Perder no es ganar un poco

El equipo de Eduardo Lara entrena sabiendo que tiene la obligación de cumplir un gran papel en el torneo orbital, que arranca el próximo 29 de julio en el país.

“Yo voy, yo voy”, le gritó James Rodríguez a Michael Ortega. El delantero atlanticense lo contradijo: fue él quien se lanzó a buscar la pelota. Por lo general, un ejercicio en espacio reducido exige vehemencia, tensión, fuerza. El gesto de Ortega —un jugador pequeño pero temperamental— lo confirmó. Y, aún más, sintetizó el ambiente de la práctica matutina de la selección de Colombia, que continuó ayer en Bogotá su preparación hacia el Mundial Sub-20.

El gesto ofrece otras lecturas, desde luego. También tiene que ver con la presión que un grupo asume y asimila. Tras el pobre rendimiento en el Suramericano de Ecuador —una imagen todavía pesada al margen del título ganado en el último Esperanzas de Toulon—, el equipo de Eduardo Lara tiene pleno conocimiento de sus obligaciones. Y, en todo caso, de lo que sería imperdonable: una eliminación en primera ronda, por ejemplo. En medio de una convocatoria controvertida —fundamentalmente por las ausencias de Edwin Cardona y Andrés Escobar, y de los motivos que nunca se explicaron para ello—, los 21 elegidos lo entienden. Y tal vez muy íntimamente.

Después del trabajo en espacio reducido, los de Lara hicieron fútbol. El vallecaucano paró un equipo, presumiblemente el titular, de un lado: el arquero Cristian Bonilla; los defensas Santiago Arias, Pedro Franco, Jeison Murillo y Héctor Quiñones; los volantes José Adolfo Valencia, Didier Moreno, Juan David Cabezas, Ortega y Rodríguez, y Luis Fernando Muriel como único delantero. Un 4-2-3-1 que intentaba potenciar la salida por las bandas, sobre todo la de Quiñones, que buscó (y por momentos consiguió) asociarse con Ortega y Rodríguez. Por la derecha, Valencia desbordó y llegó hasta el fondo en varias ocasiones.

Una posible identidad de juego tendría que ver con eso: potencia pero también fluidez, verticalidad pero también calma y transiciones y pensamiento. La presencia de Rodríguez en el medio, como puente entre los otros volantes y la única referencia de ataque, equivale a eso. O al menos debería. El jugador del Porto tiene pausa, técnica y elegancia. Y también pases profundos, de esos que duelen y mortifican. Aun sin estar completamente adaptado (Rodríguez no pudo estar en la pretemporada que el equipo realizó en Tunja), su cambio de ritmo luce clave e importante para el equipo.

Abstraído, casi construyendo una introspección, Pedro Franco no se notó. Corrió, trabó, cerró, pero no gritó demasiado. El más seguro capitán del cuadro nacional edifica —día tras día, entrenamiento tras entrenamiento— una catedral de silencio. Ligeramente errático en los cabezazos (la selección practicó tiros de esquina y de costado), habla en las jugadas, en los choques. La procesión (o la espera) la vive por dentro.

“Hay nervios, es lógico, pero el equipo está tranquilo”, señaló Fabián Castillo, el delantero del Dallas F.C., de la MLS. La frase, su naturaleza aparentemente contradictoria, habla del peso de una responsabilidad y de la manera de llevarla. Para cumplir con ello, habrá que mejorar cosas, pareció decir después. “La tenencia de balón es fundamental y en eso hemos fallado”, reconoció. Castillo también sabe cómo llegarán los franceses, el equipo que Colombia enfrentará en el primer partido de su grupo, el 30 de julio en El Campín. “Vienen a jugar este partido como una revancha”, sentencia. Ya pasadas las respuestas más protocolarias, el delantero caleño se lanzó sin miedo: “el país espera que salgamos campeones”. Santiago Arias, el paisa que en la práctica jugó como lateral por la derecha, lo diría mejor. Al menos, a modo más personal, como asumiendo la voz del equipo. “Si estamos de locales, lo tenemos que hacer valer. La obligación es el título”.

 

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