Perú: dilema presidencial

A cinco días de la cita en las urnas, cuatro candidatos mantienen un empate técnico.

Cuatro camiones fuertemente escoltados por carros de seguridad salieron del aeropuerto de Lima rumbo al Palacio de Gobierno bajo la estricta vigilancia de 600 policías antidisturbios. Luego de hacer su ingreso por la Plaza de Armas, con estrictas medidas de seguridad, destacamentos de diversas unidades de las Fuerzas Armadas y Policiales rindieron homenaje, en medio de una salva de cañones, a las 30 cajas que transportaban celosamente. “Bienvenido nuestro pasado”, dijo el presidente peruano, Alan García, luego de comprobar que las 400 piezas arqueológicas de Machu Picchu restituidas por la Universidad de Yale, luego de haberlas tenido durante casi 100 años, estaban seguras.

“Este es el punto de partida para algo más importante”, aseveró el mandatario, quien recordó la batalla diplomática que libró su nación para recuperar las casi 45.000 piezas que tenía esa universidad estadounidense. García habló del orgullo y la autoestima nacional, de las maravillas del mundo y también de lo que logran los peruanos cuando se unen y apoyan una misma causa, como la de escoger a su sucesor, el próximo domingo en las elecciones más apretadas de la historia del país andino. Pero en este tema, los peruanos están muy divididos.

Según las últimas encuestas, el candidato nacionalista Ollanta Humala es el único que tiene asegurado el paso a la segunda vuelta, con cerca del 30% de apoyo popular, mientras que el expresidente Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y el exministro Pedro Pablo Kuczynski se disputan cabeza a cabeza el segundo lugar, lo cual hace que ya se dé  por descontada la segunda vuelta, el próximo 5 de julio. “Esta situación se da porque durante la campaña no se habló de temas importantes como las relaciones con Bolivia y Estados Unidos, la inseguridad, el narcotráfico, las aspiraciones de Perú de posicionarse como plataforma de las inversiones asiáticas en el continente y la extrema pobreza en la que viven casi 10 millones de personas. Eso generó este ambiente de incertidumbre y miedo frente al futuro del país, que en los últimos años ha logrado cierta estabilidad económica y social”, explicó Pedro Balbi, analista de la Universidad de Lima.

Así lo describió el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa: “Veo con muchísima preocupación lo que puede ocurrir el 10 de abril, se pueden destruir diez años de buena racha”.

La segunda oportunidad de Toledo

Perú parece ser el país de las segundas oportunidades. Y de las sorpresas. Luego de meses de ser el claro favorito para ocupar de nuevo la presidencia (ya lo hizo entre 2001-2006), el expresidente Alejandro Toledo lucha contra tres candidatos más para lograr pasar a la segunda vuelta electoral. Su favoritismo se esfumó en apenas un mes. A pesar de la costosa campaña y del apoyo que tiene entre los empresarios, la clase política y la comunidad internacional, a Toledo se le atravesó Ollanta Humala.

Según analistas políticos de Perú, Toledo tiene una cosa muy importante a su favor: su primer gobierno, que aunque por momentos rozó el 8% de popularidad, puso el país en los primeros lugares de crecimiento económico. Armando Montenegro señaló en este diario que desde hace 10 años “Perú es el milagro económico de la región en lo que va del siglo XXI”.

Sin embargo, no ha podido desprenderse de esa imagen de excesos. Según versiones de prensa, en tiempos de Toledo era famoso el avión presidencial por las fiestas y la cantidad de licor que se repartía a los invitados. No haber reconocido a su hija Zaraí es otra de los errores que más caro le cobran los peruanos, eso sin mencionar los escándalos de corrupción de su esposa, Eliana Karp, quien según cables de Wikileaks manejaba a su antojo varios contratos del gobierno.

Toledo se defiende contando su historia de niño, aquella que sacudió a los peruanos en su primera presidencia. La de un niño condenado a la pobreza extrema que terminó estudiando en la Universidad de Stanford gracias a una pareja de estadounidenses que le ofrecieron una beca cuando trabajaban en los Cuerpos de Paz en Chimbote. Toledo se doctoró en economía de recursos humanos financiando su vida de estudiante latinoamericano jugando partidos de fútbol.

El fenómeno Humala

Ollanta Humala parece haber aprendido la lección. Cinco años después de caer en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú en 2006 a manos de Alan García, moderó su discurso izquierdista buscando alejarse del rótulo de candidato “antisistema” y de paso distanciarse del ideario chavista, al que tanto le temen sus compatriotas.

Esa transformación, que muchos comparan con la que tuvo Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, ha calado dentro del descontento de los peruanos, que piden a gritos un cambio del actual sistema económico, basado en el modelo de libre comercio, el rigor fiscal, la inversión extranjera  que, según dicen, ha “implantado la desigualdad”.

