Pacifistas en prisión

Tres hombres encarnan hoy la historia de represión y heroísmo que vivieron en el pasado personajes imborrables como Mahatma Gandhi y Nelson Mandela. Perfil de tres defensores de la vida premiados en la cárcel el último año.

Ahmad Zeidabadi. Premio Unesco Guillermo Cano. Irán


Se nos ha ordenado aplastarte. Si no cooperas, nosotros podemos hacer lo que queramos contigo, y si no firmas los papeles de interrogación, te obligaremos a tragarlos. Cuenta Mahdieh Mohammadi Gorgani que algo así habría escuchado su esposo —el iraní Ahmad Zeidabadi— en el interrogatorio final, justo antes de ser sentenciado a seis años de prisión. Cargo: “conspiración”, intentar derrocar al presidente Mahmoud Ahmadinejad, recién reelecto para ese entonces (era junio de 2009).


Cuenta Mahdieh que su esposo —periodista, académico, analista político— fue detenido el 13 junio de 2009 por “agentes no identificados”. Cuenta que sólo pudo verlo 65 días después del arresto. Estaba en un pésimo estado físico y mental. Me dijo que lo habían mantenido en régimen de confinamiento en solitario por 35 días, dentro de una celda tipo ataúd de tan sólo 1,5 metros.


Habló de suicidio. De una huelga de hambre que resistió 17 días. Se declaró al borde de la locura. Y ella lo escuchó, y lloró, y denunció ante la prensa el maltrato al que estaba siendo sometido su amor.


Su amor que había nacido en 1966, que empezó una carrera activista en la universidad, que fue detenido por primera vez en 2000, y luego en 2011, 2005 y 2009. En la última, la más severa, la sentencia habla de seis años de prisión, cinco de ellos en el exilio, en el poblado de Gonabad, desierto de Namak.


Cuando Ahmad habla de la cárcel y por lo que ha pasado, sus ojos se llenan de lágrimas, pero reitera que perdona a todo el mundo, que deja su juicio en manos de Dios, cuenta su esposa. Ahman recibió en días pasados el Premio Unesco Guillermo Cano de Libertad de Prensa.


Liu Xiaobo. Nobel De Paz. China


Liu Xia dijo sí. Sí a ser la segunda esposa de Liu Xiaobo. Sí a celebrar el matrimonio en un campo de trabajo forzado, que en China llaman “laogai”, en el que estaba recluido el novio. Era 1996 y él pagaba su segunda condena impuesta por el gobierno chino. Cargo: subversión.


El mismo cargo que había sido consignado en su expediente en 1989, luego de ser detenido en las protestas de Tiananmen. Él, activista, pacifista, intentó mediar en la masiva manifestación que terminó con la muerte de tantos, tantos. Quiso negociar en medio de la furia de jóvenes, trabajadores e intelectuales, que protestaban contra la represión y corrupción del Partido Comunista. El resultado fue sólo sangre y la pérdida de la libertad.


La poeta Liu Xia y el escritor y maestro Liu Xiaobo dijeron sí en algún cuartico del “laogai”, rodeado de enormes y grises muros. Él tenía 41 años y ella 36. Los unía una amistad de décadas. Su amor por la literatura. Dostoievski y Kafka.


Tu amor es la luz que atraviesa los muros de la prisión, acaricia cada pulgada de mi piel, me permite mantener mi calma interior, le escribiría Liu Xiaobo a su esposa amada y paciente, el 25 de diciembre de 2009, el mismo día en que el tribunal de Pekín lo condenó a 11 años de cárcel. Esta vez su pecado fue haber firmado la Carta 08, un documento publicado en internet que pedía reformas a la constitución china: independencia judicial, multipartidismo, elecciones democráticas; libertad de expresión y religión.


Quizá la última vez que se vieron los esposos Liu fue el pasado octubre, cuando ella lo visitó en la prisión de Jinzhou para decirle que él, Liu Xiaobo, había sido condecorado con el Nobel de Paz. Él lloró desconsolado, dijo que aquel premio era para los mártires de Tiananmen.


Dawit Isaaken. Pluma dorada de la libertad. Eritrea


La última noticia que Sofia Berhane tuvo de su esposo, el periodista Dawit Isaaken, fue en 2005. Supo que el gobierno de Eritrea —noreste de África—, su país, lo había encarcelado, otra vez, como en septiembre de 2001, cuando él y 23 personas más —políticos y periodistas— fueron a prisión tras el cierre de varios medios de comunicación independientes en Eritrea. Él era el fundador de uno de ellos, el Setit.


Dawit vivió las devastadoras guerras fronterizas de Eritrea con Etiopía en su juventud. Llegó a Suecia como refugiado de la guerra en 1987. Volvió a su país tras el logro de la independencia en 1993. Volvió a hacer a periodismo, a alzar su voz de protesta contra las injusticias. Fue un fuerte crítico de Isaias Afwerki, el primer y actual presidente de Eritrea.


A finales del año pasado fue galardonado con la Pluma Dorada de la Libertad 2011, que entrega la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias. Sigue sin conocerse su paradero.


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