Oscuro panorama del racismo

En pleno Año Mundial de los Afrodescendientes, El Espectador comprobó la discriminación racial en la capital.

Penas severas y campañas educativas son algunas de las propuestas del Distrito para mitigar el histórico flagelo. "Se arrienda, pero no a negros”. Así se lee en uno de los letreros de alquiler de vivienda en el barrio Santa Rita, en la localidad de Suba. En pleno 2011, luego de cinco siglos de la época de la Colonia, tras dos siglos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pasados 160 años de la abolición de la esclavitud en Colombia, más de 60 años después del surgimiento de la Organización de Naciones Unidas y 20 del fin del Apartheid en Sudáfrica.

Liliana Ramírez, una chocoana de 22 años que llegó a Bogotá desplazada por la violencia en 2010, ha tenido que encontrarse con letreros como estos durante el último mes. “Cuando uno dice que es negro, responden directamente que a los negros no les arriendan”.

Su historia no es extraña entre las 320 familias de su raza que habitan el sector. Tampoco es ese su único problema.

Los más de 97 mil afrodescendientes, raizales (provenientes de San Andrés) y palenqueros que de acuerdo con el censo de 2005 viven en Bogotá constituyen, según la directora del Instituto Distrital para la Participación y Acción Comunal (Idpac), Olga Beatriz Gutiérrez, la población en peores condiciones de salud, educación, vivienda y desarrollo económico.

Forman parte del 10% de colombianos catalogados como minoría negra, que curiosamente también figuran con frecuencia entre los más afectados por las temporadas invernales, la violencia y la falta de oportunidades.

En la capital, por ejemplo, sólo tres de los 184 ediles de Bogotá son negros. Están en Fontibón, La Candelaria y Santa Fe. En el Concejo únicamente tienen dos representantes. Y si no fuera por mandato constitucional, resultaría aún más difícil verlos en el Congreso, donde tienen dos curules.

El caso de Paula Moreno, ministra de Cultura durante el mandato de Álvaro Uribe, es uno de sus más grandes logros desde que Luis Antonio Robles fue primer ministro y congresista negro en el siglo XIX.

No es exagerado decir que una de las pocas formas para sobresalir ha sido, en el caso de la población afro, destacarse en el deporte y las artes.

El Idpac y la Comisión Consultiva Distrital de Afrodescendientes, presidida por Víctor Mosquera, trabajan por cambiar esa realidad y ya lograron que Bogotá sea la segunda ciudad en Suramérica con una política pública para la población afro, que después de siglos de segregación sus derechos siguen siendo vulnerados. “La realidad es tozuda, aún existen prácticas racistas en Bogotá, los negros son discriminados laboral y socialmente”, reconoce la directora del Idpac.

Uno de los obstáculos para terminar con este tipo de segregación es que ni en Bogotá ni en el país hay un centro donde se recojan las denuncias. Mosquera propone hacer un observatorio de racismo para cuantificar la realidad de las comunidades negras en el país. La propuesta está a la espera de recursos para ser desarrollada.

El Partido Mira jalona un proyecto en el Congreso para penalizar el racismo hasta con tres años de cárcel.

Por el momento, en siete instituciones educativas se está dictando la cátedra de Estudios Afrocolombianos con el apoyo de la Secretaría de Educación. Sin embargo, según afirma Mosquera, falta voluntad de los demás colegios distritales para expandir esta cátedra que busca mayor comprensión sobre la cultura negra en Colombia.

En el marco de la política pública para la población afro está el Plan Integral de Acciones Afirmativas, que busca restituirles sus derechos y que participen en las decisiones públicas del Distrito. “La administración ejerce una discriminación positiva con esta población al darles un trato diferencial, para ponerlos en las mismas condiciones de derechos de cualquier otro ciudadano”, afirma la directora del Idpac.

Asesoría y apoyo financiero a organizaciones de afrocolombianos son algunas de las acciones que lideran el Idpac y la Comisión Consultiva. También se realizan la Semana de la Afrocolombianidad (en mayo) y la Semana Raizal, en noviembre. Además de los encuentros de jóvenes étnicos y de mujeres afro. Con el apoyo económico se han beneficiado 65 organizaciones y para las actuales convocatorias hay 230 candidatos para 80 cupos.

En la Casa de la Cultura Afro, ubicada en el centro de la ciudad, se realizan eventos sobre los raizales, palenqueros y afrodescendientes. Hoy se dictarán conferencias sobre negros destacados por su contribución al país. En el lugar, cedido en comodato por el Instituto de Patrimonio, se reúnen 30 negros que conforman la Comisión Consultiva y trabajan para convertir la casa en el punto de encuentro y representación de los negros en Bogotá.

En medio de semejante situación, lo más preocupante es la dificultad para comprobar la existencia del racismo, bien porque quienes lo han padecido prefieren sufrirlo en silencio para evitar nuevas discriminaciones, o porque se camufla (por ejemplo, los bares que tienen acceso restringido sin decir por qué). Pero de que existe, existe. Lo confirman testimonios de personajes tan conocidos como el actor Óscar Borda o el narrador deportivo Édgar Perea. También el viacrucis de Liliana Ramírez, quien no renuncia a encontrar un hogar para vivir lejos de los señalamientos por el color de su piel.

Infografía sobre distribución de la población Afro por localidades