Mujeres artesanas

Con más de 282.000 votos, 5.400 comentarios y 3.600 ‘tweets’, los colombianos recuperaron “el orgullo perdido” del país.

Desde paisajes distintos y costumbres diferentes del territorio colombiano, tres mujeres tejedoras comienzan el día preguntándose lo mismo: “Cuando muera, ¿quién heredará este arte que me enseñaron mis padres y abuelos?”.

Ahora, gracias al concurso “En busca del orgullo perdido”, estas señoras no sólo tendrán la oportunidad de constituir un taller en dónde enseñarles a los jóvenes del municipio, sino que expondrán sus artesanías en los centros mundiales de la moda.

A Europa llegará Doña Fausta Meneses calzando sus alpargatas (Guacamayas, Boyacá), mientras que María Gladys Canchala lucirá un sombrero tejido en iraca (Ancuyá, Nariño) y, por otro lado, Esther Monroy Amador vestirá de ruana fabricada con textiles de algodón, sembrados y elaborados por ella misma (Charalá, Santander). ¿Por qué?, por ser ellas las principales ganadoras del premio organizado por Club Colombia y la Fundación Bavaria que pretende rescatar del olvido técnicas artesanales tradicionales del país. Sus trabajos fueron seleccionadas por más de 282 mil colombianos que ingresaron a la página web del concurso y votaron por las  mejores.

Cada una de estas mujeres recibirá $240 millones y podrá participar en Expoartesano, Expoartesanías y en otros ferias nacionales y regionales, además de asistir al New York Gift Show, una feria internacional que se realizará en 2012 en el país. Por otra parte, Club Colombia llevó a cabo una alianza con Proexport para que las técnicas ganadoras puedan ser expuestas en las ferias de turismo más reconocidas del mundo, como la Top Resa (París), Abav (São Paulo, Brasil), Fit (Argentina), WTM (Londres), Fitur (Madrid) e ITB (Berlín).

Las otras siete técnicas finalistas fueron la marimba de chonta (Cauca), la filigrana (Chocó), la cestería de paja tetera (comunidad indígena Eperara-Siapirara), la alfarería (Ráquira, Boyacá), los peyones wayúu (Guajira), la cestería de esparto (Tinjacá, Boyacá) y la talla en madera (Amazonas).

A la cabeza de la tradición

Mujeres, viejas, jóvenes, casadas, divorciadas, solteras, cabezas de hogar, con hijos o sin ellos, organizadas o no en asociaciones y cooperativas son quienes guardan en sus manos y corazones secretos ancestrales que dan origen a piezas de arte que, en la mayoría de los casos, “se están olvidando y son mal pagas”. “Ojalá que con este premio la gente pueda darse cuenta del patrimonio cultural que existe en Colombia. Necesitamos de un comercio directo y justo para nuestras artesanías”, asegura María Gladys Canchala, ganadora por los sombreros tejidos en iraca de Ancuyá, Nariño, que puede costar en promedio entre $25.000 y $100.000.

Esther Monroy Amador, quien representó a las mujeres que en Charalá, Santander, cultivan y tejen el algodón para elaborar prendas de vestir que además son tinturadas con vegetales como la cebolla cabezona, está convencida de que con este premio sus productos serán conocidos en todo el mundo “y que más adolescentes y niñas, e incluso hombres, se van a interesar por este oficio tan gratificante que nos lo dejaron los Guane, y que para muchos hoy es un negocio familiar”.

Doña Fausta tiene 83 años y durante toda su vida se ha dedicado a elaborar las alpargatas, tejiendo hilos de algodón crudo o blanqueado. Doce horas duró en un bus desde Guacamayas (Boyacá) hasta Bogotá con el fin de conseguir su premio. Ella no sabe qué es internet, pero agradece a todos aquellos colombianos que le dieron su voto.

— ¿Usted se imagina por la Feria de la Moda de Berlín con sus alpargatas?

— Claro, mijita, si a yo conozco el Páramo de Berlín desde pequeña. Allá lo que sí hace es frío, le cuento (sic);  responde la señora, todavía sin dimensionar lo que había ganado con su arte.

Estas tres mujeres, cada una desde un mundo y cultura diferente, sonríen y recuerdan el día de la premiación, cuando ellas y sus artesanías salieron por televisión. “Uyyy no, no, que pena uno tan feo, pero las alpargatas sí que salieron bonitas. Eso todos los ‘sutecitios’ (niños) van a salir corriendo para que les enseñe a hacerlas”, expresa doña Fausta, mientras se agarra la cara como si quisiera arrancársela tal vez por los nervios, quien desde hace varios años vive sola en una casa en donde, según ella, cabrán todos los niños de Guacamayas.

Temas relacionados

 

últimas noticias