"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 2 horas

Modernización de las Fuerzas Armadas

EL GENERAL (R) FREDDY PADILLA de León, cuando fue comandante general, inició un proceso de modernización del Ejército con el propósito de alcanzar la conjunción de las Fuerzas Armadas.

Se buscó, al igual que en otros países del mundo, que éstas operaran no sólo coordinadamente, como ocurre cuando trabajan con la Policía Nacional, sino que se integraran, es decir, se sometieran bajo un solo mando durante las operaciones. La idea, a grandes rasgos, consistió en implementar un sistema de comandos generales para ordenar, desarrollar y dirigir las operaciones en el campo, los cuales tendrían potestad sobre las Fuerzas Armadas, independientemente de quién las entrenara. Tal reestructuración, además de un cruce de poderes que podría matizar los protagonismos, lograría claras ventajas estratégicas; cada operación tendría, a disposición de una unidad de mando, a la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército. El Comando Conjunto Caribe, el Comando Conjunto Pacífico y la Fuerza de Tareas Omega son avances en este proceso.

El apoyo de la administración Santos al propósito de modernización se hizo evidente con la designación del almirante Édgar Cely en la comandancia general. Decisión que, por supuesto, molestó a una parte importante del Ejército. Como es bien sabido, éste ha alegado primacía en las Fuerzas Armadas no sólo por ser el componente más antiguo de la defensa nacional, sino por llevar el mayor peso de la guerra contrainsurgente. Ambas, razones que se han soportado en un mayor poder histórico. De aquí que disguste la repentina aparición de un uniforme negro, en lugar de uno verde, en la alta jefatura. No obstante, más allá del desacuerdo que se pueda presentar por parte de miembros del Ejército y su cúpula, cada vez es más evidente la importancia de las otras dos fuerzas y la necesidad de conjunción de las tres instituciones. La salida del general Gustavo Matamoros, llamado a calificar servicios por el propio presidente de la República el pasado miércoles, parece haber sido otro mensaje  del Gobierno a todos aquellos que se opongan al proceso de conjunción.

La modernización de las Fuerzas Armadas, sin embargo, exige más que señales dispersas del Ejecutivo. La Unidad Nacional, llamada a actuar después de ocho años de las más radicales polarizaciones, debe hacer lo mismo, o mejor, recrearse dentro de las estructuras militares. La voluntad del Ejecutivo tiene que verse no sólo en esporádicas intervenciones, sino en un programa completo de reorganización y unificación. Más aún, si tiene en cuenta que las divisiones que se deben saldar responden también a los escándalos por los lamentables episodios de los “falsos positivos”, a cuyos responsables, como lo mostraron los excesos de los condenados en Tolemaida, se busca proteger. Y ello sin mencionar los distintos líos por malos manejos en licitaciones que  están saliendo a la luz pública. Las grietas son profundas, sin duda, pero deben resolverse, a menos que se pretenda tener a la cúpula militar dividida en tiempos de guerra.

Ha hecho bien la administración Santos en rescatar los aspectos sociales del Estado. Apuesta que además le ha resultado políticamente provechosa. Pero la defensa nacional no puede descuidarse y para esto es indispensable que el Ejecutivo, primero, rescate en la opinión pública la importancia de las Fuerzas Armadas —lo que supone aclarar y corregir más de un exceso—, y segundo, que apoye legislativa y financieramente su modernización. Hay modelos de defensa que unos patrocinan y otros critican, pero el peor de todos es el que se deja a media marcha. Las Fuerzas Amadas deben dirigirse hacia un mismo objetivo, el cual se estableció desde la comandancia del general (r) Freddy Padilla. El almirante Cely tiene menos peso político, pero éste se lo puede ofrecer el Gobierno si así lo decide y es importante que lo haga.