Miles de fieles reviven la muerte de Cristo entre la lluvia de Jerusalén

Mientras algunos cargaban grandes cruces de madera de olivo, otros avanzaban con estampitas, rosarios o cruces más pequeñas.

En medio de una intermitente lluvia, miles de fieles cristianos recorrieron con rezos y cruces de madera las estrechas callejuelas de la ciudad vieja de Jerusalén en conmemoración del camino de Jesús hacia la muerte.

Peregrinos, palestinos cristianos y curiosos abarrotaron desde el mediodía el "Vía Crucis", catorce estaciones que comienzan en una escuela musulmana donde se sitúa la destruida Fortaleza Antonia (en la que Jesús fue condenado a muerte) y concluyen en el Santo Sepulcro, lugar de su crucifixión y entierro.

La mezcla de lenguas, vestimentas y ritos ponía de manifiesto la coincidencia este año del calendario ortodoxo y el que siguen católicos y protestantes, que ha hecho que todas las iglesias cristianas celebren la Pascua en la misma semana.

Entre los peregrinos, muchos rusos ortodoxos, que se confundían en la Vía Dolorosa con italianos, filipinos, rumanos, estadounidenses e indios, entre otros.

Todos ellos dirigieron sus pasos hacia el Santo Sepulcro cuando la lluvia cesó por completo, lo que incrementó las habituales aglomeraciones.

Destacaba entre la multitud un grupo de devotos colombianos que cantaba "¡Perdona a tu pueblo, perdónalo Señor, no estés eternamente enojado!", tras una mujer que portaba a hombros una pesada cruz y lloraba de la emoción.

Mientras algunos cargaban grandes cruces de madera de olivo, otros avanzaban con estampitas, rosarios o cruces más pequeñas.

"Es un día de gloria y felicidad porque hace 2.000 años Jesús murió por nosotros y ahora, al venir aquí, le devolvemos una mínima parte de lo que él hizo por nosotros", señalaba la ecuatoriana Maite Briones sobre su primer peregrinaje a Jerusalén.

Esta devota recordó que "mucha gente" carece de su misma "suerte" de recorrer los pasos que dio Jesús en su camino a la cruz.

También la estadounidense Linda Carr visitaba por primera vez Tierra Santa, donde, destacó, "ha tenido el privilegio" de bautizarse en el río Jordán.

"Me siento estupendamente. Hay algo muy pacífico en Jerusalén", dijo cruz en mano antes de quitar importancia a la lluvia: "A diferencia de un azucarillo, soy dulce pero no me disuelvo".

En la plaza de la Basílica, decenas de palestinos cristianos rezaban con un misal en árabe, dirigidos con un altavoz por sus clérigos, mientras la Policía israelí limitaba la entrada al santo lugar para evitar aglomeraciones.

Uno de ellos, Georges, destacaba la importancia del Viernes Santo para los cristianos de todo el mundo y, en especial, para su menguante comunidad en el seno de una sociedad, la palestina, principalmente musulmana.

"Hoy y el domingo (de Resurrección) nos hacen lo que somos, nos hacen cristianos. Jesús murió por nosotros y luego resucitó también por nosotros. Ese es el mensaje del Mesías y tratamos de seguirlo a diario", explicó.

Los ritos se iniciaron a primera hora de la mañana con una misa en el Santo Sepulcro en la que se celebró la Pasión del Señor.

La procesión franciscana, una de las más concurridas, se inició al mediodía en el pretorio, primera estación y en la que el procurador romano Poncio Pilatos dictó la sentencia de muerte de Jesús mientras se lavaba las manos, de acuerdo al relato bíblico.

Mañana, sábado, la Iglesia Ortodoxa, la más numerosa de Tierra Santa, celebrará en el Santo Sepulcro el rito del fuego sagrado, en conmemoración del milagro de la Resurrección.

Los creyentes consideran que el fuego se enciende en el interior de la Basílica gracias a un milagro que se repite cada año.

Los fieles que inundan el lugar se pasan luego el fuego de unos a otros en una ceremonia no exenta de riesgos.

Las celebraciones pascuales concluirán el lunes en la aldea palestina de Al Qubeiba, a unos once kilómetros de Jerusalén, donde los frailes franciscanos conmemorarán la aparición de Cristo ante dos de sus discípulos en Emaús.
 

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