Movimiento de los indignados sigue firme

Organizarán asambleas los barrios de Madrid (España) para debatir cambios en su democracia y su monarquía.

Manifestantes del movimiento 15-M seguían acampados este martes en la Puerta del Sol de Madrid reclamando mejoras sociales, políticas y económicas, en una protesta que dura ya más de una semana. "Sigue habiendo mucha participación ciudadana", señala Nerea, una de las portavoces del campamento de la Puerta del Sol, que surgió de forma espontánea tras una manifestación el domingo 15 de mayo.


Esta joven estudiante de relaciones públicas era una de las encargadas este martes de comunicarse con los medios, cargo que va rotando cada día según las personas disponibles y también para evitar que el movimiento se identifique con caras concretas.


Cientos de personas participaban en las diferentes asambleas o actividades lúdicas y organizaban voluntariamente el campamento a través de comisiones con una alta participación, señala Iván Villanueva, un estudiante de comunicación audiovisual de 20 años participante en la comisión de "respeto". "Propuestas hay muchas", y ahora el objetivo es organizarlas. "No podemos mover voluntades", sentencia Manuel Isaac, joven desempleado de 21 años.


A diferencia de la semana pasada, ya no tienen lugar las concentraciones diarias al final de la tarde y la actividad se centra ahora en decidir cómo organizar este movimiento y qué hacer después del domingo, cuando está previsto que el campamento sea levantado.


El sábado las asambleas se trasladarán a los barrios de Madrid, para debatir cuestiones locales en lugar de temáticas, y todas las conclusiones serán puestas en común en una asamblea general el domingo en la Puerta del Sol, donde la acampada surgió de forma espontánea tras una manifestación de jóvenes el 15 de mayo.


Desde la comisión de "respeto", Iván se encarga junto a otros compañeros de recordar a los manifestantes que "no se puede beber ni fumar", aunque "la gente lo sabe de sobra", matiza. También vigila que cuando lleguen cámaras de televisión "no se revolucione la gente", para que "en el extranjero vean que la protesta es seria".


Mientras tanto, algo apartados de la plaza, una asamblea de comunicación debate cómo gestionar las cuentas de Twitter y de Facebook oficiales, pues las redes sociales están siendo uno de los medios más empleados por este movimiento para difundir sus acciones y decisiones.


Bajo las lonas de plástico que poco a poco han ido cubriendo la plaza, varios jóvenes refrescan el ambiente con pequeños surtidores de agua, mientras en la "enfermería" ofrecen botes de protector solar y desde los puestos de "alimentación" se solicitan voluntarios para hacer bocadillos.


También recuerdan, como hace Manuel, que la comida es "para los acampados activos". "Esto no es un picnic", grita por un pequeño megáfono. En los últimos días, los acampados vieron cómo personas ajenas a la protesta se aprovechaban de los repartos de comida, llevada voluntariamente por simpatizantes de las concentraciones, para obtener alimentos gratuitos. "Aquí no se viene a comer gratis", insiste Manuel.


A pesar de estos controles, Manuel señala que entre los acampados hay "tranquilidad" y que, cuando surge un problema, la comisión de "respeto" se encarga de resolverlo. También matiza que "no ha habido desalojos", a pesar de que en la última noche hubo rumores de que así era.


En otro de los puestos de reparto de alimentación participa Paco, un jubilado que decidió unirse a esta protesta, mayoritariamente joven, para denunciar los planes de jubilación, que considera "injustos".


El movimiento 15-M, formado por diferentes asociaciones y grupos sociales con diversos reclamos, se extiende además a varias ciudades españolas donde hay instalados campamentos en algunos de los puntos clave de éstas, a las cuales se unen otras ciudades en Europa.

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