Ming, el gigante chino

El pívot de los Houston Rockets, de 2,29 metros de estatura y uno de los primeros asiáticos en jugar en la NBA, se fue perturbado por varias lesiones.

Con la retirada de Yao Ming del baloncesto se va también un orgullo para China, un modelo de comportamiento y trabajo y, sobre todo, el jugador que, con su marcha en 2002 rumbo a Houston desde Shanghái, provocó la apertura de un gran mercado para la NBA y simbolizó, desde un modelo diametralmente opuesto, los valores que China quería mostrar al mundo.

No en vano, el 1° de mayo de 2005, el Día de los Trabajadores, fue elegido Trabajador Modelo del Comunismo, un galardón hasta entonces reservado a campesinos y obreros, decisión polémica que Yao zanjó con diplomacia y la frase que mejor casa con la idiosincrasia china: “Lo tomo como un honor, pero comparado con las contribuciones que otros han hecho a la patria todavía me queda mucho que mejorar”, dijo entonces el jugador, que con los años se ha convertido en el mejor embajador de China, tanto dentro como fuera del país.

Además de defender numerosas causas sociales, Yao, de 2,29 metros, portó la bandera de China en los desfiles de inauguración de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, y Pekín 2008, siendo con ello el abanderado más alto de la historia del certamen, un curioso motivo de orgullo para el país.

Según el periodista estadounidense Brook Larmer, autor del libro Operación Yao Ming, el pívot es un producto nacido de la mente de Mao Tse-Tung, que aspiraba a hacer del deporte un arma política “creando” atletas.

Los padres de Yao fueron estrellas del baloncesto chino que no lo abrazaron voluntariamente, sino que fueron sometidos a una férrea disciplina durante el maoísmo para “incrementar la gloria del país”. A pesar del pasado de sus padres, Yao probó suerte en otros deportes, como el waterpolo, de donde se tuvo que retirar al alcanzar los dos metros de altura y hacer pie en la piscina.

Ya en el deporte de la canasta, llegó al primer equipo de los Sharks en 1997, con 17 años, donde mejoró de forma continua hasta convertirse en la estrella de su equipo y propiciar, en 2002, su elección como número uno del draft de la NBA.

Los inicios de Yao en Estados Unidos estuvieron a la altura de las expectativas y, en su primera temporada en Houston, logró una media de 29 puntos y 8,2 rebotes por partido, confirmando las buenas sensaciones mostradas en Shanghái y dando la razón a aquellos que apostaron por su fichaje.

Año tras año, Yao se fue convirtiendo en la estrella de los Rockets y fue habitual su presencia en el All Star, sobre todo por las votaciones en masa de una China que había descubierto el baloncesto al más alto nivel y que estaba volcado con el shanghainés.

Una osteomelitis aguda en el dedo gordo del pie izquierdo diagnosticada a finales de 2005 hizo que Yao se perdiera 21 partidos y, a pesar de todo, volvió al All Star de aquella temporada, tras el cual vivió sus mejores momentos en Houston, promediando 25,7 puntos y 11,6 rebotes por partido.

Una ascensión que se vio frenada otros seis meses por una nueva lesión, en su pie izquierdo, en un partido ante Utah Jazz. A pesar de ello, Yao Ming ya era algo más que un jugador de baloncesto para China. Al crecimiento exponencial de la audiencia se sumó el interés de patrocinadores como la líder cervecera china Tsingtao, que se convirtió en el primer patrocinador del país asiático en la NBA.

Además, el pívot tendió puentes antes impensables y abrió las puertas de China a jugadores estadounidenses como Mike Harris, Kirk Snyder o Bonzi Wells, que vieron en el gigante asiático un lugar donde alargar su vida deportiva y su salario.

Al mismo tiempo que la popularidad del pívot crecía, su rendimiento seguía estando afectado por las lesiones, las cuales impidieron al shanghainés tener una presencia continuada en las pistas. Lesiones que de nuevo, tras firmar una impresionante campaña 2008-2009 promediando 33,6 puntos y 9,9 rebotes por partido, volvieron a golpearle, limitando la presencia de Yao en la pasada temporada a sólo cinco partidos.

Con este bagaje y ante la incertidumbre por la situación de lockout (cierre patronal) que vive la NBA, el pívot anunció este miércoles su retiro de las canchas. Una despedida que deja tras de sí la llegada de un pionero a Estados Unidos, la apertura de un mercado y, finalmente, el fin de un símbolo cuya aportación al mundo del baloncesto sólo podrá verse, en su justa medida, con el paso de los años.

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