"Nadie escribe impunemente": Ricardo Menéndez Salmón

El escritor de la ‘trilogía del mal’ llega con una nueva novela sobre la creación artística.

Su ‘trilogía del mal’ hizo estragos, en las librerías, pero también en su interior. Ricardo Menéndez Salmón, un filósofo que se hizo después escritor, se encerró en Gijón, España, a vérselas en silencio con el mal. Le interesaba más bien “la maldad ejecutada y padecida por el ser humano”, y no tanto la maldad como idea trascendente de la que tanto había leído en sus tiempos de estudiante. La literatura, de alguna forma, le permitió a Menéndez volver esa maldad tangible, concretarla en la aventura humana, darle estatura de hombre. Nacieron así tres libros: La ofensa, en la que en el contexto de la Segunda Guerra Mundial se narra la historia de un soldado alemán y en la que se investiga cómo en determinadas circunstancias, la naturaleza de las víctimas y los verdugos es muy cercana; El derrumbe, en donde se pregunta por el miedo en las sociedades contemporáneas y su función como maquinaria de control; y por último, El corrector, en la que la maldad tiene una doble cara: la del terror en los atentados de Atocha y la de la manipulación.

Estos ejercicios literarios lo llevaron a resonar por todas las librerías españolas y a recibir el beneplácito de escritores consagrados como Vila-Matas. Sin embargo, el espíritu de un escritor sometido a tanta oscuridad estaba agotado. “Del mismo modo como no se vive impunemente, tampoco se escribe impunemente. Estos tres libros me habían azorado, causado cierto agotamiento y, de alguna manera, sentí la necesidad de una reconciliación a través de un libro que pudiera acercarse a lugares más luminosos, en este caso, a la creación”, asegura Menéndez, quien pasó por Colombia para hablar justamente de su más reciente novela, La luz es más antigua que el amor, un título en el que no sólo habita la poesía, sino que se erige como idea conductora de la historia misma. “Es una reflexión sobre cómo la luz existió antes de que hubiera un sujeto que la contemplara y de cómo seguirá existiendo independientemente de que exista un sujeto que la contemple, pero frente a ese discurso que podría sonar desesperanzador, surge la posibilidad del arte, que justamente es esa faceta humana que nos permite trascender nuestro tiempo biológico”.

Esta es una novela en la que la historia de tres pintores, de diferentes épocas, se ve atravesada por el enigma del polémico cuadro blasfemo La virgen barbuda, de Adriano de Robertis, y que un escritor llamado Bocanegra nos narra en tres momentos de su historia personal. Es también un discurrir por el arte, por la pintura inocente, quizás, de 1300, cuando aún la perspectiva no había sido descubierta. Pero es sobre todo una exploración sobre la idea misma de la creación. “En el proceso creativo hay mucha oscuridad, porque hay elementos que no son fáciles de racionalizar, pronto tienes que afrontar que el libro tiene una vida independiente de los propios anhelos del creador”, explica el escritor, que ha prestado mucho de estos pensamientos a su personaje.

Después de este libro Menéndez reafirma su idea de resistirse a contemplar la literatura como un oficio y “más bien la vería como un misterio”. Con esta novela, también hace un ejercicio de sanación que lo lleva sin querer a exacerbar esa idea tan suya de que la literatura debe ser una forma de conocimiento. “El 90% de las cosas que llegan a las librerías con rótulo de literatura es otra cosa, entretenimiento, evasión, yo me tomo la literatura muy en serio y creo que es una forma de conocimiento, quizás una de las más privilegiadas. Tengo la certeza de que si hubiera que reconstruir la vida del ser humano en la Tierra, los documentos literarios serían los más fieles en captar lo que significó esa aventura”.

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