Piden regular horarios para contenidos obscenos en la radio

Con esta petición no quiere, dice su autora, que se le imponga censura a la vulgaridad.

A pesar de que todos los días oigo canciones con letras que degradan a la mujer y comentaristas radiales que se solazan con chistes de doble sentido igualmente degradantes, no había escrito ni una sola nota de protesta para pedir respeto.

Al caer en cuenta de que no decir ni hacer nada era equivalente a permitir la falta de respeto a la que no me acostumbro, decidí hacer algo: el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, presenté un derecho de petición ante el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Pedí que se regulen los horarios en los cuales se transmiten ciertos contenidos.

Con esta petición no quiero que se le imponga censura a la vulgaridad. Allá los vulgares, si el libre desarrollo de la personalidad sólo les dio para eso. Yo lo que pido es que no le impongan su vulgaridad al resto del mundo y, sobre todo, que no nos hagan creer que la falta de respeto, que el trato denigrante de la mujer es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar.

Como madre tampoco quiero que mis hijos crezcan en un país donde la falta de respeto se considera aceptable. No quiero que crezcan oyendo en la radio canciones como “Eso en cuatro no se ve”. Insisto en señalar que no pido que se prohíban ciertos contenidos. Que en la radio, como en la televisión, después de las 10 de la noche cada quien oiga lo que quiera oír; pero que no pongan a todo un país, mujeres, hombres, niñas y niños, entre las 5 de la mañana y las 9 de la noche a escuchar “Que si linda, que si fea, por eso yo no me apuro / Que suelte el culo que to’ ta oscuro / Que si es flaquita o gordita tampoco me preocupa / Lo importante es que si chupa o no chupa”.

De acuerdo con esta canción, las mujeres no somos nada. No importa si somos atractivas, agraciadas, bonitas. Lo único importante es que podamos satisfacer los deseos de los hombres en cualquiera de los orificios de nuestros cuerpos. Para estos cantantes las mujeres no somos personas. Somos instrumentos, como lo es un carro o un televisor. Cuando una sociedad acepta que una persona sea usada como una cosa, esa sociedad ha perdido el respeto. Cuando una como mujer puede ser tratada como un utensilio de placer de los hombres, se acabó para nosotras la dignidad. Esto sería continuar reproduciendo una práctica social que degrada a la mujer.

Soy una mujer felizmente casada. En mi hogar hay amor y respeto. No soy santurrona ni morronga. Pero también soy una mujer digna capaz de decirle no a muchas cosas. En mi trabajo como ingeniera, recientemente no me tembló la voz para rechazar los mensajes de acoso de un interventor de una obra, una persona de poca cultura quien se dirigió a mí diciéndome “Quisiera ser su hijo porque los hijos piden teta”. Con la misma entereza pido una regulación que asegure el respeto de las mujeres. Pido que no se acepte el lenguaje denigrante con el que se expresa que un hombre puede tratar a una mujer como una cosa.