Me duele la pancita

Intoxicación, infecciones virales o bacterianas pueden dañar el estómago de su niño. Además de molestas y dolorosas, las afecciones gastrointestinales pueden causar deshidratación y necesitan atención inmediata.

“El sistema inmune de los niños se encuentra en proceso de maduración, alcanzando un desarrollo completo en la edad escolar. Es por esto que las infecciones respiratorias y gastrointestinales son frecuentes en la edad preescolar, aceptándose como normal que un niño sano tenga entre 6 y 8 episodios infecciosos en un año”, explica la pediatra Amparo Díaz.

Así es que los niños, pasada la lactancia materna, son más propensos a padecer enfermedades por virus como los que invaden el tracto gastrointestinal siendo el rotavirus el más conocido de todos. Cuando la diarrea y el vómito son causados por una enfermedad viral hay poco que se puede hacer además de atender los síntomas pues los ciclos virales no se pueden controlar. En estos casos, es necesario combatir los dolores estomacales con un antiespasmódico, hidratar mucho al niño y mantener una dieta sin lácteos ni dulces.

En caso de ser una infección bacteriana, el pediatra procederá a administrar antibióticos. Para tener claridad sobre qué tipo de origen tiene la gastroenteritis es conveniente hacer un examen coprológico además de toda la sintomatología que debe ser indicada al pediatra para que él pueda hacer un diagnóstico acertado. Las diarreas en niños menores de 24 meses pueden ser muy riesgosas, pues el proceso de deshidratación es muy rápido. La recomendación más importante es que cuando ve que su hijo o niña mayor de 6 meses tiene más de 4 deposiciones en un día, acuda o llame al pediatra.

Para prevenir infecciones:

• Hierva el agua en casa.

• No le dé al bebé jugos de fruta si no sabe cómo fueron preparados.

• Evite alimentos crudos para niños menores de 12 meses.

• Prepare los alimentos del bebé en casa con implementos dedicados sólo a ellos.

¿Qué es la deshidratación?

Es la pérdida de agua y de electrólitos (sodio, potasio, cloro, calcio...). Un bebé deshidratado (por vomitos o diarrea agudos) tiene sed extrema, toma líquidos con avidez, se le puede ver la fontanela y los ojos hundidos y la boca y la lengua están secas y ásperas. La deshidratación extrema puede causar convulsiones. Si el bebé no se hidrata rápidamente y sigue perdiendo fluídos acuda a urgencias.

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