Esa es quizá la explicación de por qué la candidatura de este padre de dos hijas, que comenzó con un exiguo 8% en la intención de voto, se ha fortalecido hasta llegar al 26%. Y es que el programa de gobierno de Humala —bautizado “La gran transformación” y que está haciendo temblar al sector financiero y a los demás candidatos— tiene como bandera impulsar un nuevo modelo de desarrollo basado en una economía nacional de mercado abierta al mundo que permita una distribución de la riqueza más equitativa. De igual forma, promete transformar el Estado por medio de reformas constitucionales, luchar contra la corrupción y nacionalizar los recursos naturales del país.

Humala salió del anonimato en octubre de 2000 al protagonizar junto a su hermano Antauro y 50 reclutas más el levantamiento militar de Locumba, en el sur de Perú, que sirvió de antesala para la posterior renuncia y huida del presidente Alberto Fujimori.

Después de cinco años en el exterior, regresó a su país en 2005 con una sola idea en mente: ser presidente. Ahora tiene una nueva oportunidad. De momento su aspiración está encauzada, pero en el camino hay una serie de intereses económicos y políticos que amenazan con entorpecer su deseo, tal cual pasó en 2006.

El nuevo fujimorismo

Si Keiko Fujimori ganara la presidencia, ¿indultaría a su padre, Alberto Fujimori? La respuesta es “no” y a lo largo de la campaña la ha repetido tantas veces como se lo han preguntado. Eso no quiere decir que no sienta gratitud por los años en los que él fue presidente. Quizás, a juicio de la candidata, la justicia pudo haber estado politizada al condenar a su padre a 25 años por violaciones a los derechos humanos, pero de algo sí está convencida: “La estrategia antiterrorista de mi padre salvó al Perú de vivir la experiencia de Colombia”.

Esa fue la recia autoridad en la que la justicia vio abusos detrás de la supuesta aplicación de la ley. La recia autoridad que hoy Keiko Fujimori promueve en sus mitines, por supuesto libre de cualquier corrupción, autoritarismo, despotismo o cualquier otro “ismo” que pueda manchar su imagen. Su partido se llama Fuerza 2011 y la definición de la candidata es contundente: “La China de mano dura”, una administradora de empresas forjada en la Universidad de Boston.

Si en el pasado su padre fue capaz de derrotar el terrorismo, ella, dice, podrá derrotar la delincuencia. Además, no tendría compasión con los violadores de niños, contra quienes planea promover la pena de muerte y para los drogadictos no encuentra un lugar mejor de rehabilitación que el Ejército. Es el llamado “nuevo fujimorismo”, un movimiento y una candidata a la que las encuestas dan una intención de voto cercana al 20%.

Sus antecedentes electorales hasta ahora parecen favorecerla. Fujimori fue la candidata al Congreso más votada de 2006, aunque su huella parlamentaria resultara casi invisible posteriormente: mientras ejercía como diputada vinieron los embarazos de sus dos hijas y su nombre apareció entre la lista de funcionarios que menos asistían a las sesiones. Cuando se aproxima a cumplir 36 años, considera que es tiempo de regresar a la Casa de Gobierno, ya no como la hija de Alberto Fujimori, sino como la primera mandataria de Perú.

Exministro candidato

Pedro Pablo Kuczynski (foto), candidato del movimiento conservador Alianza por el Gran Cambio, tiene, según las encuestas, una intención de voto cercana al 18%. Con 72 años de edad, cuenta con estudios en política, filosofía y economía en la Universidad de Oxford, Reino Unido, y una maestría en economía realizada en la Universidad de Princeton de Estados Unidos. Su trayectoria es amplia tanto en el sector privado como en el público, en el que se ha desempeñado como ministro de Energía y Minas durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde (1980) y como ministro de Economía y Finanzas, cuando Alejandro Toledo alcanzó la presidencia en 2001. Los cables del Departamento de Estado de EE.UU. filtrados por Wikileaks lo describen como un aliado importante para las empresas mineras de Perú y para contener los movimientos políticos que se oponen a la explotación.

El legado de Alan García

El que concluye el próximo mes de julio es su segundo mandato. El presidente Alan García ya había gobernado Perú (1985-1990). Aquella primera vez los resultados no fueron buenos: dejó el país en una hiperinflación galopante y un aislamiento financiero de grandes proporciones. Esta vez, la historia es otra. García muestra hoy con orgullo el crecimiento económico de 8,7% logrado en 2010 como resultado de una tendencia al alza del Producto Interior Bruto (PIB) en los últimos 12 años. Durante su segundo mandato (2006-2011), García incentivó la apertura del mercado con varios acuerdos de libre comercio y promovió inversiones privadas que casi alcanzan los US$19.000 millones sólo en minería e hidrocarburos entre 2000 y 2009.

García agregó que “todo está asegurado para que el nuevo gobierno pueda continuar creciendo a tasas de entre el 9 y el 10%”. En el campo social, aunque se redujo la pobreza, el desempleo sigue siendo una cuenta pendiente.

Así está la intención de voto en Perú, clic aquí.