No más cenicientas

Antes del torneo, el mayor logro de la ‘vinotinto’ de mayores había sido una medalla de oro en los Centroamericanos de 1998. "Nos hemos ganado un respeto", dijo el DT César Farías.

El guión del fútbol venezolano ha sido editado, reescrito. La emigración de jugadores al exterior ya no es a cuentagotas como fue siempre, y ahora no sólo se ufanan del éxito de Rafael Dudamel en Colombia o de la medalla de oro conseguida en los Centroamericanos de 1998. Él rótulo de ‘cenicienta’, de imberbe, en cualquier torneo en que participaba la ‘vinotinto’ ha evolucionado al de la ‘Remolacha Mecánica’, como hoy conocen a la generación de Juan Arango y compañía. Estos disciplinados obreros que dirigidos por César Farías lograron ser semifinalistas de la Copa América, el mejor resultado en 44 años de participación de Venezuela en el certamen.

“Nos hemos ganado un respeto”, es la premisa que repitieron una y otra vez en el camerino durante el torneo César Farías, Gabriel Cíchero, Juan Arango, Renny Vega, Osvaldo Vizcarrondo, entre otros cuyos nombres fueron más pronunciados que los de Messi, Tévez y Neymar.

“Hoy el mundo sabe que en Suramérica hay otra selección que tiene categoría, bríos, que no se achica ante nadie y que quiere seguir peleando”, dijo Farías, quien aseguró después de perder contra Perú, en el juego por el tercer puesto, que “no tengo nada que recriminarles a mis dirigidos”.

El 14 de agosto de 2001 se empezó a escribir esta historia en la que, en una colorida escena, ayer la selección fue recibida en medio de un alboroto por las atestadas calles de Caracas. Ese día Richard Páez —hoy técnico de Millonarios— estaba en la cuerda floja, había perdido los tres partidos en la Copa América de Colombia y, en las eliminatorias al Mundial de Corea y Japón 2002, había jugado 13 partidos y ganado apenas uno. Si perdía contra Uruguay ese día en Maracaibo, se iba.

Pero “ganaron 2-0, Richard Páez se quedó y ganó cuatro partidos en línea. Entonces se formó el ‘Boom vinotinto’, en tiempos de polarización política. Esa es la verdadera razón de ser, no de una política federativa concreta, aunque sí hay que abonarles muchas cosas, como lograr que la selección tuviera el mayor número de amistosos previos a la Copa (más de 20)”, dice Daniel Chapela, periodista venezolano.

Desde entonces el conjunto empezó a convocar. Aparecieron más recursos económicos de la empresa privada, más patrocinios, y la gente creyó fervientemente en asistir a los estadios.

La Copa América de la que fue anfitrión el equipo tal vez fue el reflejo de ese fenómeno social y sin duda alguna sirvió como catapulta a las mieles que hoy vive. Dejaron nueve estadios de primer mundo, clasificaron por primera vez a los cuartos de final de este evento, el mejor de la historia según el presidente de la Conmebol, Nicolás Leoz. Se institucionalizó el fútbol, nació allí la necesidad de prepararse mejor para ser competitivos en el exterior. El resultado es que sólo siete del plantel que disputó la Copa América juegan en la liga local. Los 13 restantes prueban suerte en otras ligas del mundo.

“Sembramos una semilla y hoy se está teniendo esta cosecha tan importante. Antes de 2001, parecía que no había manera de cambiar. Después, Venezuela se transformó y cambió para siempre”, explica Richard Páez, que ha festejado desde Bogotá con su ‘vinotinto’ y, claro, ha sufrido también, como en las semifinales contra Paraguay: “Hay partidos donde uno hace todo para ganar, pero a veces falta suerte”.

Ahora siguen las eliminatorias y la duda es si debe ser considerada Venezuela para clasificar a Brasil 2014. Una mueca o un guiño del destino lo decidirá. Por ahora los patriotas celebran y si no que lo diga el presidente Hugo Chávez: “Viva la Patria, fuimos los mejores. Somos los campeones sentimentales de la Copa”.