Piden justicia para los 21 ángeles

Las familias de dos de los niños que perdieron la vida en el absurdo accidente siguen luchando para que el caso no quede impune.

Eran las 3:15 de la tarde, era un día como hoy en abril de 2004. La ruta 12 de un bus escolar del Colegio Agustiniano llevaba de regreso a los niños a sus casas por la Avenida Suba. Entonces ocurrió el absurdo: 40 toneladas de máquina cayeron sobre el bus. Primero fue el silencio, luego vino la desesperación, 21 de ellos murieron.

Sí, ese día la tragedia sacudió a la ciudad, el país entero se conmovió y se alcanzaron a escuchar muchas voces de indignación. Pero con el paso del tiempo el episodio empieza a perderse  en la memoria nacional y vuelve de repente en días como este, cuando se recuerda una de las peores tragedias recientes que ha vivido la ciudad a causa de la imprudencia. Siete años después, los familiares de dos de las víctimas insisten en que el caso sigue impune.

A pocos días del accidente era claro lo que había ocurrido. La máquina trituradora de cemento que cayó encima del bus no tenía permitido moverse por una vía con alta afluencia vehicular, tenía que ser transportada en una camabaja especial. También se pudo comprobar que no se avisó del traslado de ésta a los funcionarios  encargados y que Reynaldo Blanco, el conductor, carecía de cualquier pericia y que esa inexperiencia contribuyó al  trágico resultado. Desde hace siete años todos lo saben.

Pese a que desde entonces el mismo alcalde de la época, Luis Eduardo Garzón, culpó a al Consorcio Alianza Suba Tramo II por el accidente (contratista de Transmilenio fase II), hoy ninguno de los implicados ha sido judicializado por el accidente. Aunque  un juez en segunda instancia ordenó que Martín Rendón, director de la construcción; Antonio García, director de patios del Consorcio, y el conductor  de la máquina, Reynaldo Blanco, cumplieran una  condena de 30 meses de prisión excarcelables por homicidio doloso, ésta es la hora en la que no se ha hecho efectiva la sentencia.

Hace un año para esta misma época, el abogado Carlos Andrés Bernal, que entonces manejaba el caso en representación de dos familias víctima, manifestaba su preocupación porque el proceso prescribiría en julio de este año. Lo cierto es que ahora el temor de que la tragedia quede impune puede convertirse en realidad en tres meses cuando se cumplen cinco años desde la ejecutoria de la resolución de acusación.

Aunque 16 de los padres que perdieron a sus hijos en el accidente llegaron a un acuerdo después de múltiples audiencias de conciliación con el consorcio, Jairo Rueda Alfonso y Fernando Páramo, quienes se negaron desde el principio a recibir cualquier tipo de indemnización por parte del contratista, mantienen una lucha sin cansancio desde el momento de la tragedia para que los responsables reciban una pena justa para ellos.  José Manueldías Soto, el abogado que representa a Rueda y a Páramo insiste en que los implicados no pueden ser judicializados por homicidio doloso. A su criterio, a todas luces, se trata de un verdadero delito en el que se demostró la negligencia manifiesta  de los responsables. Su petición es que sean juzgados bajo la figura de dolo eventual por las 21 muertes, lo que en la práctica significaría ir a prisión de 13 a 25 años, si la Corte Suprema de Justicia llegara a admitir su tesis.

Hoy a las 3 p.m., justo en el lugar de la tragedia, algunos padres se reunirán para hacer una ofrenda simbólica, siete años después de haber despedido a sus hijos. A las 4 se realizará una misa en la capilla Emaus en la localidad de Suba. Según Fernando Páramo, la idea era realizar la misa en la capilla del colegio, pero sin ninguna explicación, los religiosos, dice el señor,  se negaron. “No entendemos por qué asumen esta posición con nosotros que somos las víctimas de lo sucedido”, agrega Páramo, quien afirma que esa reacción es paradójica en momentos en los que mantienen una millonaria demanda contra el Distrito por el accidente.

“Solamente dos familias decidimos después de la muerte de nuestros hijos, enfrentar un sistema judicial maltrecho y colmado de vericuetos a la espera de un resultado justo y ajustado a la verdad. Seguimos pendientes de eso que tanto estamos anhelando  para memoria de nuestros hijos fallecidos en la trágica tarde del 28 de Abril de 2004”, concluye.

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