Mintrabajo: ¿realidad o frustración?

Los retos y apuestas que debe tener en cuenta la cartera en la que está empeñado el Gobierno.

La conformación del nuevo Ministerio de Trabajo es de interés del Gobierno, trabajadores, empleadores y especialistas que por estos días se ocupan del asunto con la pretensión de que la nueva cartera responda a las expectativas y necesidades de un país que quiere y necesita transformarse para alcanzar niveles de desarrollo que garanticen el bienestar de su población.

A lo anterior se suma la especial coyuntura suscitada por la suscripción del TLC con los EE.UU., que para su presentación y aprobación ante el Congreso norteamericano ha sido necesario la  movilización de las más altas autoridades nacionales, no sólo del sector trabajo, para crear condiciones que garanticen el respeto y protección de los derechos fundamentales del trabajo.

Al examinar la historia reciente, en muy contadas ocasiones, la cartera laboral ha tenido el protagonismo requerido para la formulación y conducción de la política de empleo, de trabajo y de seguridad social de los trabajadores y sus familias. Por el contrario, su accionar  se ha restringido a intervenir en conflictos laborales que por su importancia estratégica, impacto sobre el orden público o porque las propias partes lo consideran, han  llevado a que el ministro del ramo se transforme en el gran “Inspector del Trabajo”.

En efecto, el país ha carecido de una cartera de Trabajo con la capacidad y presencia suficientes para atender los delicados asuntos de su competencia. Las razones son de diversa naturaleza, entre otras la asignación insuficiente de recursos y la continuidad en su dirección. La cartera laboral ha servido para ajustar las cuotas políticas, lo cual explica el bajo promedio de permanencia de los ministros y su abultado número.

Hoy, los ministerios de Trabajo cumplen una destacada misión. En economías dinámicas y altamente competitivas, les corresponde promover el desarrollo y el crecimiento sostenido de la productividad, la promoción de una clase trabajadora más calificada que corresponda a los requerimientos de los sectores productivos con el fomento del trabajo decente.

Para ello la cartera de Trabajo deberá liderar y promover el diálogo social, preparar y fortalecer a los actores sociales, desarrollar y consolidar la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, cuyos resultados han sido exiguos en términos de acuerdos alcanzados en sus 20 años de existencia.

La seguridad y protección social es otro ámbito esencial de ese gabinete. Paradójicamente, el Sistema de Subsidio Familiar, objeto de profundos cuestionamientos e intervenciones, no ha contado en dicha entidad con una área especializada que se ocupe de su conocimiento, seguimiento y evaluación, insumos necesarios para la formulación de una política que decida la suerte de esta prestación y de las Cajas del Subsidio Familiar.

La tarea de inspección, vigilancia y control que ha ejercido el Ministerio a través de oficinas territoriales e inspecciones del trabajo ha sido ejecutada en condiciones adversas. La entidad cuenta con menos de 300 inspectores que carecen de los recursos necesarios a tal grado, que en no pocas ocasiones dependen de la colaboración de las propias partes vigiladas.

Esta función de policía administrativa debería ser competencia de un organismo especializado con una alta capacidad técnica, cuya naturaleza garantice la autonomía, independencia e imparcialidad que requiere la administración del trabajo. Resultaría conveniente que el Gobierno evalúe la posibilidad de conformar una Superintendencia del Trabajo, con autonomía financiera y administrativa, que dé su neutralidad a empleadores y  trabajadores, no sujeta a cambios e injerencias políticas.

Es importante que el actual Gobierno comprenda que no bastará con un buen diseño de la estructura de la cartera de Trabajo, más importante que esto será la formulación y ejecución de un proyecto para su conformación y desarrollo, como el que requeriría el montaje y puesta en marcha de cualquier nueva empresa. Son innumerables y sucesivas las reestructuraciones de la cartera de Trabajo que han emprendido y adoptado cada uno de los gobiernos desde finales de los ochenta, todas con poco éxito, que se evidencia en los grandes problemas que persisten en materia de trabajo decente, empleo y seguridad para empleadores, trabajadores y para la población colombiana en general.

Director del Departamento de Seguridad Social y Mercado de Trabajo, Universidad Externado

 

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