Para reivindicar la belleza

'Puntos de amor' es la muestra de pinturas de gran y pequeño formatos que presenta Danilo Rojas en Lalocalidad.

Ocho pinceles representaban los objetos más importantes de su pequeño menaje cuando decidió empacar maletas, tomar el destino de pintor y radicarse en Barcelona.

Danilo Rojas estudió arquitectura, la había ejercido, pero pronto se desencantó de los planos y de las escalas. Sin embargo, la pintura siempre estuvo ahí, sobre todo los sábados y los domingos.

Pero fue el estudio de la caligrafía china el que lo llevó de lleno a su oficio como pintor. La fascinación por lo que tuviera que ver con Oriente lo acercó al taoísmo, a las técnicas de respiración y a la meditación. Cuando pinta, su pincel está firme, pero las cerdas vuelan con flexibilidad, su mente está completamente conectada con el lienzo, con el sonido del pincel, con los acrílicos de colores. Todo le surge de una manera muy orgánica e íntima a la vez. Y es quizás esta proximidad con el mundo oriental la que lo hace pintar de una manera muy metódica y tener un orden casi inamovible: primero dos vasos de agua, luego los platos para mezclar, un pañito para limpiar, los pinceles en orden extremo y después los acrílicos de colores.

Sus obras no vienen del mundo de las ideas ni de la razón, nacen de un lugar intangible más ligado al sentimiento. Rojas no busca la novedad a toda costa, tampoco transgredir ni mirar al futuro y no comulga con los preceptos del arte contemporáneo. Su intención es permanecer, estar ahí, en un tiempo infinito que no tiene principio ni fin, y entablar una conexión con el espectador que lo toque o lo conmueva. Le gusta comparar y atar su práctica a la poesía, a esas palabras que no suelen tener una fecha ni un lugar precisos.

Es un coleccionista de recortes de revistas, periódicos y catálogos de donde saca la inspiración de su paleta cromática, porque confiesa que los colores pueden irse de fiesta. Así que se asegura de que esos pequeños retazos de color lo guíen en esas obras monocromáticas, pero tan diversas en su totalidad. Verdes, morados, azules, rojos, negros o blancos, todos son matizados con diferentes tonalidades. Y esos pétalos que se dejan entrever entre el color forman parte de la referencia constante en su trabajo a la naturaleza, no como fiel representación, sino como motor de su gesto pictórico. Son las fuerzas naturales, el hecho de crecer, de brotar, de germinar las que mueven su obra.

Un libro de Rothko reposa en uno de los escritorios de su taller, una obra del artista antioqueño Hugo Zapata está al lado de algunos de sus cuadros, saca otro libro de Nicolás de Staël: todas evidencias de sus afinidades artísticas.

“Quiero reivindicar la palabra belleza, tan desprestigiada en el arte contemporáneo”, sentencia. Y así, con convicción natural, Rojas también reivindica la pintura, tan rara en las nuevas generaciones.

Lalocalidad. Calle 118 N° 5-33. Tel.: 620 6246.

 

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