Morir en una guerra ajena...

El príncipe Felipe presidió el funeral de la soldado tolimense Niyireth Pineda. Su familia espera que su cuerpo llegue a Pereira.

El funeral se inició pasadas las 11 de la mañana en la Base Militar General Alemán Ramírez, en Las Palmas de Gran Canaria. El príncipe Felipe, solemne, presidió la ceremonia. La ministra de Defensa, Carme Chacón, con rostro menos grave que el del lunes, despidió con honores a los caídos, el sargento asturiano Manuel Argudín y la soldado colombiana Niyireth Pineda Marín. Las víctimas 95 y 96 de las tropas ibéricas apostadas en Afganistán desde hace nueve años.

Cuarenta y ocho horas atrás, a escasos 20 kilómetros para regresar a la base española en la provincia de Baghdis, un artefacto explosivo segó sus vidas e hirió a tres soldados más, entre ellos a otro colombiano, Johnny Alirio Herrera, quien se recupera satisfactoriamente. La Casa Real les otorgó a título póstumo la Cruz del Mérito Militar. En una semana, consumados dos feroces ataques del terrorismo talibán, la misión española, integrada por 1.500 soldados, sufrió un revés estratégico, justo en tiempos en que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero anunciara un plan gradual de retirada de las tropas que finalizaría en 2014.

La tolimense Niyireth Pineda —antes maestra, madre soltera a los 19 años, con un hijo de 12 y otra hermana, Neila, en la milicia española— es la segunda persona de origen colombiano que pierde su vida en el convulso país asiático. John Felipe Romero, hace 16 meses, corrió la misma suerte. Hace escasos cuatro años tres soldados de origen colombiano repitieron escenas similares. Si las cuentas de los expertos en seguridad española son de buena tinta, los inmigrantes latinoamericanos representan el 7% de las tropas. Un 7% de aproximadamente 83.000 militares.

De hecho se especula que enrolados en las Fuerzas Armadas de España podría haber un poco menos de 2.000 colombianos, superados apenas por los ecuatorianos. ¿El Ejército es acaso una oportunidad para regularizar su situación en la península, una garantía de estabilidad laboral? En tiempos de la presidencia de José María Aznar se abolió en España el servicio militar obligatorio y casi un lustro después las Fuerzas Armadas abrieron inscripciones para que los extranjeros de origen hispanoamericano pudieran alistarse. Las condiciones eran bastante mínimas y un sueldo anual, en 2006, de 13.372 euros.

¿Qué explica este porcentaje considerable de inmigrantes en las Fuerzas Armadas españolas? Carlos Plá, catedrático de ciencia política de la Universidad Complutense, sostiene que se debe a que la juventud en España tiene un desinterés general por incorporarse en esos escenarios. “Si tienes permiso de residencia, con plazos muy cortos se puede conseguir la nacionalidad, por lo cual no creo que sea un factor definitivo para enrolarse en el Ejército”. En el caso de Niyireth Pineda, según le contó su madre ayer a El Espectador, fue la tenaza económica la que la obligó a salir de casa para perfilar mejores destinos.

Afganistán ha sido escenario durante décadas de cruentas guerras que ingleses, soviéticos y —ahora— aliados no han sabido descifrar, mientras el goteo de sangre continúa ensanchando las estadísticas (este año han sido asesinados 271 integrantes de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN y 240 civiles más perecieron en 19 atentados suicidas). Es la opinión del escritor y experto en el mundo árabe David Solar: “Siempre nos han dicho que se combate para devolverle la democracia a Afganistán y acabar el terrorismo. En realidad no creo que la situación mundial empeore cuando las tropas se vayan. Las víctimas cesarán. Por muy represivo que sea un régimen no podrá compararse nunca con las secuelas de una auténtica guerra”.

¿Fue un error la intervención española en Afganistán? “Ni error ni acierto —dice Plá—, España está cumpliendo compromisos internacionales con el sistema de defensa occidental y ha pagado ese compromiso”. Una obligación que de todas maneras le ha costado muchas vigilias al gobierno de Zapatero. En distintas misiones internacionales en Libia, Uganda, Líbano, Somalia o Afganistán, sumados los relevos, España ha requerido los servicios de 9.557 militares.

El diputado Gaspar Llamazares pidió la urgente salida de los españoles del país asiático “ante el sacrificio y la sangría insoportable” de víctimas. En dicho escenario poco se sabe de la delegación de 42 curtidos militares colombianos que habrían sido enviados a Afganistán para apoyar la misión española, según se anunció con bombos y platillos en 2009 tras un encuentro diplomático en Bogotá.

La ONU reveló que 2.777 civiles perecieron en Afganistán tan sólo el año pasado, las horrorosas cifras de la guerra. Mientras se sigue documentando la barbarie, la familia de Niyireth espera que su cuerpo sea repatriado a Colombia en las próximas horas para darle un sentido adiós en Pereira. Ayer sus compañeros de batalla, en la Base Militar en Canarias, le cantaron para siempre La muerte no es el final.

 

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