Osvaldo Ardiles: "Hoy Real está a la sombra del Barça"

El argentino rememora sus épocas de futbolista, a propósito del duelo de este martes entre Madrid y el Tottenham.

El campeón del mundo dice que el equipo  londinense puede eliminar a los merengues de los cuartos de la Champions. El otro juego de la jornada  lo protagonizarán Inter y Schalke 04, a las 2:45 p.m., por Fox Sports.

Tras ganar el Mundial de 1978 con la selección de Argentina de Menotti, Osvaldo Ardiles, un gran cerebro analítico de físico diminuto, fichó por el Tottenham junto a su compatriota Ricardo Villa. Era una época en la que no había extranjeros en la Liga inglesa. En White Hart Lane, el estadio del Tottenham, donde Ardiles, de 58 años, concede esta entrevista antes del partido de este martes entre su exequipo y el Madrid en el Bernabéu, se le rinden honores.

Villa y usted fueron dos pioneros...

Culturalmente, Inglaterra también era una isla. El sindicato de jugadores estaba en contra de la llegada de foráneos. Fue una polémica que llegó hasta el Parlamento. Charles Hughes, el gurú técnico de la federación, decía cosas como que los brasileños no sabían jugar al fútbol. En el Tottenham tuvimos una gran respuesta de los compañeros. Pero el fútbol inglés era un dinosaurio que se había quedado en la prehistoria. Es embajador del Tottenham, con el que levantó dos copas de Inglaterra y una Uefa.

Es un cargo representativo con el que estoy muy a gusto. En aquellos gloriosos comienzos de los años ochenta logramos formar un equipo muy competitivo que jugaba un fútbol muy lindo. Un joven gran jugador como Glenn Hoddle encontró en Ricky Villa y en mí a los socios ideales.

¿Cómo vivió la guerra de las Malvinas siendo jugador de un club británico?


La declaración de guerra me llegó preparando el Mundial de 1982 con la selección. Mi mundo se derrumbó. Mi país natal en guerra con mi país de adopción. Yo llevaba cuatro años en el Tottenham. Básicamente, no podía abrir la boca. Para algunos medios de Argentina, era un traidor; para otros, en el Reino Unido, un espía. Fue una guerra absurda.

La hinchada del Tottenham le respaldaba incondicionalmente. Llegaron a exhibir una pancarta que decía: “Argentina, quédate con las Falklands. Nosotros nos quedamos con Ardiles”.

Las hinchadas rivales solían abuchearme. En un partido contra el Leicester, cada vez que tocaba la pelota gritaban. “England, England!”. La afición del Tottenham me mostraba su apoyo gritando: “¡Argentina!”.

¿Condicionó el conflicto bélico la actuación de Argentina en el Mundial de España?

No. Perdimos porque jugamos mal. Pero el ambiente estaba cargado. Una mañana que estábamos concentrados en Alicante convencí a Maradona de que tomáramos un carro para hacer una escapada turística y visitar una iglesia cerca de Villajoyosa. Cuando los guardias de la concentración se dieron cuenta de que faltábamos, se activaron todas las alarmas. Había rumores sobre una posible acción armada o un secuestro por parte de los SAS (fuerzas especiales del ejército británico) contra la selección. Y el mejor jugador del mundo, en misa, conmigo, viendo a un montón de niños hacer la primera comunión. Se armó un revuelo tremendo en la iglesia. El cura nos situó delante de todos y no paramos de firmar autógrafos. Y, de repente, vemos entrar a un montón de tipos vestidos de traje y gafas oscuras suspirando porque, por fin, nos habían encontrado.

Maradona solía definirle como el amigo de todos...

Será porque yo buscaba cómplices por todo el campo. Me gustaba leer el juego y era muy analítico. Diego jugó sin cobrar un penique el partido de mi homenaje en White Hart Lane vistiendo la camiseta del Tottenham frente al Inter. Un gran honor.

¿A qué juega el Tottenham ahora?

Es difícil de describir. Es una mezcla. Harry Redknapp es un técnico abierto en sus ideas, pragmático. No fuerza nunca las cosas ni se encasilla en una línea de fútbol determinada. Unas veces trata de imitar el estilo del Barcelona con pases cortos y otras recurre al clásico estilo inglés con balones largos. Pero cuando juega bien es cuando controla el juego y cuando controla el juego lo hace a través de Luka Modric. Es inteligente. Sabe de forma permanente lo que pasa en la cancha. Siempre está bien ubicado y es difícil que pierda una pelota. En cuanto el equipo recupera la pelota, inmediatamente, se la dan a él.

¿Es Modric el mejor jugador del Tottenham?

Es quien nos hace jugar, pero, si pregunta usted por aquí, le dirán que el mejor es Gareth Bale, un lateral muy rápido que desborda con facilidad, tira buenos centros y tiene una gran pegada. Completamente zurdo. Es desequilibrante.

¿Qué otros jugadores están a buen nivel?


Van der Vaart, un delantero goleador disfrazado de otra cosa. No interviene mucho, pero se muestra muy vivo cerca del área. También está el volante brasileño Sandro. Le costó adaptarse y yo le defendí muchísimo. Pedí que le dieran tiempo. Se coloca de maravilla y nos aporta equilibrio.

¿Puede el Tottenham eliminar al Madrid de la Champions?


Claro que puede. Tenemos la ventaja de jugar el segundo partido en White Hart Lane. Son importantísimos los primeros 30 minutos en el Bernabéu. Es crucial que estemos sólidos, peleando por el medio campo a capa y espada, porque es allí donde el Madrid comienza a jugar.

¿Y José Mourinho?


Ha sido técnico de equipos grandes. Ahora ha llegado al Madrid en una época en la que ellos están a la sombra del Barcelona, quizás el mejor equipo de la historia. Es capaz y está haciendo una temporada fantástica, como también la hizo Pellegrini el año pasado, pero compite contra este Barça. Es una persona absolutamente normal. Sus declaraciones rimbombantes son parte del espectáculo, quizás para provocar una reacción en los adversarios. Tiene un gran manejo de la prensa y a veces parece irritante, pero es excepcional.