Muerte en la carretera

El pedalista, de 26 años, sufrió una aparatosa caída que le fracturó el hueso frontal del cráneo y perdió la vida sin llegar al hospital.

El Giro de Italia pasó de la fiesta al luto en unas horas, de la gran despedida de la carrera en Reggio Emilia al llanto en Rapallo, adonde llegaron contundentes las palabras del doctor Giovani Tredici confirmando la muerte del belga Wouter Weylandt, de 26 años, tras sufrir una estremecedora caída en pleno descenso del Passo di Bocco, a 25 kilómetros de la meta.

Wouters se fracturó el frontal del cráneo y las primeras imágenes del corredor de Gante en medio de un charco de sangre indicaron lo peor.  Enseguida entró en paro cardiorrespiratorio, cuando aún seguían bajando corredores entre las curvas del puerto. Algunos no quisieron ni mirar, porque sabían que aquello era grave.

Cuando llegaron los médicos, con el doctor Tredici al frente, ayudado por su colega del Garmin, la suerte estaba prácticamente echada. Los masajes de reanimación, mientras llegaba el helicóptero que debía trasladar a Weylandt al Hospital de Génova, no sirvieron de nada, perdió la vida en la tercera etapa, la que paradójicamente hace un año el infortunado belga había ganado.

“A pesar de que lo tratamos inmediatamente, no había nada que pudiéramos hacer”, dijo Tredici. “Tenía una fractura en la base del cráneo y algunas en la cara. No respondió a los masajes de reanimación”. Por orden de la fiscalía de la localidad de Chiavari, el cadáver de Weylandt fue trasladado al hospital de Lavagna, donde se le practicará la autopsia.

“En mi trayectoria de médico en el ciclismo no había visto morir a un ciclista en la carretera”, aseguró Tredici.

El corredor belga, fichado para esta campaña por el Leopard-Trek, de los hermanos Frank y Andy Schleck, era un experto en pruebas de un día. Había ganado el Tour de Flandes en categoría Sub-23 y había sido tercero en la Gante-Wevelgem de 2008, que ganó el español Óscar Freire. Ese mismo año se llevó la decimoséptima etapa de la Vuelta a España.

El cuarto fallecido

La muerte del belga eleva a cuatro el número de ciclistas fallecidos en toda la historia del Giro de Italia. El primer pedalista que murió en la ronda italiana fue Orfeo Ponsin, que en 1952 cayó en el descenso de la Merluzza, en la cuarta etapa. El español Juan Manuel Santisteban fue el siguiente en sufrir una caída mortal. Ocurrió en la primera etapa del Giro de 1976, el 21 de mayo, y murió en Catania. Se había fracturado el cráneo al estrellarse contra el guardarriel metálico. Diez años después, el 28 de mayo de 1986, el italiano Emilio Ravasio falleció tras sufrir una caída y un posterior desmayo después de volver a subirse a la bicicleta.

“Es una noticia malísima, una noticia que nos tiñe de luto. Quiero darle todas mis condolencias a la familia de Wouter, a sus amigos y enviar un mensaje de ánimo y apoyo al equipo Leopard, al igual que a la familia del ciclismo”, fue el mensaje de Alberto Contador.