Obama visitará la Zona Cero, pero no la original

Su visita, empero no será a la primera. Estará en la segunda, la más conocida, la que atrae turistas.

La que a lo largo de estos casi 116 meses ha visto salir día a día el esqueleto de la Torre de la Libertad, que se levanta airosa en 64 pisos casi completos, de los 105 pisos planeados. La que causa dolor y lágrimas a la gran mayoría.


La Primera existe. Genera mayor dolor y menos turismo. Nos enseña a conocer el pasado. Nos lleva "del no retorno, al regreso esperanzador", como señaló Maya Angelou el día que se abrió el monumento. Esta Primera Zona Cero fue llamada así por uno de los líderes afroamericanos más importantes: el Reverendo Jesse Jackson, ministro bautista y activo defensor de los derechos civiles, Senador Demócrata por el Distrito de Columbia, a quien los medios mostraron llorando el día de la victoria de Obama, en Chicago. Se trata del Monumento Nacional Cementerio Africano.


Historia de la Primera Zona Cero de Nueva York


En 1991, haciendo la excavación para construir un edificio federal en el Bajo Manhattan, entre las calles Duane y Elk, ahora llamada African Burial Ground, los trabajadores descubrieron restos humanos. Toda actividad con máquinas se suspendió y un equipo especial se hizo cargo encontrando restos de más de 400 personas. Las investigaciones sacaron del olvido que durante los siglos 17 y 18 los afroamericanos tanto libres como esclavos fueron enterrados en ese sitio, porque quedaba por fuera de las fronteras de la ciudad de Nueva Ámsterdam, hoy Nueva York. La segregación operaba más allá de la muerte.


El Cementerio Afroamericano se cerró en 1812. A partir de ahí se perdió entre los escombros y el nuevo desarrollo urbano, quedando en el olvido. El lugar tenía 2.6 hectáreas y se calcula que entre 15 y 16 mil personas se enterraron en él.


Al pretender continuar con la construcción del edificio federal, la comunidad afro descendiente de Nueva York protestó y logró que el gobierno financiara las investigaciones para clasificar los restos. Se consideró que era “el proyecto arqueológico urbano más importante de los Estados Unidos” y se encargó a la Universidad de Howard para adelantar todos los estudios.


Destrucción de gran parte de los archivos el 11 de septiembre


Las oficinas y el laboratorio del proyecto arqueológico del Cementerio Africano quedaban en el 6º piso del WTC y fueron destruidos con el ataque del 9/11. Por eso el trabajo tomó más años. Las demandas para impedir la construcción de edifico alegando que era tierra santa se fallaron en contra de la comunidad afrodescendiente. Pero se obtuvo un logro importante: que el primer piso del edifico federal albergara un museo dedicado a los afroamericanos sepultados allí, que se levantara un monumento en su memoria y que los restos se enterraran de nuevo, cumpliendo con los ritos africanos ancestrales.


Ubicación


El edificio y el museo quedan a escasas 10 o 12 cuadras de la segunda Zona Cero, en el número 290 de Broadway. La distancia entre los dos puede apreciarse en la imagen destacada, que corresponde al mapa de la ciudad en el siglo XVII. El Monumento y el Cementerio, declarado Monumento Histórico Nacional y manejado por el Sistema General de Parques, quedan enseguida del edificio. La entrada es gratuita.


Reenterramiento


Una vez terminados los estudios se organizó el re-enterramiento, que empezó con una procesión de regreso desde la Universidad de Howard, en Washington, hasta Nueva York. Los nuevos cofres se hicieron en Ghana, de donde llegaron millones de esclavos. Son de madera tallada a mano por artesanos africanos, su interior está forrado con telas hechas también a mano, a la usanza artesanal y con los colores de África.


Esta es la Zona Cero que seguramente el Presidente Obama no visitará y que muchos turistas desconocen. Todo allí infunde respeto, asombro y dolor. Ese dolor que muchos afrodescendientes llevamos dentro. El dolor de nuestros ancestros. El dolor de la esclavitud, que sigue ahí, agazapada, disfrazada de mil cosas. Pero que al final de cuentas, es también esclavitud.


Por Elsa Tobon, colaboradora de Soyperiodista.com

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