Osorio, contra la corriente

Desde que llegó al Once tuvo problemas económicos y estuvo en la cuerda floja. Sin embargo, el DT conquistó el título en 2010 y tiene la esperanza de conseguir uno nuevo.

Juan Carlos Osorio ya se acostumbró a luchar contra las adversidades. Desde que llegó a Once Caldas, en 2010, ha resurgido de entre sus cenizas más de una vez, ha sufrido en carne propia la crisis económica del fútbol colombiano, ha estado en la cuerda floja y, a pesar de todo, el nacido en Santa Rosa de Cabal (Risaralda) sigue en el frente de batalla.

Su libreta, en la que escribe casi cada segundo de sus días, ha atestiguado que su vida siempre ha sido así, luchada, construida con el sudor de su frente.

¿Por qué no se rinde?

En el 82 debutó como profesional con el Deportivo Pereira, oficiando como volante mixto. Jugó cinco partidos y por falta de continuidad partió, con el apoyo de su abuelo, a Estados Unidos, en busca de su sueño americano.

No era mal jugador. No. Incluso estuvo convocado a una preselección de Colombia juvenil, junto a Carlos El Pibe Valderrama. Su oreja izquierda así lo comprueba.

Sí, su oreja. El Pibe no pudo evitar la tentación y le pidió, a aquel flaco con acento paisa, de pelo largo y con aro en su oreja izquierda, que le perforara la suya. Esa ruptura con hielo y aguja hecha por la mano de Osorio hace tres décadas hoy permanece intacta.

Su visa de estudiante duró seis meses y decidió quedarse con el objetivo de estudiar, de trabajar, de ser alguien en la vida. “El trabajo dignifica al hombre”, dice. De ahí a que oficiara como constructor de obras, mesero en un restaurante y jugador de equipos aficionados.

Así pudo ingresar a la Universidad de Connecticut, dejar a un lado los taladros y las bandejas, y estudiar por cuatro años ciencias del ejercicio y rendimiento humano.

En 1998 partió a Inglaterra a hacer un máster en ciencias y fútbol, y allí, en la meca del balompié, consiguió su licencia como técnico. A partir de allí ha sido asistente en el Metrostars, preparador físico del Manchester City y DT de New York Red Bulls y Millonarios. Todo lo ha conseguido a pulso.

Por eso no es difícil pensar que el técnico pueda resistir tanto flagelo en su presente con Once Caldas. Gracias a él y a jugadores experimentados, el plantel no ha tirado la toalla. “¿Hemos aguantado cuatro meses y vamos a rendirnos faltando 15 días?”, es el dicho en el interior del plantel blanco para animar a los más jóvenes, a los que más les afecta la problemática.

Claro, no es motivo de felicidad: “No tener una sede apropiada o que mis jugadores no sean remunerados cumplidamente, me frustra demasiado. Eso me irrita, me incomoda, y en realidad me hace perder el sueño”, dice con cierta bronca.

Todo lo que tenga que ver con el fútbol desvela al profesor Osorio. En las concentraciones, por ejemplo, se reúne junto con sus ayudantes a las siete de la mañana con su pote de café Juan Valdez. “Pues ni el tinto me desvela... sólo no puedo dormir cuando jugamos la noche anterior”, cuando las cosas no salen bien quizá.

Cuando algo resulta imperfecto, pasa lo de Asunción, Paraguay. “Todos me preguntaban qué había dicho el profe —que se salió de quicio cuando en la fase de grupos Libertad igualó en el último minuto—. Incluso el tarro de agua que él pateó por poco me pega”, dice Carlos Osorio, el médico del equipo.

Él lo planifica todo, y cuando no le sale, se enfada. Este año contra el Quindío, Caldas ganaba 5-0 y Juan Caicedo descontó para los cafeteros. Sí, Osorio se enfadó.

No hay detalle que se le pase y sus valijas que acondiciona para cada viaje así lo comprueban. “Nosotros le decimos que parece en un coroteo (trasteo), se cuelga un morral, un maletín y una maleta en los que carga de todo... y no deja que nadie le ayude”, dice Osorio médico.

También asegura que es el mejor entrenador con el que ha trabajado —ha tenido a 32 técnicos en el Blanco-Blanco—. “Es una persona con mucho conocimiento y profesionalismo”, afirma.

Profesional, luchador, pero sobre todo persona. Un ser humano extraordinario fuera de los micrófonos, un padre y un amigo para sus dirigidos.

“Como dicen los muchachos, Osorio es pa las que sea. Hay jugadores que solucionan sus problemas gracias a él, pero me doy cuenta por otras bocas, porque eso sí él aplica la cita bíblica: que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”, cuenta el médico.

A remontar contra Millos

Seguramente se sintió emocionado al ver El Campín lleno de azules el jueves pasado. Enfrentó al equipo del que es hincha desde pequeño —porque en esa época era el de moda— y al que dirigió en 2006.

Fue superado 1-0, pero el resultado no sentencia la serie. Tal vez es mentiroso, pues Caldas tuvo más opciones de gol y Nelson Ramos fue la figura.

“Ayudó mucho el escenario. Extraordinaria la afición de Millonarios, el apoyo que da. Noventa minutos cantando, apoyando. El partido de vuelta también será complicado”, comentó al final del partido el estratega.

Hoy, en el Palogrande de Manizales, se jugará la vuelta, acaso para él una nueva final. Acostumbrado a hacer milagros, como el de Cruzeiro en Copa Libertadores, por qué no pensar en el de hoy ante Millonarios.

 

últimas noticias