"No te metas con la tierra"

Una invitación a las exequias de Carlos Lleras Restrepo circuló en 1961 por su defensa de la reforma agraria, que luego implantó en 1968, ya como Presidente.

Corría el año 1961, en los países de América Latina se difundía el programa de Alianza para el progreso con el que Kennedy promovía la reforma agraria, antídoto contra la experiencia cubana. En Colombia, tras una década de confrontación armada partidista, se consolidaba el experimento de alternación del Frente Nacional. Alberto Lleras Camargo, quien iniciaba su tercer año de gobierno, encargó la tarea de redistribución rural al entonces director del partido (y primo lejano), Carlos Lleras Restrepo.

Este último emprendió la tarea con desbordado optimismo. “Me juego entero mi prestigio y mi vida política por la reforma agraria”, afirmó durante la inauguración de los debates sobre la reforma. Los ataques de todas partes no se hicieron esperar.

El primer golpe provino del llamado “laureanismo”, grupo al interior del partido conservador dirigido por Álvaro Gómez. Su propio padre, retirado para entonces de toda actividad política, hizo una excepción para pronunciarse contra la reforma. Los senadores de esta tendencia, Gilberto Arango Londoño, Hugo Escobar y José Vicente Lafaurie, no esperaron siquiera a conocer el proyecto de ley para proclamar que la reforma sería utilizada por el liberalismo para expropiar las tierras de campesinos conservadores.

Pero los golpes más duros los propinó el propio liberalismo. El senador liberal por el departamento del Magdalena, Pedro Castro Monsalvo, se opuso radicalmente, afirmando que la redistribución agraria no era indispensable. Castro trató de desviar el debate alegando que el Estado debía construir urgentemente colegios, vías y hospitales, más no inmiscuirse en la tradicional repartición de tierras del departamento. Otro de los detractores fue el representante a la Cámara por el departamento del Magdalena, José Ignacio Vives Echeverría. Tanto Vives, miembro del MRL, como Castro Monsalvo y Lafaurie, rechazaban la interferencia de Lleras en su departamento (que para entonces agrupaba también los departamentos de Cesar y la Guajira).

Como respuesta a la oposición, Lleras Restrepo emprendió entonces una agresiva gira por los municipios del norte del país en la que les advirtió a los campesinos sobre la urgencia de defender la reforma. Sus visitas a Santa Marta y Valledupar fueron particularmente tensas, pues mientras se registró la concurrencia y entusiasmo de pobladores, las élites políticas le hicieron sentir que no era bienvenido.

En los Anales del Congreso del 28 de noviembre de 1961 reposan algunos de los impresos que fueron pegados en las paredes durante la visita de Lleras Restrepo. En uno de ellos se lee que los miembros del Concejo de Santa Marta, de ambos partidos, protestan por la forma en la que el adalid de la reforma “desorienta a la opinión pública y enerva los destinos del pueblo colombiano”, e interpretan su presencia en el departamento como un “desafío”. Otro de los panfletos, bastante más explícito, anuncia la muerte de Carlos Lleras Restrepo. “Carlos Lleras Restrepo ha muerto y el liberalismo del Magdalena lamenta su desaparición” se lee en el afiche, que imita un anuncio de funeraria e invita a las exequias del funcionario.

Alguno de los ilustres parlamentarios consiguió llevar los afiches al Congreso, en Bogotá, y logró incluso que el falso aviso fúnebre fuera impreso de manera clandestina en el órgano de difusión del parlamento. Así, aquel mes de noviembre Lleras Restrepo supo de la noticia de su muerte.

Con ese comienzo no es de extrañar que la reforma del 61 fracasara y que la del 68, hecha por el mismo Lleras Restrepo desde la presidencia de la república, despertara una oposición todavía más férrea.

Cincuenta años después, tras dos reformas fallidas y una contrarreforma exitosa, hay quienes siguen recibiendo las mismas amenazas, en un país en el que la defensa del latifundio catalizó todo tipo tragedias.

Leyes agrarias en Colombia

Ley 200 de 1936

Estableció la función social de la propiedad con la consecuente posibilidad de la extinción de dominio en caso de que la tierra fuera dejada ociosa por un cierto tiempo, así como la jurisdicción agraria especializada en dirimir conflictos de tierras.

Ley 100 de 1944

Calificó a los contrato de arrendamiento y de aparcería como de utilidad pública y decretó la ampliación de 10 a 15 años como causal de restitución al Estado de los predios no explotados.

 

Ley 135 de 1961

Buscó adelantar la reforma en varios frentes: la dotación de tierras a campesinos carentes de ellas; la adecuación de tierras para incorporarlas a la producción y la dotación de servicios sociales básicos y otros apoyos complementarios. Creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), como establecimiento público encargado de la gestión en la materia.

Ley 1ª de 1968

Conocida también como de Arrendatarios y Aparceros, buscó agilizar los trámites y procedimientos de reforma y fijó nuevos causales de expropiación.

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