Pedalazos de bambú y marihuana

Dos holandeses emprendieron un particular viaje en Alaska y esperan llegar a Argentina. El objetivo, adelantar una gran campaña por el buen uso del agua.

Alaska, territorio de paisajes espectaculares e inhóspitos, con glaciares y picos nevados y abundante presencia de osos kodiak. Un lugar frío y uno de los mayores atractivos de turistas, fotógrafos y cazadores en los Estados Unidos. Desde allí, el 4 de julio de 2010, empezó la aventura que esperan terminar en 2012.

Ese día Joost Notenboom y Michiel Roodenburg, ingenieros ambientales holandeses de 28 y 25 años de edad, respectivamente, decidieron empezar una larga travesía que esperan terminar en la Patagonia, en Argentina. El objetivo, adelantar una gran campaña por el buen uso del agua. Ahora bien, para lograrlo se valieron de dos particulares bicicletas, pues son hechas en bambú y fibra de marihuana.

Para conocer parte de su travesía, así como la historia de sus medios de transporte, estos holandeses dedicaron una mañana en Bogotá, donde consideran que su viaje llegó a la mitad, para hablar de ella. “Estudiamos en la Universidad Erasmus de Rotterdam (Holanda) e hicimos un intercambio con la Universidad de Tel Aviv para estudiar el desarrollo de comunidades, de sociedades”, recuerda Notenboom. “Michiel y yo estábamos en Oriente Medio hace más o menos dos años. Yo estaba escribiendo mi tesis sobre la guerra del agua entre israelíes y palestinos. Allí encontramos a un muchacho de Francia que había salido de Irán en bicicleta, nos contó muchas historias. Entonces decidimos, una vez terminamos nuestros estudios, regresar a Holanda y preparar nuestro viaje en bicicleta”, agrega.

Viajeros incesantes, ambos holandeses se trasladaron, una vez decidieron la ruta de su viaje, a California (Estados Unidos), donde estaban sus caballitos, pero no de acero, sino de bambú y marihuana. “La marca que portan las bicicletas es de un joven que hace varios años las fabrica con bambú. En Ghana, África, donde también estuvimos, son pioneros en hacerlas”.

Ahora bien, ¿por qué en bambú? De acuerdo con los pedalistas, porque son muy resistentes, tanto al peso de sus cuerpos y sus mochilas, así como a diversas condiciones de terreno. Además, según Roodenburg, “a la hora de fabricarlas se requiere mucha menos agua de la que usan para hacer bicicletas en otros materiales. Es una ecobicicleta”.

Sin embargo, estas bicicletas tienen una característica que las hace especiales. Sus uniones, es decir, donde se conectan el manubrio, el tenedor, la silla y el plato, son hechas en fibra de marihuana. De ahí que el color amarillo característico de toda la máquina sea más oscuro en estas partes. Esta fibra, denominada científicamente Cannabis sativa, es conocida por la mayoría de las personas como cáñamo.

“Empezamos en medio de un frío terrible en Alaska. Allí no hay nada, estábamos muy, pero muy arriba. Los primeros 800 kilómetros lo único que se veía era un bello paisaje y moscas. Mi pierna está llena de picaduras. Además, no éramos ciclistas. No obstante, después de dos semanas estábamos muy picados, pero bien de salud y decidimos continuar”, explica Roodenburg.

Aquel 4 de julio empezó “Cycle for Water”, nombre que adoptó la travesía y la campaña por el agua. Josst Notenboom recuerda que, aparte de afrontar un reto físico, tenían otro de carácter mecánico que fueron solucionando con el tiempo. “Antes de este viaje lo máximo que habíamos pedaleado eran 10 kilómetros y no sabíamos cómo arreglar una llanta, lo que en Colombia denominan pinchar. Ya lo sé hacer muy bien”.

Respecto al objetivo de su viaje, en Guatemala encontraron un municipio donde las personas tenían que trasladar el agua potable en circunstancias muy adversas por las condiciones del terreno y por el peso del líquido. Con su asesoría, que cuenta con el patrocinio de la firma KPMG, se hicieron los trabajos respectivos y se solucionó el problema.

Josst Notenboom también hace énfasis en otro caso. “Un buen ejemplo de desarrollo sostenible, de gente que no tiene agua pero está trabajando en tenerla, la encontramos en Managua, capital de Nicaragua. Hay cerca de mil personas involucradas y funcionarios del Banco Mundial que quieren contribuir. Todo lo hecho está registrado en http://www.cycleforwater.com”.

De acuerdo con los holandeses, si bien es cierto que la pedaleada constituye un acto simbólico con resultados concretos en algunos países, el acceso al agua en el mundo es un problema de grandes magnitudes. Según las estadísticas que ellos manejan, en el mundo hay más de mil millones de personas sin acceso al líquido. “Cuando vivimos en Oriente Medio y África vimos muchos problemas al respecto”, asevera Roodenburg.

Según su explicación, visitaron un proyecto cerca a Santa Marta, en una zona bananera, y notaron que hay comunidades sin acceso a agua potable. “Necesitan filtros para que les llegue el líquido. Por eso también hablamos con empresas, escuelas, diferentes organismos, con el fin de que ayuden a estas personas”, agrega.

Los holandeses irán descendiendo hasta Ecuador y seguirán con el viaje. En la Patagonia (Argentina), calculan que estarán en enero de 2012. Finalmente, sostiene Roodenburg tras explicar que perdió a la novia que tenía —Notenboom es soltero—, se han trazado un objetivo una vez lleguen a la meta. “Tomar cerveza e ir a visitar a nuestras madres”.

Curiosidades en Colombia

Hace cerca de dos meses que estos europeos llegaron a Colombia. Lo primero que les impresionó, aseguran, fue la amabilidad de las personas a la hora de ofrecerles comida, bebida o dormida. No obstante, admiten con humor, se presentaron dificultades de ascenso por tanta montaña que hay en el país.

"Desde Alaska hasta Argentina son más de 30.000 kilómetros. Calculamos que hasta aquí, Colombia, llevamos unos 14.000 kilómetros. Hace un mes y medio llegamos a Cartagena, luego pasamos por Mompox, Bucaramanga, Medellín, Cali y ahora Bogotá y visitamos muchos proyectos de agua, al igual que en norteamérica", según Josst Notenboom.

Twitter: @AlfonsoRicoT

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