fijar la música en el tiempo, ya que ésta cambia inevitablemente. Están ahí para asegurarse de que “los factores externos de violencia o pobreza no afecten el valor social de una expresión artística. Para que la marimba continúe siendo ese cohesionador social”.

Lo interesante es que a veces sin el apoyo del Estado sigue sonando la marimba. “Las cantaoras siguen llamando a los jóvenes con sus cantos para que no se vayan a la guerra”, dice Franco. Porque el conflicto aún permea a la sociedad guapireña y hay jóvenes que siguen dejando los tacos del instrumento por un fusil. Para el equipo de filmación —de la fundación Río al Sur, liderada por el músico y productor bogotano Tito Medina— la alegría de escuchar los toques se confunde con una desazón desencadenada por las historias de violencia.

“Estamos muy contentos porque la violencia se ha reducido significativamente en el municipio”, responde el alcalde de Guapi. Otros testimonios aseguran que dos semanas antes de que llegara el equipo hubo un ataque a una banda criminal. “Ahora la gente teme por las represalias”, cuenta un testigo del pueblo.

Mientras tanto, el grupo de productores audiovisuales filmaba a Guillermo Ríos tocando su marimba. El marimbero no puede tocar de pie porque no le alcanza la energía de su cuerpo, pero hace lo que puede desde su silla. El sonido es tan mágico e histórico, que borra de la mente de quienes lo escuchan cualquier oscuro pensamiento. “No todos los días se oyen melodías que han alegrado por cien años a un pueblo”, dice Tito Medina.

Los jóvenes de la fundación lanzarán el álbum de Guillermo Ríos y cantaoras de la zona en junio con la disquera Millenium. El disco estará disponible en todas las tiendas del país y  tendrá incluido el documental. “También queremos mandar el video a muchos festivales y difundir lo que nosotros aprendimos con el maestro”, explica Medina.

Porque los viejos como él, o Silvino Mina (también marimbero de Guapi) o el difunto Guillermo Torres (padre del maestro ‘Gualajo’, rey de la marimba en Cali), quedan pocos. Eso no quiere decir que no haya nuevos marimberos, quienes se están apropiando de la música tradicional y, en algunos casos, proponiendo nuevos sonidos. “Eso ha pasado siempre. Hace años lo que había era bambuco viejo y los jóvenes de ese momento lo transformaron en lo que ahora conocemos como currulao”, explica Tito Medina. Como investigador e intérprete, él busca abrir espacios para que la cultura de estas regiones se difunda en el resto del país.

 “No nos gustaría que se repitiera lo que pasó en San Basilio de Palenque cuando fue declarado patrimonio de la humanidad”, explica Tito. Éste fue un momento de optimismo que se fue opacando después de un tiempo. Los habitantes de Palenque siguen siendo pobres, no tienen alcantarillado y todavía no son remunerados por la música que ha salido de su pueblo. ¿Qué pasará con la marimba? Es muy temprano para saberlo.

Lo cierto es que la música de Guillermo Ríos y todos estos maestros aún se mantiene aislada del resto del país, a pesar de esfuerzos de grupos como Chocquibtown por introducirla al ámbito comercial. El desconocimiento de estas culturas está ligado también al desconocimiento de las condiciones de vida de los habitantes del Pacífico y a la poca intervención del Estado en la selva. Aún así, la marimba sigue sonando fuerte por los ríos, la selva y el mar. Así como lo sentencia el maestro Guillermo Ríos: “La marimba nunca se va a acabar”.

Las marimbas  del maestro Guillermo Ríos

Las tablas

Las marimbas del maestro eran hechas de chonta, como todas las marimbas del Pacífico sur. Tenían 24 tablas divididas en tres octavas. Todas eran del mismo grosor y ancho. Iban de la más grande a la más pequeña en sentido de izquierda a derecha.

Los canutos

Son los tubos que se ponen debajo de las tablas para amplificar el sonido. Su diámetro depende del tamaño de la marimba. Están colgados  de una vara del palo de yaré, que los atraviesa y descansa en las cabeceras de la base.

Los tacos

Son las baquetas utilizadas para percutir la marimba. El maestro Ríos los elaboraba en madera y recubría uno de los extremos con caucho natural y crudo. Tenían aproximadamente 35 centímetros de largo y su grosor de 2 centímetros de diámetro.

La base

Aún es posible encontrar en las veredas aledañas marimbas colgadas en las estructuras de las casas. Actualmente es común montarlas sobre un soporte o base de cualquier madera estable.

Nuevas generaciones

María Elena Anchico es la única mujer que ha aprendido a tocar con Guillermo Ríos. Tenía  escasos cuatro años, y habitaba la casa de al lado del maestro en Guapi, cuando comenzó a interesarse.

Ahora vive en Bogotá y trabaja como profesora e intérprete en varios grupos musicales. El hijo de José Antonio Torres Gualajo, Jalier Torres, también ha llevado a otras ciudades los sones tradicionales de los viejos. Toca en un grupo que mezcla música africana con colombiana llamado Africali.