Naturalmente Colombia

CON ESTE SUGESTIVO NOMBRE LA Alta Consejería Presidencial para la gestión ambiental, la biodiversidad, agua y cambio climático, ha lanzado una iniciativa de cooperación público-privada para apoyar la consolidación en el país de un Sistema de Áreas Protegidas, que deberá ser completo, representativo y efectivamente gestionado, como contribución para el cumplimiento de las metas del Convenio de Diversidad Biológica y los compromisos firmados por la Alta Consejera en la pasada conferencia de las partes en Nagoya.

Acorde con su inmenso y complejo mandato, se espera que la iniciativa se concentre en la implementación de las recientes políticas públicas de áreas protegidas expresadas en el correspondiente documento Conpes y el Plan de Acción del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Se trata sin duda de una esperanza oportuna para la conservación de las áreas naturales protegidas del país, que surge en momentos en que se escala en la expansión de las actividades productivas en el territorio y aumentan los riesgos de transformación y pérdida de nuestra biodiversidad. Pero como iniciativa que nace dentro de un gobierno, el gran reto es que no caiga en un pasajero activismo, ya conocido en las iniciativas que se fundan principalmente en la cooperación internacional. El valor natural de nuestro territorio no está para paliativos políticos, sino para planes integrales de acción.

Naturalmente Colombia, al querer proyectarse con impactos en el largo plazo, debe enfrentar el reto de propiciar decisiones frente a las acciones y omisiones que han llevado a que nuestro sistema de áreas protegidas tenga una alta vulnerabilidad social y política. En esta materia el país necesita un marco normativo coherente y un sistema de financiación sostenible, basado en erogaciones directas del presupuesto nacional acordes con su carácter de patrimonio nacional, y mecanismos asociados con el pago de los servicios ambientales que estos espacios producen. También necesita un marco normativo para la conservación privada, que no sólo ha carecido de incentivos, sino que ahora podría verse seriamente amenazada cuando se pretende ajustar la carga impositiva de la tierra productiva.

Con todo, el reto de fondo es que Naturalmente Colombia se integre verdaderamente con el Plan de Desarrollo. Algunas de las locomotoras, como la agricultura comercial, no sólo son usuarios directos de servicios de los ecosistemas, sino que requieren incorporarse en un paisaje que se presenta como más resiliente en la medida en que combinan con el mismo fin la producción y la conservación. También las pérdidas inevitables de biodiversidad que son inherentes a la actividad minera responsable podrían compensarse aportando a la conservación. Al tiempo, la iniciativa deberá encauzar la locomotora de la vivienda, para que en vez de generar suelo urbano en áreas protegidas, genere vivienda de interés social con un nuevo concepto de urbanismo que integre el patrimonio natural y el construido. El reto es, pues, para la locomotora de la innovación.

Naturalmente Colombia, además de contribuir a saldar el déficit crónico de gestión de la conservación, podría proyectarse hacia crear una nueva forma de conservación, como soporte del bienestar humano. Una iniciativa interesante del Gobierno si, por supuesto, no la deja desarticulada y a media marcha. El desarrollo sostenible requiere más que conferencias, proyectos sueltos y buenas intenciones.

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