Moreros pensando en grande

En Riosucio, Caldas, 75 familias campesinas productoras de mora le apuestan a asociarse y a cultivar para la industria de alimentos, como Alpina, empresa que los apoya con asistencia técnica y les compra la producción.

Dos veces a la semana, Dagnober Largo Taba, indígena y campesino de Riosucio (Caldas), despacha más de 100 kilos de mora para Alpina.

Todos los martes y jueves, a eso de las 4:00 p.m., desde su finca hasta la orilla de la trocha, transporta al hombro, y cuesta arriba, un tanque que contiene entre 10 y 20 kilos de la fruta. Mientras que él hace cuatro o cinco viajes para subir la producción de la semana, su mujer coordina la entrega al conductor del camión, quien tiene como destino final la planta de Alpina en el municipio de Chinchiná.

Largo Taba dice ser “un agricultor exitoso”. Asegura que por una hectárea es capaz de producir hasta 40 toneladas de mora, cuando el promedio nacional está cercano a las cinco toneladas en ese mismo espacio de tierra. Él, orgulloso, expresa que esta proeza nadie se la cree y que para muchos productores se ha convertido en un modelo a seguir.

Desde hace más de 10 años, su familia y otras tres, pertenecientes al Resguardo Indígena Nuestra Señora Candelaria de la Montaña (Riosucio, Caldas), de la etnia Embera-Chamí, abandonaron el modelo minifundista y se asociaron en torno al cultivo de la mora para crear en 1999 Asofrumon, una asociación de fruticultores que lleva el mismo nombre del resguardo.

Esta iniciativa surgió con el apoyo de Alpina, empresa que los ayudó financieramente, aportó el acompañamiento técnico y en la actualidad les compra la producción, que en promedio son dos toneladas a la semana.

Dagnober Largo Taba, quien empezó como un asociado más y ahora es el vicepresidente de Asofrumon, explica los motivos por los cuales 75 familias hoy son parte de la asociación: “Aquí no había nada para hacer, las únicas opciones que teníamos eran las de ser arrieros o fletear macana. Y los pocos que teníamos cultivos fuimos engañados por los intermediarios, que llegaban con promesas y plata los tres primeros meses, después fiaban y por último no volvían y nos dejaban con las deudas”.

Alpina paga a estos moreros $1.480 por kilo de mora con pitón y $2.200 despitonada. Y asegura la compra de toda la producción de esta asociación y de otras cuatro que están ubicadas en los municipios de Aguadas, Aránzazu y Villa María, en el departamento de Caldas, con las que tienen convenios firmados y que abastecen el 100% de los requerimientos de mora para los procesos industriales de la planta de esta compañía en Chinchiná.

“Yo como agricultor prefiero tener un contrato que, además, siempre se renueva todos los años y en el que se establece un precio fijo, así suba o bajen los precios de los alimentos. Nuestro reto es aumentar la calidad y producción, porque no es lo mismo vender para el mercado de plaza, campesino, que para la industria”, explica el vicepresidente de la asociación.

Asofrumon provee a Alpina cerca de 204 toneladas al año de mora con pitón (utilizada en refrescos) y 180 toneladas despitonada (utilizada en postres y yogures).

En 2009, 25 familias implementaron Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en sus cultivos y están dando los primeros pasos para certificar sus cultivos. Esto se llevó a cabo en alianza con Alpina, la Fundación Smurfit Cartón de Colombia, Asohofrucol y el Sena.

En este año, los productores iniciaron un proyecto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Redeamérica para incrementar la productividad de sus fincas, mediante la renovación de los cultivos de mora y capacitaciones en técnicas de producción y gestión del negocio.

Ahora los campesinos quieren diversificar el cultivo pensando en lo que requiere la industria, por eso le están apostando a la fresa, que si bien no es un fruto nativo de la zona, ellos planean llevarlo más allá: lograr una producción limpia, sin plaguicidas, con el fin de reducir costos y aumentar la calidad del alimento.

En 2010, Alpina apoyó el establecimiento de una parcela demostrativa de fresa con cerca de 1.000 plantas. La prueba resultó y una familia compuesta por cinco hermanos, siguiendo el esquema de producción limpia, inició la siembra de este cultivo con cerca de 15.000 plantas, las cuales son importadas de Chile y cada una tiene un valor de $380.

Félix Largo, quien ya implementó el cultivo de fresa con la asistencia técnica de Alpina, asegura que decidió apostarle el negocio gracias a las ganancias que le generó la parcela demostrativa. “No lo pensé más y les propuse a mis hermanos que sacáramos un crédito por $9 millones con el Banco Agrario. Estamos contentos porque confiamos en que a ocho meses ya lo habremos pagaremos. Además ya somos famosos en el pueblo, los agricultores no pueden creer que estemos cultivando fresa y sin químicos”.