No hubo milagro

El equipo de Manizales empató el miércoles a un gol ante Santos y se despidió del torneo continental.

Once Caldas iba a Brasil, a la casa del Santos, por otro milagro. Otro más. La mala costumbre de no poder ganar en casa (tres partidos perdidos y dos empatados) lo obligaba a buscar una nueva hazaña.

Sin embargo, el equipo blanco salió al campo de juego del Pacaembú nervioso, ansioso, aún con cierto miedo. Santos, apabullante, pegó de entrada: un zapatazo de Neymar, perfectamente perfilado al borde del área grande, puso el 1-0. Apenas a los 11 de la primera etapa el milagro era menos milagro.

Pasados los minutos (y el impacto de ese primer gol apabullante), Caldas pareció acomodarse en el terreno. Jugar más, tocar mejor, atreverse. El mejor reflejo de ese momento vino con el empate de Wason Rentería, a los 29, tras un tiro de esquina y un cabezazo que lo favoreció.

 Tras el empate, el blanco tomó más confianza y se acercó con peligro al arco defendido por Rafael. Pero faltó el gol, la puntada final, la definición, un segundo de cabeza fría en medio del afán por el gol de la clasificación.

Después del descanso la tónica fue más o menos la misma que la del primer tiempo: un Caldas agazapado, que no se acomodaba bien a los primeros minutos, y un Santos que atacaba y buscaba la tranquilidad de la ventaja. Neymar, incisivo por la izquierda, desperdició una opción clara que habría liquidado parte del partido.

Pasado el aluvión, Caldas volvió a la confianza y buscó la victoria. Aunque había más corazón que técnica y fútbol (y habría que notar a un Dayro Moreno errático, por momentos perdido), los dirigidos por Juan Carlos Osorio trataron de hacer el milagro hasta lo último, incluso después del penal que Luis Enrique Neco Martínez le tapó a Neymar, faltando pocos minutos para el final.

En últimas, una eliminación digna para un equipo que pagó muy caro sus errores.