Memorias de un escribidor

Imágenes de álbumes de infancia, cartas intercambiadas con amigos y el registro de tantos años de escritura componen la exposición ‘Mario Vargas Llosa, la libertad y la vida’ que ocupará 500 m2 en Corferias.

Mario Vargas Llosa aporreó su puño contra la mesa y el auditorio quedó en silencio. “Quiero lanzar un puñetazo aquí en el pupitre y asegurar que no estoy muerto”, dijo después del golpazo. El nobel de Literatura había recorrido unos minutos antes la exposición bautizada Mario Vargas Llosa, la libertad y la vida, una muestra llena de fotos impresas en gran formato que resumían toda su vida. Desde 1937, cuando su madre, Dora Llosa Ureta de Vargas, posa ante la cámara con una sonrisa mientras sostiene a un niño en mameluco blanco que amenaza con largarse en llanto, hasta su momento de encuentro con el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia,  hace unos meses, cuando recibió el más grande galardón de la literatura mundial, al escritor la vida se le reveló en una sucesión de imágenes.

Y quizá fue el mito ese de que antes de la muerte se recapitulan los momentos más importante de la vida, o quizá fue el temido parecido con esas exposiciones que “se consagran a los muertos”, lo que le hizo sentir ganas a Vargas Llosa de, con un golpe, saberse aún en el reino de los vivos. El episodio se remonta a la inauguración de la exposición que organizó la Pontificia Universidad Católica de Lima sobre la vida del escritor peruano, la misma exposición que aterrizará en Bogotá en 500 metros cuadrados como uno de los eventos protagonistas de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que se inicia el próximo miércoles 4 de mayo en Corferias.

Si “lo escrito se basa en lo vivido”, como muchas veces ha sentenciado el autor de La ciudad y los perros y El paraíso en la otra esquina, entonces recorrer esta exposición curada por su paisano y amigo, el también escritor Alonso Cueto, será la oportunidad de ver en momento congelados en el tiempo la génesis de su obra literaria. Será la oportunidad, como lo dijo el mismo Vargas Llosa, “de leer un libro sobre su propia vida que no se propuso escribir”, del que no fue consciente mientras escribía.

“Esta exposición no sólo es el más grande recorrido que se ha hecho de la vida y obra de Mario Vargas Llosa, sino que tiene la virtud de resumir un común denominador de su existencia: esa defensa incansable del valor de la libertad. Él es un rebelde en un país donde la resignación y la apatía a veces son lo más frecuente. Eso se hace evidente mientras se camina por la exposición”, explica Alonso Cueto, quien tiene un conocimiento tan particular del nobel que guarda entre sus recuerdos compartidos el día aquel que un brujo en Ayacucho, leyendo unas hojas de coca, le vaticinó a Vargas Llosa que ganaría el Nobel, “sólo tendría que tener paciencia”.

La exposición revela así imágenes de infancia que salieron de los más privados álbumes familiares. Una con su hija Morgana, en Lima, en 1979, otra en Marbella juntos todos en un sofá, con su esposa Patricia y sus nietos Leandro, Josefina, Isabella, Aitana y Ariadna en 2007. También una indiscreta, mientras el nobel con pinta de ciudadano común y acalorado se toma el agua de un coco en la isla de Tahití.

En la exhaustiva selección de imágenes, consignadas en un libro de gran formato editado por Planeta, que estará a la venta en la Feria del Libro, se cuela además una memorable imagen de Vargas Llosa mientras reposa solo en la mesa central de un bar llamado La Catedral, con un par de botellas de cerveza y un vaso servido. Una foto tomada en 1969, en el lugar que se convirtió en el hilo conductor de la novela en la que Vargas Llosa condena la dictadura peruana, Conversación en la catedral. Por supuesto, la exposición recoge también sus retratos con amigos y escritores. Una con Julio Cortázar, cuando viajaron a Grecia, en 1967, como traductores de la Unesco, otra en el aeropuerto de Lima cuando Vargas Llosa y Gabriel García Márquez tan solo llevaban un mes de ser amigos. “Esta exposición es un intento de mantener el recuerdo de lo que constituye la memoria inasible que impulsó la obra literaria, artística, política e intelectual de un creador de mundos signado por la vida y la libertad”, explica Édgar Saba, uno de los involucrados en la creación de la exposición en la Universidad Católica de Lima.

La muestra incluye también algunas cartas. Una curiosa e inocente que el niño Mario envió al Niño Dios, fechada el 13 de diciembre de 1944: “Niño Dios: como estás pobre no me traigas muchas cosas. Quiero los anteojos de aviador que hay en la bombonería España. También si pudieras cartera y billetera. Al otro año a ver si puedes el cine que hay en la casa Marilú”. Se podrá ver también la carta que Mario Vargas Llosa le envía a Julio Cortázar en 1965,  adjunta al manuscrito de La casa verde. “Vos sos América. La tuya es la verdadera luz americana, su verdadero drama, y también su esperanza en la medida en que es capaz de haberte hecho lo que sos”. Finalmente, la exposición incluye la carta con firma de Peter Englund, el secretario permanente de la Academia Sueca, que le envían al escritor peruano para comunicarle que ha sido merecedor del Nobel de Literatura.

 

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